Planeación de los barrios. Parte III


Omar Marroquín Pacheco

Una política dirigida a favorecer la construcción de viviendas accesibles para todos, deberá
contar con normas que tiendan a reducir la especulación del uso del suelo.


Al poder edificar más viviendas en un barrio, su construcción tiende a costar menos ya que
podrá repetirse el costo del terreno y la infraestructura básica entre más unidades. Por esa
razón los departamentos tienden a ser más baratos que las casas, ya que se da un uso
intensivo del suelo.


Sin embargo en muchos barrios es frecuente que el aumento de la densidad sea mal vista
por los antiguos residentes, que ven modificarse la fisonomía barrial sin por lo general,
percibir mejoras en el equipamiento urbano y, además se sienten invadidos.


El problema se da cuando se fragmenta el barrio en subsectores, con poco contacto entre
sí. Un caso típico de fragmentación ocurre entre subsectores formales e informales, ya que
mientras los primeros se encuentran ordenados y regulados con normas, los informales al
contar solamente con acuerdos tácitos entre vecinos, según la demanda de espacio,
tenderán rápidamente a densificar y hacinarse.


Es importante diferenciar entre densificación y hacinamiento. Mientras densificación es
aumentar el volumen construido en la misma superficie del suelo, el hacinamiento consiste
en el aumento de la cantidad de gente viviendo en el mismo volumen construido. Cuando en
una casa habitan más de tres personas por cuarto, se dice que tienen hacinamiento crítico o
simplemente hacinamiento.


Mientras que la densificación permite abaratar los costos de urbanización, el hacinamiento
implica un costo sociol ambiental que afecta seriamente las condiciones de vida, estudio y
trabajo de quienes conviven en tales circunstancias.


Por otra parte los servicios urbanos, como educación, salud, transporte, responden a
políticas específicas del Estado. En la medida que los barrios estén organizados pueden
colaborar en el diseño e implementación de esas políticas, para lograr su provisión.
El acceso a escuelas, centros de salud, espacios verdes y el poder participar en su diseño y
planeamiento, hacen que la calidad de vida y a las posibilidades de progreso en los barrios
puedan llegar a realizarse.


Es de vital importancia que en los barrios los servicios sean repartidos por igual ya que esto
redunda en mayor entendimiento y posibilidades de desarrollo de estrategias conjuntas para
beneficio de todos.


Por el contrario cuando dichos servicios públicos o los existentes sean usados solamente
por grupos poblacionales determinados subsectores, puede reconocerse que el barrio
pierde su unidad y tiende a fragmentarse, reproduciendo brechas cada vez mayores entre
subsectores.

Cuándo un barrio es de difícil acceso, por falta de transporte público o por que es inseguro y
nadie quiere arriesgarse a transitarlo, tiende a segregarse o separarse del resto de la
ciudad. Ambos temas tanto la segregación como la fragmentación, tendrán consecuencias
muy importantes en el desarrollo barrial.


La ubicación del barrio en la ciudad, condiciona las posibilidades de progreso de sus
habitantes. Vivir en el centro de la ciudad puede significar estar más cerca de oportunidades
de empleo e ingresos, pero también dado los mayores costos de la tierra y la vivienda,
puede significar tener que vivir en una vía o en un asentamiento informal.


Los asentamientos informales por lo general presentan malas condiciones de vida y están
sometidos a la posibilidad de un desalojo forzado. Al contrario vivir en la periferia ofrece la
ventaja de conseguir terrenos más baratos, pero muchas veces es difícil acceder a servicios
sociales básicos como escuelas o centros de salud, calles pavimentadas y redes de agua
potable, lo que obliga a invertir más recursos en pozos, gastar más en transporte y emplear
más tiempo viajando distancias prolongadas.


Con la segmentación y la fragmentación crecen los prejuicios, temores y malestares tanto
en las áreas centrales como en la periferia, levantando muros invisibles que dividen al barrio
e impiden imaginar que todos los habitantes, más allá de sus diferencias, puedan dialogar
sobre sus problemas comunes y su visión y expectativas a futuro.


Los sectores barriales pueden funcionar como entidades autónomas, separadas y aisladas,
especies de mini barrios, confinando a sus habitantes a un espacio muy limitado; o por el
contrario, pueden articularse y complementarse como piezas de un rompecabezas que sólo
en conjunto crea identidad.


Tal identidad se manifiesta en la resolución efectiva de problemas concretos. Por ejemplo la
inseguridad, las inundaciones, la falta de escuelas o centros de salud, el agua contaminada
por malos servicios sanitarios, entre otras muchas cuestiones, constituyen buenas causas
para reunir a los vecinos a trabajar en forma conjunta.


El accionar colectivo tiende a resolver los problemas en forma más efectiva que la acción
individual. A mayor heterogeneidad social dentro de un barrio, existen mayores
posibilidades de progreso entre vecinos, a trabajar las dificultades en forma conjunta, si
existen los canales de diálogo adecuados y la cultura de tolerancia y convivencia para
sostenerlo, cuando las barreras de la ignorancia mutua son superadas a partir de la
participación, se encuentran soluciones que benefician a todos.


El disponer de tipologías de barrios populares es relevante, en tanto ayuda identificar sus
problemas y oportunidades más importantes. Una síntesis de tipos posibles de barrios
populares combina por una parte su localización y por la otra parte, sus características más
relevantes de densidades, usos del suelo, etc.


Éstas tipologías barriales presentan distintas situaciones de segregación y fragmentación,
condicionadas por su inserción en la ciudad y resultado de sus características socio
territoriales particulares.

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