Hasta que truene o reviente

Miguel Ángel Sandoval

Hay muchas formas de tratar de definir la situación que se vive en las últimas 24 horas en la coyuntura nacional, luego del nuevo asalto del MP al TSE. Me gusta una: se trancó el dominó. Una situación en donde aparentemente no hay salida, al menos una fácil. Digo esto pues varios actores centrales brillan por su ausencia. La presidencia con un comunicado insulso, intenta sacar el cuerpo y sus responsabilidades, la CC obligada a actuar que no sale de la mudez. Todos los partidos políticos que se alzan de hombros como si los ataques a la democracia no les afectaran. El resto del sistema judicial que mira hacia otro lado.

Mientras a nivel mundial todos miran con inquietud lo que está ocurriendo en este pequeño país, en espacial desde los EEUU, que, a diferencia de otras ocasiones en la historia de las relaciones con nuestro país, ahora se muestra indignado por las violaciones al proceso electoral.  Pero a lo interno y, en sus fuerzas políticas e instituciones, es un momento en donde cada una de las expresiones que están en el terreno, necesitan hacer un balance de sus fuerzas reales y potenciales, así como posibles alianzas, aun si estas no son del agrado pleno de quien las establece.

Cada uno de los actores tiene lo suyo. De un lado está el oficialismo que puede contar con el control de las instituciones más reconocidas, aunque no pueda hacerlo a total voluntad, pues existe un factor que no puede controlar y es el tiempo, especialmente el tiempo político. Y está el MP que no puede contar con un gramo de legitimidad, pues en verdad está tratando de mover en su favor algo que no conoce ni entiende. Y esto es la correlación de fuerzas en términos políticos.

Mientras que, de parte del binomio electo Bernardo Arévalo y Karin Herrera y su partido, hay en su favor la nada despreciable suma de dos millones y medio de votos, el apoyo de largas franjas ciudadanas, el apoyo internacional, y el hartazgo hacia la clase política y deterioro de las instituciones. Pero no controla ninguna institución, y su fuerza no puede ejercerla a voluntad, sino tiene que estar mediada por sus acciones y, sobre todo, si estas tienen aceptación ciudadana.

Tiene eso sí, el tiempo a su favor. Todo apunta hacia el 14 de enero, en donde termina el actual gobierno e inicia el de Arévalo y Semilla. Mientras tanto, el grupo del continuismo y de la impunidad, tienen que luchar contra el tiempo que con toda seguridad no les debe alcanzar para culminar sus propósitos. Pero no solo es lucha contra el tiempo que se les agota, es tratar de vender como buenas, medidas que son ilegales, espurias, antidemocráticas. Y la sensibilidad nacional se encuentra en dirección contraria a esos propósitos.

Y existe en este tinglado, el rol de la CC que aun cuando se mantenga en una postura cómoda de observadora, e intente no enlodarse en esta coyuntura, tiene dos caminos: o se compromete con la democracia y respeta los votos y condena los despropósitos del MP, o se enfanga y se llena de porquería convalidando las acciones de claro tinte golpista.

Es un hecho que estamos ante un momento crucial de la vida democrática del país. Sabemos que el proceso esta siendo manoseado, que se pretende por todas las vías entramparlo o desconocerlo. No se trata de repetir lo obvio pero la ley electoral es constitucional y tiene preeminencia sobre todas las otras en periodo electoral que es donde nos encontramos.

Pero esos intentos, de desconocer el proceso y sus resultados,  son de los perdedores, que se atrincheran en el organismo legislativo, que tiene la calificación más baja por la ciudadanía, aunque si disponen de una clara cuota de poder, que, de ahora en adelante, será hacia la baja, pues está del lado de quienes fueron condenados por la ciudadanía cuando emitió su voto por una opción que consideraron la mejor, la que tenía propuestas anticorrupción y que se situaban en contra de la vieja política.

Existe otro nivel que no puede dejar de ser considerado. La sociedad guatemalteca que votó de manera masiva el 25J y el 20 A, está en actitud de observación, atenta, y dispuesta a atender los llamados a la movilización que deben de producirse en las próximas horas o días. Es un factor que puede definir el tema, aun si dos o tres organismos del estado siguen en el sueño de las gavetas.

La CC tiene que pronunciarse en las próximas 24 o 48 horas, cuando mucho, o será juzgada con dureza por la sociedad guatemalteca que está harta de tanta impunidad y de tanto atropello a la vida democrática. Que nadie se olvide que, en la destrucción de la legalidad democrática, se encuentra, en el país que sea, el germen de las dictaduras. Ya lo vivimos en nuestro país.

Facebook comentarios