Biden: el candidato del liberalismo vacío

Maciek Wisniewski

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unca ha habido una mejor combinación entre el hombre y el momento. El Partido Demócrata no podía haber elegido un mejor candidato que Joe Biden para dejar en claro lo que defienden y para evidenciar el estado de la tradición política –el liberalismo de la guerra fría– que representan. Para demostrar que ni siquiera tienen una agenda y mucho menos una visión política. Biden es el candidato perfecto y un mediador desaparecido (vanishing mediator) del liberalismo vacío. Con esta diferencia que en aquella famosa noción de Jameson (bit.ly/3VCa9ow), el mediador recogía todos los elementos de la formación vieja para abrir el camino a una realidad nueva (y desaparecer), mientras Biden los encarna para bloquear cualquier transformación (como hizo en 2020 frente a Sanders) y defender el statu quo.

2. Biden, que está en la política desde los tiempos de Nixon (sic), es un quintaesencial representante del “liberalismo de la guerra fría”, que a diferencia de algunas otras de sus cepas (Levinas) abandonó cualquier ambición de luchar por una sociedad mejor (bit.ly/4b8qh6Q). Sin ninguna apreciación de la utopía ni visión de un mañana diferente, esta tradición lo único que sabe hacer es librar las guerras permanentes. Este vacío no podía quedar más claro a la hora de la reascendencia de Trump que, a diferencia de los demócratas, ofrece una visión del futuro (MAGA) y promete resolver algunos problemas –a su propia, torcida y engañosa manera–, mientras ellos no.

3. El ataque de Israel a Gaza, que desembocó en el genocidio del que Biden es el principal facilitador, expuso los agujeros en todo lo que los liberales decían creer: los derechos humanos, el derecho internacional, el humanitarismo. La mejor imagen de este liberalismo senil es la del niño geriátrico Biden (Arundhati Roy dixit ), lamiendo un helado y balbuceando –literalmente– sobre el cese de fuego, mientras los israelíes lo contradicen, jurando terminar la chamba. Incluso en sus propios términos, el mismo liberalismo de guerra está hueco, con Biden admitiendo que los ataques a Yemen no estaban funcionando: ¿Están deteniendo a los hutíes? No. ¿Van a continuar? Sí, dijo una vez.

4. Biden está estancado en las encuestas y su índice de aprobación sigue cayendo, acercándose a los más bajos índices de aprobación de… Trump. El presidente no tiene ninguna visión para el segundo mandato, ni siquiera un programa –al contrario de Trump, con su espantosa agenda 47, un paquete de propuestas nativistas y patrióticas–, y su mensaje de campaña hasta ahora parece limitarse al lema de que Trump es un convicto con procesos pendientes (como si él mismo no estuviera calificando para la Corte Penal Internacional, junto con Netanyahu).

5. Según los liberales biempensantes, las democracias occidentales son superiores en la toma de decisiones a los regímenes como el de Xi o Putin, rodeados solamente de los incondicionales que alimentan el circuito de información autoritaria. Sólo que… es justo lo que –según los propios demócratas (anónimos)– ocurre en la corte de Biden, rodeado únicamente de hombres que dicen y que saben que su estrategia es fallida, pero que temen decirlo por ser tildados de desleales (bit.ly/4b8SpXy). Mientras tanto, según los expertos en autoritarismo y eternos “guerreros de la guerra fría”, el problema está en los ataques propagandísticos conjuntos de China, Rusia y los trumpistas que buscan desacreditar la democracia y al liberalismo (bit.ly/3RCYSDk). ¡Ah, bueno!

6. Lo único para lo que fue capaz de flexionar los músculos Biden era para avanzar la agenda política de la derecha, algo común para otros representantes del liberalismo vacío (allí está Macron: bit.ly/45CMV69). Sus políticas migratorias han sido esencialmente trumpianas: la separación de las familias, el muro, la restricción del derecho al asilo. Las mismas que el propio Biden denunciaba como inhumanas e inmorales y que otros liberales tildaban de fascistas, pero que con Biden ya no lo eran. Igualmente trumpiana fue su reacción a las protestas estudiantiles pacíficas en contra del genocidio en Gaza. Biden, igual que Trump respecto a #BlackLivesMatter, demonizó adrede a los manifestantes no violentos para justificar y fomentar la violenta represión policiaca.

7. Hoy está ocurriendo lo que muchos decían que iba a pasar si Biden no abrazaba una agenda transformativa: estamos de vuelta en 2020 o en 2016, con el presidente demostrando de hecho la misma prepotencia y ceguera que Hillary Clinton. Encima, Biden abandonó todas sus promesas clave: los cheques de 2 mil dólares por la pandemia, el salario mínimo de 15 dólares por hora (sigue en 7.25), la cancelación de la deuda estudiantil, la reunificación de las familias migrantes o la opción pública en la salud. La principal que cumplió fue la que les dio a los donantes millonarios que con él nada fundamentalmente iba a cambiar (sic) y lo único para que había dinero y voluntad política era la guerra, sea en Ucrania o en Israel/Palestina.

8. Biden –nuevamente a diferencia del candidato republicano– prácticamente no hace campaña, más allá de las actividades con los ricos y los leales, para no ser confrontado por los manifestantes pacifistas. Así, al presentar un candidato débil –en todos los sentidos– y profundamente impopular, los demócratas y su liberalismo inerte están entregando, potencialmente, Estados Unidos de vuelta a Trump. Si esto llega a pasar, culparán a los votantes por su irresponsabilidad, siendo su principal apuesta hoy que todos se alineen con ellos. Los únicos culpables, no obstante, serán ellos mismos y el vacío de sus políticas.

Fuente La Jornada

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