Democracia y periodismo, dos caras de la moneda

Miguel Angel Sandoval  

La democracia y periodismo, es una ecuación que no puede romperse. Quizás es uno de los temas que más controversia generan pues constituye de forma categórica, la línea divisoria entre una democracia liberal y una dictadura del tipo que sea. Pueden ser gobiernos autoritarios o dictatoriales, con uniforme o sin uniforme, con tropas al canto o no, y en ello lo primero que destaca es que, en cualquier caso, en el país que sea, el régimen autoritario, lo primero que busca cercenar es la libertad de expresión, la libertad de opinión. Que son la base de la democracia. No habría ninguna posibilidad de pluralismo político, de alternancia en el gobierno, si la diversidad de opinión se cancelara, si la libertad de expresión se limitara, por la vía que fuera, pero de manera autoritaria.   

Supimos de las limitaciones a la libertad de expresión durante los años de las dictaduras militares y del terror. Tanto en Guatemala como en el resto del continente, con algunas excepciones.  Es lo que paso en Chile de Augusto Pinochet, en Argentina con Jorge Videla, en Brasil militares como Geisel, en Uruguay, o en Perú. Es demasiada la información para pretender cerrar los ojos.  Y vimos la cantidad de periodistas obligados al exilio, a la clandestinidad o que fueron a la cárcel, o en lo más grave, fueron asesinados y desaparecidos. Esto en el continente entero.   

Por ello una de las principales demandas y una de las primeras libertades logradas luego de los gobiernos dictatorías fue precisamente la libertad de expresión, la libertad de prensa y junto con ella, la libertad de organización sindical, política, etc. Recuerdo que en los primeros días luego de la dictadura de Uruguay, supe de las reuniones que se hacían con altoparlante vuelto hacia la calle, instalado en las salas de reuniones, para que la gente supera que se podía hablar, discutir, emitir sus opiniones sin temor a la represión, a la cárcel o al destierro, a la prisión o a la muerte.   

En Brasil, la censura fue algo que se impuso a fuerza de tortura, bayonetas, cárcel, y el resto conocido. Al extremo que los cantantes, en ese país musical, vieron sus canciones prohibidas, y los autores enviados al exilio o a la prisión. Una muestra de la victoria de la democracia fue que las manifestaciones cantaron la música de los prohibidos. Por ello “A pesar de voce” se convirtió en un himno de las libertades. Todo mundo lo sabe en la actualidad. Y con la democracia llegaron los periódicos, las radios, los programas de discusión, pero también de critica a los desmanes de gobierno, a los errores, a la corrupción, y a cualquier intento de limitar las libertades democráticas. Ello en todo el continente.   

Una precisión indispensable. Si antes la vía para las limitaciones a la libertad de expresión, de opinión, de prensa fue la represión abierta y sin tapujos, hoy se pretende vía el denominado law fare, o persecución judicial, limitar las distintas libertades. Así, alguien que denuncia las hidroeléctricas o escribe sobre el tema puede ser judicializado, pero igualmente quienes critican el mal gobierno, la abulia judicial o la implantación de pruebas, puede igualmente ser incriminado y con ello callarlo. Sabemos de ese tipo de prácticas y de nuevo, es a nivel continental. Es la nueva persecución policial, encubierta de legalidad…  

En Guatemala tenemos la constitución política del 1985 y más adelante los Acuerdos de Paz en 1996, en donde se garantizan los derechos humanos y parte integral de ellos, la libertad de opinión, de expresión, de prensa. Es algo que los guatemaltecos ganamos a pulso y por ello en la actualidad no podemos permitir que estos derechos conozcan retrocesos, menos aún, no se puede aceptar que un régimen de libertades, se convierta en un gobierno autoritario con fachada democrática. Es un contrasentido.  Ello sería una clara violación a los Derechos humanos universalmente aceptados. Pero, además, sería la violación de todos los pactos y convenios internacionales que el Estado guatemalteco ha suscrito y ratificado en los últimos años.   

Guatemala y sus gobiernos ya supieron lo que era ser paria a nivel mundial y ello lo debemos impedir como un acto de elemental derecho democrático. No podemos volver al ostracismo que el país vivió durante los gobiernos militares de corte dictatorial. Guatemala no puede ser de nuevo un país apestado a nivel mundial. Y la única forma de evitarlo, es con el respeto a todas las libertades democráticas, entre las cuales se encuentra la libertad de opinión, de prensa. Sin libertad de prensa, la democracia se disminuye y camina directo al autoritarismo y a la dictadura. No hay mejor fiscal de la democracia que la libertad de opinión, de expresión y con ello el ejercicio de la libertad de prensa. 

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