Foto de familia

Publicado por @nsanzo

Como en las horas posteriores a un debate electoral, cuando los diferentes entornos dedican todos sus esfuerzos a hacer parecer que su representante ha infligido a su oponente una dura derrota dialéctica, Ucrania trata estos días de maquillar el resultado de la cumbre celebrada el pasado fin de semana en Suiza y que debía mostrar el apoyo global a la causa de Kiev y el rechazo del mundo civilizado a la actuación de la Federación Rusa. El esfuerzo de spinning, un actividad que Estados Unidos ha convertido en habitual de las campañas electorales, tiende a ser inversamente proporcional al resultado objetivo, algo que se cumple en este caso con un intento de Ucrania y parte de su prensa afín de exagerar el apoyo obtenido, mientras que otra parte de los medios muestran una visión mucho más fría sobre lo ocurrido en Bürgenstock, donde varios países mostraron públicamente su rechazo a que la otra parte de la guerra, Rusia, ni siquiera fuera invitada.

Como es natural, también Moscú trata de imponer su visión. “Si nos referimos, en general, a la efectividad de este encuentro, entonces, por supuesto, tiende a cero. Podemos hacer una valoración subjetiva u objetiva aquí, pero apenas podemos hablar de efectividad”, afirmó ayer Dmitry Peskov, jefe de prensa de Vladimir Putin. El presidente ruso había contraprogramado la cumbre presentando las exigencias rusas para una negociación con el claro objetivo de competir con la propuesta de 10 puntos de Zelensky. Sin embargo, la propuesta de Putin, cuidadosamente planificada para el día anterior al inicio de la cumbre, nunca iba a tener especial relevancia, ya que el contenido político de la cumbre estaba previsto para quedar tan limitado que incluso los países más afines a Rusia no pudieran desmarcarse de los resultados. Aun así, las palabras de Putin han molestado notablemente a Ucrania y sus socios.

Al contrario que el plan de paz del presidente ucraniano -que abiertamente exige de Rusia la capitulación completa, entrega de todo el territorio bajo su control, pago de reparaciones de guerra y sometimiento a un tribunal que juzgue únicamente la actuación rusa-, generalmente aceptado por la prensa y representantes occidentales como correcto, la propuesta rusa ha sido calificada de maximalista y criticada por exigir a Ucrania la rendición. Todo ello tras días en los que el entorno del presidente de Ucrania y de Andriy Ermak, arquitecto de la cumbre, ha luchado activamente por presentar cualquier ausencia en la cumbre como un sabotaje ruso. Kiev preparaba así el terreno para cantar victoria fuera cual fuera la asistencia, el nivel de representación de cada país y el resultado final.

“Zelensky invirtió demasiado en organizar esta cumbre, pero Moscú llevó a cabo tal campaña de perturbación y sabotaje, que el hecho de que hubiera 100 participantes se convirtió en una importante victoria diplomática para Ucrania”, ha insistido, por ejemplo Pavel K. Baev, investigador del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo, citado en medios como Eldiario.es. Este punto de vista, evidentemente alineado con el Gobierno ucraniano, prefiere no tener en cuenta que el intento ruso de deslegitimar la cumbre se ha limitado a criticar su contenido y el plan de paz de Zelensky y no a llamar a los diferentes países a no participar al tiempo que convenientemente olvida la importancia de los países que no acudieron, los que lo hicieron con una representación de bajo nivel diplomático o rechazaron firmar el comunicado final.

Incluso entre las posturas proucranianas, ha llamado la atención la de los países del Sur Global. Insistiendo en que  no hay una postura común en ese bloque de países, Baev ha querido ver el lado positivo. “Estos actores persiguen intereses locales muy diferentes y esenciales, y si India va en una dirección, Pakistán, por regla general, va en la dirección contraria”, explica utilizando un ejemplo que, en este caso, resulta poco convincente. Pakistán, a la sombra de China, no acudió a la cumbre a pesar de contar con un Gobierno claramente proestadounidense (frente al ejecutivo de Imran Jan, más dispuesto a la confrontación con Estados Unidos). India acudió con una representación discreta y, aunque participó, no firmó el comunicado final. Ninguno de los dos enemigos históricos apoyó a Ucrania, como no lo hicieron tampoco claros aliados de Estados Unidos como Arabia Saudí, cuyo Estado depende del paraguas de seguridad de Washington. Pero ningún argumento es lo suficientemente potente para que no exista una apertura a la esperanza. “Pero estos actores no hacen oídos sordos al argumento sobre la defensa de las normas internacionales, en particular, la integridad territorial. Esta es una oportunidad para Ucrania, y Zelensky se esfuerza por aprovecharla”, insiste Baev.

La mención a la integridad territorial es, quizá, el único elemento mínimamente comprometido del comunicado final, rebajado hasta limitarse a tres puntos de escaso contenido político y que, de ninguna manera, van a ser clave en el momento en el que se produzca, en un futuro incierto, una verdadera negociación entre las partes en conflicto. Pero incluso a pesar de limitarse a mencionar la seguridad nuclear y alimenticia y el retorno de prisioneros de guerra y civiles detenidos, una docena de países rechazó unirse al comunicado final. Es especialmente representativo que ni uno solo de los miembros de los BRICS se unieran la documento final, pero también que una docena de países optaran por no sumarse a un comunicado políticamente vacío, pero cuya firma iba a ser utilizada como prueba de abandono de las posturas prorrusas para adherirse a la posición ucraniana. Frente a esa situación, que no puede considerarse inesperada teniendo en cuenta las reticencias a apoyar a Ucrania que se han observado en los últimos meses en el Sur Global, principalmente a raíz del apoyo ucraniano a Israel, las voces proucranianas han respondido restando importancia al comunicado para centrarse en la imagen. “Por raro que parezca, para mí el texto es menos importante que la foto de familia”, afirma Baev, eligiendo, como acostumbra a hacer el Gobierno ucraniano, la imagen en lugar de con el contenido. En realidad, no hay nada extraño en que Kiev y sus aliados vayan a centrarse en la imagen y en la cantidad de países presentes en Suiza en lugar de ver una realidad que implica reproches por excluir a la otra parte de la guerra, llamamientos a una negociación y escasa adhesión del mundo más allá de Occidente incluso tras haber eliminado del documento todo punto mínimamente conflictivo.

“Las reticencias de los líderes mundiales pusieron de manifiesto el reto al que se enfrenta Ucrania a la hora de conseguir el apoyo de países no pertenecientes a Occidente, que o bien desean mantener sus lazos con Moscú o bien no ven la guerra de la misma manera. La conferencia puso de manifiesto que, mientras Kiev se esfuerza por frenar el avance de Rusia en el campo de batalla, sus esfuerzos diplomáticos se tambalean en la escena internacional», admite Bloomberg en un artículo en el que explícitamente afirma que “fracasa la apuesta ucraniana por el Sur Global”. Prueba de que la postura de esos países ha molestado a Ucrania el insulto dedicado a los dos que recientemente han publicado una propuesta de negociación. “Cuando Brasil y China se adhieran a los principios de todos los que estamos aquí, países civilizados, estaremos encantados de escuchar sus opiniones, aunque no coincidan con las de la mayoría del mundo”, afirmó Zelensky según cita Folha de Sao Paulo. Solo son países civilizados aquellos que están de acuerdo con Ucrania.

Sin el más mínimo apoyo de países como China o India, cualquier intento ucraniano de continuar defendiendo que “el mundo” está con Ucrania no es sino la repetición de lo ocurrido este fin de semana en Suiza, en el que ha quedado claro que existe un apoyo incondicional a Kiev por parte de Occidente y sus más fieles aliados, frente a un Sur Global que, aunque no puede considerarse prorruso, ha dejado claro que espera que se den pasos hacia la paz y no alinearse con la guerra. No es de extrañar así que Ucrania prefiera quedarse con la imagen de la foto de familia.

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