Los que escogieron la vía de la inteligencia

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Saber mucho no es lo mismo que ser inteligente. La inteligencia no es sólo información, sino también juicio, la manera en que se recoge y maneja la información.

Carl Sagan

Soberbio, irreverente, inclemente, cruel, predispuesto a los excesos, el ser humano se yergue como el gran dominador de la naturaleza y, con ello, muestra su irrespeto hacia el planeta en el que habita. Contaminación de aguas, de ambiente, depredación irracional de fauna y flora, irrespeto a la vida tienen un denominador común, el Hombre.

Pero, porqué la especie que se precia de ser sustancialmente más racional que el resto de los animales, actúa tan torpemente, demeritando su condición reflexiva, poniendo en entredicho lo que tiene de especial, el desarrollo de su intelecto. Pese a adentrarse en el futuro, a especular y prever acontecimientos que le pueden afectar, le importa muy poco que, con su proceder, esté acabando con todo y, ello también, con su futuro como especie.

El élan vital,  señalaba Bergson, se bifurcó, trazó dos vías de desarrollo, la del instinto y la de la inteligencia. Carriles que marcaron el desarrollo y proliferación de la vida y con esta, la del ser humano. Claro está que estos recorrieron el camino ascendente de la evolución, a través del fortalecimiento de la razón y, con ello, se constituyeron en seres de innumerables potencialidades y posibilidades.

Pero algunos, separándose de la naturaleza, olvidando su origen, sin importarles el lugar en el que habitan, han hecho uso irresponsable del agua, del aire y de la tierra para garantizar su riqueza y excesos. Y es así como el capitalismo ha vendido la idea de que el individuo es libre, incuestionablemente, por lo que el Estado solo debe existir para garantizar el ejercicio de su libertad y su seguridad. Se les olvida que la libertad no puede separarse del criterio de responsabilidad y es ahí en donde comienza sus límites.

El progreso es señal del fin de lo viejo por lo nuevo y es comprensible, ya que lo nuevo irrumpe muchas veces eliminando los anteriores mecanismos de existencia, de valores, desapareciendo el esquema anterior. No obstante, la dialéctica señala, en su ley de la negación de la negación, que lo emerge no necesariamente aniquila a lo viejo, en este caso lo que le sirve al progreso, al nuevo modelo que se instaura, deberá permanecer. Pero ¿cómo debe entenderse el progreso?

Hay que resaltar que todo progreso tiene su costo, sin embargo, si lo nuevo por venir es más perjudicial que el estado anterior, ¿debe ser considerado como avance? Por ejemplo, en el caso de la contaminación del planeta, en la destrucción del medio ambiente, que sin duda traerá consigo la destrucción de la vida, ¿es justificable la industrialización sin límites, dado el confort que le representa para algunos?

El progreso no puede ser un término subjetivo, lo sería si no estuviera de por medio el resguardo de la convivencia en sociedad para el bien individual. Por lo que debe entenderse el progreso como todo aquello que esté o vaya en provecho de la humanidad y, desde luego, del hábitat en donde se desenvuelve. Y al privilegiar la vida, progreso ya no sería una declaración antropocéntrica sino biocéntrica y, por consiguiente, en resguardo de los seres vivos.

Privilegiar la vida se vuelve una actitud compleja para el ser que resulta el gran dominador, el que no solo se alimenta de cualquier ser vivo sino, también, disfruta con aniquilarlo. El sentirse libre y no ser responsable de lo actuado es lo que lo conduce a los excesos. Pero, bajo qué circunstancias sucede eso, sin duda que dentro de los sistemas en donde impera la estratificación social y el valor se tasa en función del tener, del dinero.

De ahí que puede más el que tiene más y la muerte de millones de personas en el mundo, el exterminio de animales, su uso inescrupuloso, la contaminación de ríos y mares, es justificado e invisibilizado,  queda oculto tras la noción de progreso. Sistemas en donde la brecha entre ricos y pobres se hace cada vez más grande, el privilegiado se siente con el derecho de hacer lo que le plazca, aún en detrimento del planeta. Decía Juan Jacobo Rousseau: La igualdad en la riqueza debe consistir en que ningún ciudadano sea tan opulento que pueda comprar a otro, ni ninguno tan pobre que se vea precisado a venderse, más tarde Karl Marx diría solamente en una sociedad sin clases el ser humano adquiere su verdadero valor de humano.

Así, algunos de los que escogieron la vía racional, al ser conscientes de su poder, paradójicamente, cada vez se comportan más irracionalmente y es que recurren a la racionalidad instrumental. Es así como un individuo armado con razón puede actuar con pasión desmedida y es que la emotividad puede tomar el control de la racionalidad y con ello, cometer los delitos más perversos.

Se diría que, con los sentimientos, los seres humanos se vuelven más apacibles, menos agresivos, no obstante, los sentimientos oscilan en dos direcciones diametralmente opuestas, el amor y el odio, la serenidad y la ira, la solidaridad y el egoísmo, la templanza y los excesos, siendo la racionalidad la llamada a poner freno a esos impulsos, no obstante, los dirige tanto para hacer el bien como para el mal.

La inmediatez, el individualismo, la miopía hacia los otros y los demás, el deseo desmedido de tener, lo hace menospreciar a todo aquello que no les sirva a sus intereses. Pero ¿en qué sistema las personas se vuelven enemigas, unidas tan solo por sus intereses y el miedo a perder su pertenecías? ¿Cómo es que la sociedad pervierte al ser humano? De conformidad con los valores que les impone y son enseñados y aprendidos,  como lo señalara Rousseau en su momento, es cuando se les presta mayor valor a las cosas y no a las personas.

En la actualidad, se sabe que es el capitalismo el que asegura ser el único sistema que generara riqueza, el que postula la libertad individual por encima de todas las cosas, el que cosifica a las personas, el que incuba egoísmos, el que pervierte a los seres humanos; en fin, es el modelo económico en donde los valores humanos pierden su dimensión solidaria para convertirse en escarnio, en arrogancia y deshonestidad.

Así, para los defensores de la libre empresa, solo se requiere del emprendimiento y de la voluntad para lograr lo deseado, mover montañas, salir de la pobreza, ser alguien. Ese sistema basa su éxito en el único incentivo para la superación, el lucro; según ellos, es ese sentimiento el que lleva a millones de personas a soñar con lo impensable, a luchar por un mejor futuro, sin embargo, también conduce a sacrificar la dignidad y, de igual forma, a traficar con las voluntades de otros, incluso la propia para la obtención de riqueza.

Es en el aprendizaje de valores, según sea la circunstancia, el sistema económico de la sociedad en la que se viva, como lo señalara Marx, con sus costumbres, tradiciones y valores, es decir, el lugar en donde se desenvuelva cada individuo, en el que éste tiene más posibilidades de convertirse en destructor de vida o en un ser respetuoso de esta.  

Consolidarse como un ser perverso, egoísta, lleno de excesos, o altruista, solidario, en el que su bienestar dependa también del de los otros y la armonía en sociedad, sea fundamental para su desarrollo, así como sus logros, correspondan a los valores y esfuerzo que ostente. Los que escogieron la vía racional actúan más irracionalmente que aquellos que escogieron el instinto, sin embargo, es importante devolverle a la racionalidad su verdadera función y su finalidad ética dentro del comportamiento humano que en nada tiene que ver, con el pragmatismo utilitario, que postula el capitalismo.

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