Aferrada

dfdfffdffMe gustaba llegar a su casa por la bañera.

Era una cárcel de loza blanca en dónde mi desenfreno encontraba eco.

Allí era feliz. O más bien, ahí me hacían feliz.

Podía saltar sobre sus piernas, penetrarme las veces que fuera necesario para apaciguar mis ganas y rugir como una leona en celo al momento de alcanzar el orgasmo.

Después sentir el aroma a tarde, para retozar entre sus piernas nuevamente.

Te acostumbras a un lugar, a una postura y a una persona, y todo lo demás te parece poco.

Hasta que te das cuenta que lo verdaderamente especial, era la bañera blanca de esa casa.

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