Narcotizados por fanatismos religiosos

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Ahora ya sabemos que el alma es el cuerpo y el cuerpo el alma. Nos dicen que son diferentes porque quieren persuadirnos de que podemos quedarnos con nuestras almas si los dejamos esclavizar nuestros cuerpos.

George Bernard Shaw

Se viven tiempos inquietantes, poco promisorios para las nuevas generaciones y quizás no sea algo nuevo, sin embargo, ser conscientes de lo que sucede, reflexionar sobre la distopía que se vive en países como Guatemala, para algunos encontrar refugio y consuelo en la religión, en la idea antropomórfica y ocasionalista de Dios es la solución.

La esperanza es un buen desayuno, decía Francis Bacon, pero también una mala cena, de modo que la espera sin respuesta, sin la posibilidad de solución a los problemas existenciales, resulta ser nada satisfactorio para la razón. Pese a ello, refugiarse en un ser todo poderoso, en la palabra de profetas de la fe, resulta ser más cómodo que convertirse en factor de cambio de las adversidades y luchar, por iniciativa propia, por un mejor futuro, máxime cuando las condiciones existenciales son desfavorables.

Dentro de la modernidad líquida, Sigmund Bauman afirma que está marcada por la inseguridad, por la incertidumbre y, dentro del capitalismo, la miseria para muchos y la desesperante angustia que representa el cómo subsistir en un mundo, en donde el ser humano se convierte en depredador de su semejante y lo conduce a buscar evasores existenciales como lo es la religión.

¿Cómo manejar las emociones ante la adversidad, ante la aflicción que causa el quedar desempleado, el darle de comer a la familia, enfrentar una enfermedad o el dolor que provoca el perder a un ser querido? Buscar respuestas irracionales ante problemas reales no debería ser la solución. No obstante, la mayoría busca refugio en un ser cuyas posibilidades todas les son posibles, pues eso les da fortaleza a tales vicisitudes que se les presentan en la vida, aunque los problemas permanezcan y no sean resueltos.

Lo racional, que identifica esencialmente a lo humano, o debería serlo, no obstante, entra en desuso, siendo sustituido por lo emocional, exaltado muchas veces hasta el fanatismo. Así, creer es más sencillo que conocer, seguir que buscar, orar que transformar. ¿Qué intensidades, qué punto de sinsentido o pre-sentido le da vuelta a todo? ¿Qué caudal de fuerzas obra en tal locura inolvidable, en tal absurdo sagrado, donde la gente se vuelve loca por el Reino de Dios?, pregunta Gianni Vattimo.

Dentro de tal argumentación, Dios proveerá si se le pide. Pero ¿qué ocurre con los desafortunados, aquellos que, a pesar de hacerlo, no obtienen ninguna respuesta satisfactoria a sus peticiones? En ese caso, para los creyentes, es porque se les tiene reservado una mejor vida en un mundo mejor, pues todo lo que sucede corresponde al plan divino.

Narcotizados por esos criterios, muchas personas adormecen sus conciencias y responden con oraciones ante las amenazas, la vulnerabilidad, el riesgo, el peligro y a las catástrofes a las que se enfrentan o que los aquejan y, en muchos casos, con pasividad ante los males causados incluso por los mismos seres humanos en su afán de satisfacer sus deseos personales.

Qué razones pueden esgrimir aquellos que consideran que sus peticiones fueron escuchadas, pero al mismo tiempo se dan cuenta de la desgracia de otros, a los que sus pedidos no les fueron concedidos. Por qué para unos hay respuesta mientras otros no las tienen. Será que es un misterio irresoluble que escapa al entendimiento humano o más bien constituye razón suficiente de que ahí no está la respuesta.

Para un creyente no es cuestión de racionalidad sino de fe, dado que el buen juicio, más bien la razón, y con esta la inteligencia, no proporciona muchas veces soluciones y resultados inmediatos a los problemas que se presentan, mientras que los dogmas de fe, al sumergirlos en ilusorios estados de satisfacción, sí lo hacen. Para estos, la esperanza de que, a partir de sus creencias, habrá algo mejor, constituye la respuesta.

Al margen de tomar conciencia de ello, estas personas se sitúan dentro de un determinismo que se establece a partir de la voluntad de su Dios, pues para todo, él sabrá lo que hace y lo que tiene destinado para cada persona. Dentro de esta concepción de la realidad y de la existencia humana en donde es Dios el que decide todo ¿qué les queda a estos por hacer? El margen de acción es pobre, mas no el conformismo de sus creencias.

Los dioses son criaturas de la imaginación, decía Feuerbach, pero de una imaginación encendida por la sensación del hombre a su dependencia, de sus aflicciones y de su egoísmo; son criaturas no solamente de la imaginación sino también de la emoción, especialmente de las emociones de la esperanza y del miedo. El oscilar entre el egoísmo, el miedo y la esperanza para unos, los hace acudir a Dios como respuesta, otros, en cambio, utilizan tales condiciones para sacar provecho, configurando un dios a su medida, severo, intolerante y con vocación empresarial.

El entendimiento y el buen juicio pueden luchar en contra del miedo y vencerlo, lo que han comprendido muy bien aquellos que, a lo largo de la historia, a través de la explotación del otro, se han convertido en la clase dominante y para mantener su estatus y privilegios fomentan el conformismo, la ignorancia, las creencias, las mentiras, las sombras, sobre la búsqueda, el saber, el conocimiento, la realidad, la verdad y la luz. Con relación a eso, Erich Fromm señala, Dios es siempre el aliado de los dominadores. Cuando estos últimos, que siempre son personalidades reales, se ven expuestos a la crítica pueden apoyarse en Dios, quien, en virtud de su irrealidad, se limita a desdeñar la crítica y con su autoridad confirma la autoridad de la clase dominante.

Pero, es sinónimo de pasividad la aceptación de los dogmas de fe, adormecen las conciencias tales creencias. Precisamente por ello Karl Marx decía que la religión es el opio de los pueblos” por lo que es utilizada como instrumento de dominación ideológico. En sociedades en donde se fomenta la ignorancia, en donde no se activan ni se incentivan las inquietudes de búsqueda racional a las interrogantes e inquietudes humanas, lo mágico-religioso esparce sus creencias y verdades reveladas, se filtran en las mentes y hunden sus raíces para adormecerlas. Con relación a eso, Horkheimer dice, el mejor servicio que puede rendir la razón es la liberación de creencias supersticiosas, en poderes malignos, en demonios y hadas, en el destino ciego -en una palabra, la emancipación del miedo– .

Las limitantes que confiere el creer que todo es producto de la voluntad divina, conducen al ocasionalismo, concepción en la que se afirma que las sustancias creadas no pueden ser causas eficientes de eventos y, dado que, dentro de esta concepción, los seres humanos son creaciones de Dios, todos los eventos se consideran causados directamente por este, la voluntad humana, por consecuencia, está de más y cobra fuerza la espera, la esperanza y quizás con estas el conformismo, la indolencia, la pasividad.

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