Miguel Asturias, profeta en otras tierras

Por Randy Saborit Mora Anette Jiménez Marata

Al escritor guatemalteco Miguel Ángel Asturias (1899-1974) le ajusta el refrán de «nadie es profeta en su propia tierra», a juzgar por la poca difusión de su obra en este país 40 años después de su muerte.

«Galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1967, Asturias es el guatemalteco más universal, apreciado, valorado y querido en todo el mundo, sin embargo, en Guatemala nos cuesta mucho valorarlo, quererlo, disfrutarlo», comentó Sandino Asturias, nieto del también periodista y diplomático.

«La novela El señor presidente representa la vanguardia de los escritores que luchaban contra las dictaduras que existían en América Latina», afirmó Sandino durante un homenaje a su abuelo celebrado en el capitalino Instituto Italiano de Cultura.

Publicada en México, en 1946, esa es su obra más conocida, la cual alude a la dictadura que sufrió Guatemala bajo el régimen de Manuel Estrada de 1898 a 1920.

Aunque el nombre de Estrada no aparece en el texto, sí hay muchos guiños que remiten a él.

El director de F&G Editores, Raúl Figueroa, advirtió que no es casualidad que Asturias sea prácticamente desconocido en Guatemala porque estudiarlo es saber del país.

«En la medida que conozcamos más el país, nos enfrentaremos al compromiso de cambiarlo», subrayó Figueroa, quien está a cargo de la edición de 14 volúmenes (cinco ya impresos) que reúnen las obras completas del insigne autor.

«En su escritura empieza a alquimizar tentaciones con seducciones, misterios y líneas incandescentes que uno cuando vuelve a leer dice: ¿cómo puede ser posible que un ser humano pueda escribir tan perfectamente?», destacó el periodista y editor José Luis Perdomo.

En la legendaria universidad de La Sorbona, en París, Asturias hizo a un lado la sociología y tomó la sabia decisión de estudiar las religiones de la América precolombina y ponerse al día con el ritual sagrado de traducir el Popol Vuh, lo cual —en su opinión— lo convirtió en más poeta y narrador.

«No sustituir las cosas por palabras. Buscar las palabras-seres. Y los problemas del hombre, por añadidura. La evasión es imposible. Sus problemas. Un continente que habla», enunció Asturias en su discurso, al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1967.

Buena parte de sus 74 años los vivió fuera del país, pues sufrió exilio por su forma de pensar.

Fallecido en Madrid, España, el 9 de junio de 1974, Asturias dejó un legado importante a las letras latinoamericanas y fue uno de los escritores que advirtió sobre la importancia de las culturas indígenas, especialmente las de Guatemala.

*Tomado del libro: Guatemala a segunda vista. Esencias culturales (Ocean Sur, 2020).

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