Los sesgos arbitrarios del pensamiento

Autor: Jairo Alarcón Rodas
«Y sin duda nuestro tiempo… prefiere la imagen a la cosa, la copia al original, la representación a la realidad, la apariencia al ser… lo que es ‘sagrado’ para él no es sino la ilusión, pero lo que es profano es la verdad. Mejor aún: lo sagrado aumenta a sus ojos a medida que disminuye la verdad y crece la ilusión, hasta el punto de que el colmo de la ilusión es también para él el colmo de lo sagrado»
Ludwig Feuerbach

Muchas personas creen lo que quieren creer, aceptan como válido solo aquello que se ajusta a sus intereses y valores. Los que acondicionan los hechos a sus creencias, a lo que converge con sus intereses, alejan todo principio ético que debe regir su comportamiento, su accionar y, en cambio, se arrojan al más burdo pragmatismo, en donde se reafirma que es verdadero lo que conduce al éxito y, consecuentemente, los medios para alcanzarlo resultan ser irrelevantes.

Otros, en cambio, juzgan los hechos a partir de lo que su entendimiento alcanza a comprender, de modo que, si su criterio es pobre, los juicios también lo serán; tanto estos como los otros deberían reconstruir su pensamiento, pues moralmente no se debe creer en lo que conviene, ya sea por ignorancia o por intereses perversos y mezquinos, sino en lo que es.

Cómo entonces entablar un diálogo constructivo, cuando lo que prevalece son los intereses personales, en dónde queda la objetividad que constituye una oportunidad en lograr acuerdos, si los criterios se ven sesgados, “Homo omnium rerum mensura est” afirmaba Protágoras, lo que significa que cada persona ve la realidad como le parece, lo que no significa que esté en lo correcto, simplemente que así la quiere ver y juzgar.

Así, Feyerabend señalaba que, decidimos considerar como reales aquellas cosas que desempeñan un papel importante en el tipo de vida que preferimos. En este caso, la realidad se acomoda a los gustos y apetencias de las personas, pudiendo ser honestas o perversas y es precisamente por eso que los criterios, que deberían basarse en conjeturas y refutaciones sobre hechos concretos como lo planteara Karl Popper, es decir, por medio de argumentos y contra argumentos, se fundan en suposiciones, en creencias arbitrarias.

La realidad está constituida por una sucesión de hechos espacios-temporales, exteriores a la mente del sujeto, que pueden ser perceptibles y entendibles por este a través de una lectura congruente, por medio de una adecuada estructuración del pensamiento que origina el universo pensado y que, a su vez, puede conducir al acierto o al error. Wittgenstein decía, la lógica impregna el mundo: los límites del mundo son también sus límites, lo que significa que para entenderlo y socializarlo se debe recurrir al pensamiento lógico, a una adecuada estructuración del pensamiento.

De ahí que el filósofo Mark Borisovich Mitin señalara, si la conciencia del hombre no reflejase los procesos del mundo externo tal como son, los hombres no podrían alcanzar en su actividad práctica los resultados que su conciencia había fijado de antemano. A parte de ello, todo sería azaroso dada la multiplicidad de opiniones, muchas de estas cuasi fantasiosas, las cuales originarían un caos epistemológico y, consecuentemente, la imposibilidad en la comunicación.

Es pertinente y necesario, por lo tanto, que existan objetos reales, materiales dinámicos, que susciten hechos en los que pueda converger el pensamiento humano a partir de los sentidos, para recoger de estos la materia prima del pensamiento y, con ello, la posibilidad de estar en el mundo, de entenderlo y adentrarse en el futuro. La seguridad en el accionar humano la establece un mundo real, independente de toda conciencia, que es reflejado a partir de una actitud crítica, social y revolucionaria de un sujeto.

Los diálogos se establecen para lograr acuerdos, de ahí que, para lograr consensos, es necesario que exista un punto de convergencia entre las partes, que no sea producto de elucubraciones ficticias ni arbitrario. ¿Por qué, entonces, las personas muchas veces construyen y tiene una postura ostensiblemente diferente en cuanto a la realidad que hace de la convergencia algo imposible? Es en lo aprendido, en lo culturalmente adquirido en donde se forman las actitudes humanas y de ahí que, mientras la construcción del mundo que se transmita a un individuo se efectúe a través de criterios emotivos y valorativos, es decir de creencias, la racionalidad, y con esta el pensamiento lógico, no tendrá cabida y el diálogo llevará a una pérdida de tiempo.

Antes de entablar una discusión, un diálogo constructivo, en donde se presenten criterios diferentes, ideas y pensamientos distintos, es necesario presentar las reglas que regulen las controversias que puedan surgir, de lo contario será un debate entre opiniones. Consecuentemente, es imposible lograr entenderse si los niveles de discusión son disímiles, es decir, si el código es distinto.

Es la ruta de vida constituida por la serie de creencias, costumbres, apetencias, impuestas o aceptadas las que, al considerarse correctas, determinan el juicio sobre las cosas y derivan un pensamiento subjetivo que tácitamente no acepta la correspondencia entre conciencia y realidad. Con ello, también se niega el criterio de verdad, el que indudablemente no es absoluto, dado el eterno cambio de la naturaleza, pero sí es objetivo. La Naturaleza es un libro abierto decía Francis Bacon, el que lo lee con mente pura no puede equivocarse. Solo puede caer en el error si su mente está envenenada por el prejuicio.

Francis Bacon, acertadamente, evidenció prejuicios humanos que imposibilitan el conocimiento de la realidad, a los cuales llamó ídolos del entendimiento, siendo estos: los de la tribu, que son comunes a la especie humana a partir de su extracción cultural; los de la caverna que surgen a partir de los criterios personales que proceden de la educación; los del foro, que son el resultado de las relaciones comerciales que derivan muchas veces un lenguaje vulgar e impreciso que obstruye el pensamiento y los del teatro, provenientes de dogmas y falsas reglas de demostración, que por tradición, credulidad y negligencia son aceptadas sin discusión y que se han perpetuado.

La asimilación, en tal sentido, es la que les provee a las personas de la otra parte que, junto con lo heredado biológicamente, da por resultado la opinión o el criterio para enfrentar la realidad y desenvolverse en la vida. Por lo que dotar a las personas de herramientas tanto cognitivas como éticas, que les permitan ampliar su horizonte de forma reflexiva, es lo que permitirá evitar los sesgos arbitrarios del pensamiento y sus fatales consecuencias.


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