Comando Sur y Evan Ellis, del ejército de EU, abren sus cartas ante a Latinoamérica

l borde del precipicio nuclear de EU y Rusia, la escalada en Ucrania ha quedado rebasada cuando lo que está en juego es el nuevo orden mundial –por ontológica necesidad multipolar–, donde la principal vulnerabilidad de la otrora unipolaridad de la anglósfera es su sitiado dolarcentrismo (https://bit.ly/3HcEXFg). Cuando el Gulliver estadunidense se encuentra amarrado –sin contar su protobalcanización interna tanto financiera como sociopolítica–, los liliputienses de la periferia sojuzgada se rebelan en la granja sudamericana del omnipotente megafinancierismo anglosajón.

En vísperas de la cumbre de la Celac –que exorcizó al vasallo uruguayo Almagro colocado en la OEA, después de que los intereses anglosajones de las materias primas arrojaron debajo del autobús a la boliviana Áñez (por el litio) y al venezolano Guaidó (por el petróleo)–, el argentino Alberto Fernández y el brasileño Lula da Silva cruzaron el Rubicón de la temeridad geofinanciera (https://bit.ly/3R688Os) al proyectar una divisa común (https://on.ft.com/3H6WDSm). Más allá de las anacrónicas insinuaciones hieráticas, el póquer ya es abierto cuando tanto Laura Richardson, general del Comando Sur (https://bit.ly/3H8P0e6), como Evan Ellis, del Colegio de Guerra del Ejército de EU, ponen en la mesa de juego sus poderosas cartas militares frente a las veleidades libertarias de América Latina (AL) y el Caribe, condensadas en la Celac, en yuxtaposición y traslape con el BRICS+.

En entrevista patrocinada por ­Atlan­tic Council, que apoya a la OTAN, Laura Richardson explaya la relevancia de AL para EU debido a “sus ricos recursos y elementos de tierras raras, el triángulo del litio, que hoy es necesario para la tecnología; 60 por ciento del elemento está en el triángulo del litio: Argentina, Bolivia y Chile (https://bit.ly/3R65oRa).

No se le escapan las mayores reservas de petróleo, en particular, las recién descubiertas de crudo ligero y dulce frente a Guyana hace más de un año cuando destacan los recursos de Venezuela, también con petróleo, cobre, oro, sin perder de vista los pulmones del mundo que son el Amazonas y “31 por ciento de agua dulce del mundo en AL (https://bit.ly/3WuU0zy)”.

Evan Ellis –investigador de estudios de AL en el Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de EU (https://bit.ly/3WC96U7)– acaba de publicar el ominoso documento “El papel estratégico de AL en un conflicto global sobre Taiwán (https://bit.ly/3kGuSJ1)” que de facto constituye una guerra de commodities (materias primas) contra la Ruta de la Seda y, por añadidura, contra el BRICS+. Ellis juzga hostil cualquier proyecto comercial o de infraestructura de China de uso dual cuando la infraestructura puede ser usada por China en el conflicto global proyectado –que prevé para 2027 (sic)– y “puede servir como intermedias bases de puesta en escena para ataques contra el abasto de alimentos y minerales críticos (sic) o quizá directamente contra EU”. Aduce que la cooperación con China en el espacio (sic) es un foco mayor de ataque como el grupo de trabajo Celac-China, además de los siguientes objetivos: cinco satélites de monitoreo climático y terrestre (programa Cebres); satélites de Venezuela/Bolivia con China; radar de espacio profundo en Neuquén (Argentina); participación de Perú en la Organización de Cooperación Espacial Asia-Pacífico; observatorios asronómicos con participación de China. Los sectores estrategicos –puertos/espacio/dominio digital–, de las trasnacionales chinas, son particularmente sensibles.

Desde hace 530 años, la consustancial vulnerabilidad histórica de AL han sido sus finanzas. Han existido recientes amagos fallidos de liberación geofinanciera, pero nada se asemeja a su rebelión de hoy. Teniendo en mente no repetir los errores del euro, desacoplado insensatamente de las materias primas (commodities). Ni imitar los graves errores desincronizados contra el petrodólar de mis paisanos árabes Saddam Hussein y Muamar Khadafi.

Fuente La Jornada

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