Guatemala: ¿Zombis?

Por Kajkoj Máximo Ba Tiul

No hay peor actitud que el acomodamiento. El acomodamiento en política va acompañado de firmar acuerdos inútiles, que no tienen ninguna relación con lo que se quiere a futuro, porque nos lleva a tener la actitud de “peor es no tener nada”.

Esto nos acomoda y nos lleva a construir propuestas “políticas” a nuestra conveniencia. Planificar a conveniencia, nos mantiene en nuestro estado de confort. Nos facilitan las cosas, que desahogan por un tiempo. Aburguesa, aliena, enajena y hace perder la identidad política, social y cultural desde los pueblos. Y quienes asumen el campo político con esta actitud, se pueden convertir en los nuevos corruptos, convirtiendo a la corrupción como un “circulo vicioso”, en donde solo cambian los personajes.

Esta actitud pasiva de los movimientos sociales, sociedad civil, ciudadanía, que no quieren enterarse de los éxitos y fracasos de los gobiernos y sus funcionarios, permite la aparición no solo de nuevos corruptos, sino de nuevos corruptores e incluso de una nueva modalidad de dictadorzuelos, como lo que pasa en El Salvador; con Bukele, Argentina; con Milei y Ecuador; con Noboa, países con niveles de represión y opresión, favoreciendo la política norteamericana, y manteniendo el modelo económico de expoliación y extracción.

La pasividad de los grupos organizados y/o pueblos, permiten que algunos “que se hacen llamar representantes” de indígenas, campesinos, LGTBQ, Sociedad Civil, ONG, Cooperativas, mujeres, juventud, migrantes, etc., sean tomados cómo legítimos representantes, sabiendo que no lo son. De está legitimación, depende la mínima gobernabilidad que quiere para nuestros países, el imperialismo del “norte” o la Europa occidental. Y de ahí depende la vida de miles y miles de hombres y mujeres que viven en situaciones no humanas, como lo son la mayoría de indígenas en nuestros países.

De igual forma, movimientos y comunidades que se mantienen en su zona de confort, alimentan un grupo de liderazgo servil y oportunista, como pasa en nuestros países. Un liderazgo que hipócritamente habla en nombre de todos, cuando en realidad habla a título personal, y es legitimado por los grupos de poder y de quienes ostentan el poder. Un liderazgo, que en su momento criticó, como en nuestro medio a “indígenas permitidas” o “indígenas cooptados”, cuando ahora ocupan esos puestos que antes criticaron.

Un modelo de gobierno, que se mantienen sobre la base de estos “pseudos líderes”, se le olvida que el pluralismo, no debe ser de diente al labio. El pluralismo, implica reconocer que “aunque seamos todos pobres o extremadamente pobres”, somos diferentes. Que la igualdad, no significa meterlos a todos bajo el mismo rasero de “políticas públicas”. En realidades diversas como las nuestras, deben discutirse modelos diferentes y diferenciados. Los pueblos del norte no son iguales a los de occidente, los del oriente no son iguales a los del sur. Y en situaciones indígenas no se deben poner a todos en el mismo plato de la “conflictividad agraria”, como lo describen pseudos especialistas que siguen manteniendo el modelo de la “ladinización, la integración y la asimilación”.

En Guatemala, los 106 días de movilización indígena, no salieron solo “autoridades ancestrales”. Quienes mantuvieron las calles, fueron las comunidades más profundas y a quienes ahora, no se les ha consultado que es lo que quieren, que es lo que desean, que es lo que piden. Así como rápido se nos olvidó que “los golpistas siguen ahí”, también se nos olvidó “que los líderes y autoridades indígenas, no se mandan solas” y que “los académicos no son lideres y ni muchos menos benefactores de los pueblos”. La fuerza son las comunidades, y las comunidades no salieron a “defender la democracia burguesa”, salieron a establecer “contenidos mínimos de democracia”, pero para ir más allá de ella.

Esta forma de democracia que seguimos construyendo, está cada vez más alejada de las aspiraciones profundas de los pueblos y comunidades. Por ejemplo; cuando se plantea que “La democracia participativa necesita un sistema político plural, genuinamente representativo de los distintos sectores políticos y sociales y de los distintos pueblos que conforman nuestro país”[1], es una ficción, es una suerte de “engaña babosos”, decían nuestras abuelas. Es un invento de la modernidad, para callar el grito de los diferentes. “Te abro las puertas para que te sientas incluido”, es en este modelo, donde se alimentan los grupos de “indios e indias permitidas de todo linaje” y cómo dijimos en su momento “cada gobierno tiene sus propios indios”[2] y esta forma de gobernar, en vez de hacerle un bien a los pueblos, hacen daño.

Cuando los pueblos dicen; “superar la democracia”, van mucho más allá de los llamados “Estados Plurinacionales”. Porque, su radicalidad, está sujeto a “comunidades concretas”, las que se ubican en sus territorios, donde se toman decisiones con base en la fraternidad. La ética lo marca el modelo de “mandar obedeciendo” y “el común, se transforma en el bien del Komuun”. Cualquier decisión o acuerdos que se hacen en hoteles, salones de gobierno, secretarias, no son decisiones del “komuun”, son inventos de cualquier persona que dejó de pensarse miembro del “komuun”.

Cuando las decisiones comunitarias, sustituyan a la “democracia burguesa representativa y participativa”, desaparecerán los “individualismos”, de los representantes zombis que deambulan por los pasillos del palacio nacional.

Notas:

[1] SEGEPLAN, Política General de Gobierno, 2024-2028, Guatemala, 2024.

[2] Cuándo hablamos aquí de “indios permitidos”, no solo nos referimos a “indígenas” o “mayas” propiamente dicho, también hacemos referencia, a miembros de la comunidad LGTB, mujeres, feministas, religioso, jóvenes, etc.

Kajkoj Máximo Ba Tiul. Maya Poqomchi, antropólogo, filósofo, teólogo, investigador.

Rebelión

Facebook comentarios