La política no es un asunto judicial

Miguel Ángel Sandoval

Hace unos años escribí un libro con un título que podía verse como provocador al debate o premonitorio sobre el futuro del país. El título del libro fue “Recuperar la política o perder el país”. En el mismo se hacía un análisis sobre lo acontecido luego de la plaza en 2015 y la manera en que las perspectivas del país se encontraban en disputa. No era nada seguro que triunfara la justicia o la lucha contra la corrupción y decía en las notas introductorias, “aún es posible una reacción termidoriana” (conservadora).

Hoy está instalada en el país esa reacción conservadora y por ello se hace el planteamiento que en estas condiciones el país está ante una disyuntiva: Democracia o Barbarie. En los dos casos se hace referencia a temas ocurridos o acuñados en Europa de las revoluciones triunfantes o derrotadas, pero que tienen una fuerte influencia en lo que ocurre en nuestro país hoy día. En un caso es la Revolución Francesa de 1789, en el otro, la revolución alemana de 1918.

Con la idea de recuperar la política, se hacía referencia en primera instancia, a la reforma que de forma obligada tenía que producirse en la ley electoral y de partidos políticos, en donde el primero de los cambios o ajustes, era el de dividir las funciones electorales de las jurisdiccionales. Esto es, separar la organización de las elecciones y el proceso de contar los votos, inscribir partidos, etc., y de otro lado, los temas que pudieran tener naturaleza judicial para no convertir el tema electoral en una instancia judicial. Se imponía la desjudicialización de la política. Ese era el sentido profundo del proceso para recuperar la política o en su defecto, perder el país. En otros términos, perder la democracia.

Es por no haber visto y actuado en dirección a la recuperación de la política, que hoy nos encontramos en la disyuntiva señalada. Democracia o Barbarie. Pues eso y no otra cosa se expresa en la anulación de varias candidaturas con pretextos fútiles, que en verdad no contribuyen al fortalecimiento de la democracia y nos colocan ante la barbarie como escenario. Todo, hablando en términos políticos, no judiciales, menos con cargas emocionales, sino con análisis. Me heredero a la exclusión de Roberto Arzú, Telma Cabrera, Pineda, Aldo Dávila, Foppa, etc.

El proceso político, con la democracia a la tortrix que tenemos en nuestro país, ha derivado en un proceso judicializado, en donde no son los programas políticos o la ideología de los partidos lo que cuenta, sino las “faltas” o los hallazgos en la actividad partidaria, como si fuera un estudio de Contraloría y no un proceso político. Es bien cierto que los partidos no hacen lo que corresponde, que muchas veces han convertido a los partidos en fuente de negocios no en una expresión de la democracia que, por la vía de sus instituciones, en este caso los partidos, le dan razón de ser al más imperfecto de los sistemas políticos como es la democracia (así la definía Churchill).

Es por ello que de nuevo es necesario plantear que tenemos que recuperar la política o perder la democracia. Pues no es posible que los magistrados del tribunal electoral se regodeen con la idea de cancelar a su sabor y antojo a los partidos cuando se les ocurre, y que la sociedad no diga nada de ese comportamiento realmente anómalo e indeseable. Mas grave aún, que los expedientes por las Faltas o fallas o hallazgos en los partidos, se trasladen a las cortes sean del tipo que sean, o peor todavía, que se inicien procesos de investigación en el MP.

Si pensamos en la democracia de los EEUU, las faltas, hallazgos o lo que sea, se ventilan de manera política y los costos, si los hay, son políticos y se expresan en las urnas. No hay tribunal que quite a unos y a otros. Imaginemos a Trump eliminado del proceso electoral, o a Kennedy o a quien sea, y nos percatamos que no hay nada parecido a eso.  Pues no es la función de las instituciones encargadas de los procesos electorales. Los únicos jueces son los ciudadanos que se pronuncian en las urnas n o con procesos amañados, espurios.

En verdad, solo en la democracia a la tortrix que tenemos, que esto es posible. Si esto ocurriera en otros países, la democracia como sistema hace rato que se hubiera mandado al bote de la basura. Entiéndase: la política no es asunto de jueces menos de fiscales, los magistrados del tribunal electoral tienen otras funciones y no precisamente judiciales. Seguir así, es pervertir la política, y, sobre todo, destrozar la democracia.  

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