El fútbol argentino se planta contra Milei

Xabier Rodríguez /El Salto

En el tramo final de la campaña para las elecciones presidenciales argentinas, el candidato de La Libertado Avanza, Javier Milei, ha tropezado con un peligroso opositor. El pasado 10 de noviembre, el club Guillermo Brown de Puerto Madryn publicaba un comunicado en sus redes en el que decía: “En defensa de nuestra institución le decimos no a las sociedades anónimas. No a la privatización del fútbol que propone Javier Milei. Los clubes deben y tienen que seguir siendo asociaciones civiles sin fines de lucro”.

Antes habían publicado mensajes similares algunos directivos del fútbol y siguieron otros clubes como Boca, River, Independiente, Racing o San Lorenzo, los cinco grandes del fútbol argentino; también Newell’s y Central, los dos grandes de Rosario, clubes más pequeños como Platense, Atlanta o Chacarita y numerosos clubes de barrio de toda la Argentina.

En total, alrededor de cien instituciones deportivas mostraron su rechazo a la voluntad de Milei de convertir los clubes en sociedades anónimas, varias de ellas haciendo explícito su apoyo a Sergio Massa, candidato de Unión por la Patria en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales del próximo domingo. A este rechazo se sumaron, a título individual, dirigentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), campeones del mundo como Fillol, Olguín o Enrique y numerosos referentes del deporte argentino, entre los que figuran medallistas olímpicos y paralímpicos, boxeadores, tenistas o grandes maestros de ajedrez.

Las declaraciones de Milei pertenecían a una entrevista realizada en 2022, aunque el apoyo a las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) quedó nuevamente de manifiesto el pasado septiembre

Todo este movimiento, sin precedentes en otros procesos electorales, viene tras el revuelo provocado por un tweet publicado dos días antes por el periodista Ignacio Etchart, que recuperaba unas antiguas declaraciones de Milei en las que, preguntado por su modelo de fútbol, respondía: “A mí me gusta el modelo inglés. No les va mal. Tienen clubes que cotizan en bolsa y todo (…) ¡A vos qué carajo te importa de quién es el club si le ganás a River 5-0, campeón del mundo y todo! ¿O preferís seguir en esta miseria que tenemos, cada vez fútbol de peor calidad? ¿Cómo nos va cada vez que salimos afuera de la Argentina?”. En esas declaraciones, Milei olvidaba que, las últimas veces que la selección albiceleste había salido afuera, se había proclamado campeón de América y después se proclamaría campeón del Mundo. Olvidó también que, esos mismos futbolistas que llegaron a lo más alto en el último Mundial, empezaron sus carreras en clubes de barrio. Messi lo hizo en el club Grandoli de Rosario, De Paul en Deportivo Belgrano o Lautaro Martínez en Liniers de Bahía Blanca. Clubes con una importante vocación social y para los que quiere Milei propone “el modelo inglés”.

Las declaraciones de Milei pertenecían a una entrevista realizada en 2022, aunque el apoyo a las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) quedó nuevamente de manifiesto el pasado septiembre, en un artículo publicado por Guillermo Tofoni en El Cronista. Un artículo en el que defendía la dolarización de la economía nacional y declaraba que “son tiempos de cambios en Argentina y todo indica que Javier Milei sería el próximo presidente (…) Impulsado por el Congreso será una oportunidad única de crear una ley para el management de los Clubes con inversiones nacionales e internacionales, asignatura pendiente en el fútbol argentino”.

En una entrevista para el programa de radio Era por abajo, ante la pregunta de Alejandro Wall y la repregunta de Ezequiel Fernández Moores, Guillermo Tofoni reconoció que “podemos decir que soy el hombre de Milei en el fútbol”. Tofoni es también CEO de la empresa World Eleven, responsable de organizar partidos amistosos internacionales y que trabajó con la AFA fundamentalmente en los últimos años de Grondona como presidente, aunque actualmente tiene por resolver denuncias cruzadas entre su empresa y la AFA por fraude y blanqueo de dinero una y uso indebido de la marca la otra.

La sombra alargada de Macri

Este deseo de convertir los clubes de fútbol en SAD no es nuevo en el fútbol argentino, de hecho, ya se ha probado algún caso similar. En 1994 la AFA autorizó la venta del club Deportivo Mandiyú al diputado menemista Roberto Cruz. Este no tardó en hacer numerosas promesas extravagantes. Maradona llegó a Corrientes, pero como entrenador y llegó también el portero internacional Sergio Goycochea. Sin embargo, el proyecto no funcionó y terminó con un descenso de categoría primero, la desafiliación de la AFA después y finalmente, la desaparición de Mandiyú.

Por esas mismas fechas, Argentinos Juniors fue comprado por la productora propietaria de las retransmisiones del fútbol argentino, Torneos y Competencias. Trasladaron la sede del equipo desde el barrio de La Paternal de Buenos Aires, hasta la ciudad de Mendoza. Una vez más, el proyecto no funcionó, en unos meses la empresa renunció y Argentinos Juniors volvió a La Paternal.

También los grandes clubes de Argentina han conocido este tipo de experiencias. Racing de Avellaneda lo vivió cuando la empresa Blanquiceleste S.A. se hizo con la gestión del fútbol profesional y del estadio Presidente Perón. Con esta fórmula volvieron a ser campeones de Argentina en 2001, pero la gestión privada no sirvió para mejorar la situación económica y después de unos años de pérdidas, la presión de los socios les devolvió el control total del club.

La idea que defiende Milei ahora no hace más que tomar el relevo de lo que ya intentó anteriormente Mauricio Macri, expresidente de Argentina y ex-presidente de Boca Juniors

A pesar de que este tipo de ensayos no han dado buenos resultados, los intentos por abrir las puertas a las SAD han sido recurrentes en Argentina; generalmente utilizando argumentos que ya se escucharon en su momento en el fútbol español. La deuda de los clubes, el empobrecimiento del fútbol o la exaltación de la gestión privada son justificaciones habituales a la hora de defender la conversión en SAD, igual que sirvieron en España para justificar la aprobación de la Ley del Deporte de 1990; ley que no ha logrado solucionar estos mismos problemas, pero si permitió que la propiedad de buena parte de los clubes de fútbol españoles pasara, de manos de sus socios, a manos de sus accionistas.

La idea que defiende Milei ahora no hace más que tomar el relevo de lo que ya intentó anteriormente Mauricio Macri, ex-presidente de Argentina y expresidente de Boca Juniors. Fue en los años noventa cuando en Argentina se hizo la primera propuesta seria por convertir los clubes de fútbol en sociedades anónimas. Desde la AFA la iniciativa fue liderada por Macri, en calidad de presidente de Boca; mientras que, desde el gobierno, fue el secretario de deportes, Daniel Scioli, quien se encargo del asunto. Curiosamente, ambos se enfrentarían en 2015 en las elecciones que dieron la Presidencia de la Nación a Mauricio Macri. Sin embargo, en pleno periodo menemista, en el que todo era susceptible de ser privatizado, la propuesta se encontró con la oposición frontal de los directivos de los clubes y el Comité Ejecutivo de la AFA terminó por rechazarla por 19 votos contra 1.

Años después y ya como Presidente de la Nación, Macri aprovechó el vacío de poder y la desorganización de la AFA tras la muerte de Grondona en 2014 para intervenirla desde el gobierno. Ahora sí, parecía que tenía suficiente control institucional como para sacar adelante su plan en favor de las SAD, pero, una vez más, Macri se encontró con la oposición de los dirigentes de los clubes de fútbol, que volvieron a frenar la iniciativa y con la oposición, también, de los socios, que se manifestaron en su contra.

El peso de las asociaciones civiles

Esta oposición de los clubes de fútbol a la conversión en sociedades anónimas no se puede entender únicamente desde el lugar común de la pasión argentina por el fútbol. También hay que tener en cuenta la importancia que han tenido los clubes deportivos en la vida social de los argentinos.

Algunos, como River Plate, Newell’s o San Lorenzo, cuentan con decenas de miles de socios, muchos de los cuales van el fin de semana a la cancha a ver a su equipo. Para otros muchos socios, en cambio, el vínculo con el club es diario. Es allí donde van al gimnasio o a dar clases de baile entre semana. Allí van también sus hijos a jugar al fútbol, al basket, a la piscina o a juntarse para un asado en los quinchos. Muchos de estos clubes vertebran la vida social de todo el barrio. Son punto de reunión y de encuentro de las familias. También son instituciones acostumbradas a liderar acciones sociales, como ocurrió durante la pandemia, cuando muchos clubes se utilizaron como centros de vacunación. Se genera así un vínculo entre el socio y la institución que ayuda a entender el sentimiento de los argentinos por sus equipos de fútbol y es este carácter social el que buscan proteger cuando se oponen a las SAD y defienden que los clubes sigan siendo asociaciones civiles.

El jugador de Instituto de Córdoba, ex de Racing y Gimnasia, Luciano Aued, decía en su cuenta de Instagram al manifestarse estos días en contra de Milei: “Muchas veces pensé qué hubiera sido de mi vida sin los clubes de barrio, sin los clubes siendo asociaciones civiles sin ánimo de lucro (…) soy el resultado, como miles y miles de nenes y de nenas de este país, de esa solidaridad que nunca van a entender quienes creen que todo es un negocio. Por eso defiendo que nuestros clubes sigan siendo de nuestra gente. Por eso estoy convencido de que hay cosas a las que hay que decirles Nunca Más”.

Milei ha ido ganando popularidad con un discurso muy agresivo y posiciones delirantes, como el apoyo al mercado de órganos. Se consolidó con su defensa de la eliminación del banco central, la dolarización de la economía argentina y la supresión de numerosas instituciones públicas. Ahora podría haber tropezado con la misma piedra con la que ya tropezó Mauricio Macri; porque, se enfrentan dos maneras diferentes de entender la sociedad. Una que considera que todo aspecto de la vida debe convertirse en mercado y otra que defiende que debe protegerse precisamente a las instituciones que hacen una contribución a su comunidad.

fuente El Salto

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