Acepto

Me pregunto si estaba dispueta a todo y sin vacilar le dije que sí. Durante el trayecto no hablamos mucho. Esa conversación y mi respuesta dejo mudo el ambiente. Nos hizo pensar a los dos y cada quién asumió sus pensamientos.

Cuando llegamos, me tomo de la mano y condujo a un segundo nivel, lleno de libros, botellas de licor y música. El desorden creaba un ambiente agradable, proclive a pensar en un sitio acogedor. Su cuarto estaba al fondo, lleno de luz natural, plantas que daban un toque diferente y verde al sitio.

Entonces, me beso por primera vez ese día. Esa sensación del primer beso tierno y cercano te baja cualquier duda que pudiera surgir. A mi me relajo tanto que cerre los ojos y comencé a volar junto con mi cuerpo.

Poco a poco me fue desnudando, sin apuro, con esmero y descubriendo cada parte de mi cuerpo, me proporcionaba mucha más certeza de lo que pretendía hacer. Durante un tiempo estuve parada sintiedo sus caricias y sus cuidados. Hasta que quede desnuda completamente, se retiro y me observo por espacio de unos minutos.

Mi cuerpo lucia más bonito con los rayos de sol y la sombra del sitio. Me vi reflejada en un espejo y me sentí trascender del cuerpo que habito. Su rostro denoto placer y sus ojos desnudaron su deseos. En mi interior, clamaba para que habitará aquel cuerpo que acababa de desnudar.

Volvió a tomarme de la mano y me condujo a la orilla contraria de la cabecera de la caman. Ahí me acomodo, al filo del abismo y me abrió las piernas para disfrutar lo más puro de mi intimidad. Esa visión que tuvo, me excito bastante. Mis pechos comenzaron a ponerse duros, mi boca seca y mis labios deseaban expresar lo que en ese momento estaba sintiendo.

Entonces, me di cuante que aún estaba vestido. Pero me disfrutaba con sus sentidos, yo lo disfrutaba con su gozo. Le quite lo que pude, pero el insistía en observarme. Pero el tiempo de contemplación tiene caducidad, si no se actúa pronto, el efecto primario generado, se pierde.

Me beso de nuevo y con paciencia fue recorriendo mi cuerpo desde los labios hasta mis pies. Se detuvo en cada lugar en donde se tenía que detener y me provoco descargas de adrenalina pura que hizo que mi cuerpo temblará y clamará por su ser. En mis pies, le puso especial atención a dos de mis dedos, lo cual era el descubrimiento propio más recordado de todo ese encuentro.

Claro que con el tiempo nos fusionamos y nos convertimos en carne y deseo. Pero ya no había necesidad, es que la razón se perdió desde el momento que me descubrió cada parte de mi cuerpo y me entregue de forma incondicional. El sexo después, solo sirvió para pasar el rato.

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