Libertad 15 de septiembre, de lo real a lo ilusorio

Autor: Jairo Alarcón Rodas
«Al definir la libertad, el primero de los bienes del hombre, el más sagrado de los derechos que le otorga la naturaleza, habéis dicho, con toda razón, que estaba limitada por los derechos de los demás, pero no habéis aplicado este principio a la propiedad, que es una institución social. Nuestra declaración parece hecha no para los hombres, sino para los ricos». Maximilien Robespierre

Libertad, siendo un ideal humano, resulta ser, en la práctica, un concepto ambiguo que muchas veces constituye un valor demagógico, instrumentalizado para enarbolar criterios ideológicos. Así, la libertad se convierte en una abstracción, en una ficción, en un derecho humano irrealizable, un valor vacío de su ejercicio efectivo, una condición solo para aquellos que pueden ejercerla. La libertad está íntimamente relacionada con otro término, el poder. De ahí que, ¿quién puede ser libre en sociedades en las que el sistema establece privilegios para unos y limitaciones para otros?

La libertad no es un valor en sí mismo, requiere para ser efectiva principios fundamentales que la sustenten como la justicia y la equidad. ¿Puede un animal ser libre o ser prisionero? Desde la perspectiva humana sí, pero desde su propia naturaleza no, ya que para sentirse libre o cautivo tendría que ser consciente de ello, es por lo que los demás animales no pueden ser éticos, en cambio los seres humanos sí lo son. Ser libre no es simplemente un estado, es ser consciente de lo que eso representa.

Pero qué sucede cuando una persona no es consciente de las cadenas que lo oprimen, desde luego que el aprecio que podría tener sobre la libertad estaría ausente, de ahí que sea una condición para ser libre o buscar la libertad estar consciente de lo que eso significa y, desde luego, lo que representa su pérdida. Los animales actúan por instinto, los seres humanos por razón, de modo que saber la diferencia entre poder decidir y accionar sin que ese derecho pueda ser vulnerado por otra persona le da una dimensión distinta a ese dilema.

Una de las debilidades del liberalismo es que, al defender la libertad económica, que se traduce en poder vender y comprar lo que se les apetezca sin la intervención del Estado, sin limitación alguna, no admiten que, en el escenario de libre mercado, necesariamente surgen los ganadores y los perdedores, los ganadores siempre van a estar bien, pero los perdedores no, determinando así la brecha entre los que poseen riqueza y los que no.

La respuesta que dan a esa situación es que los perdedores no supieron competir debido a su ineptitud, por lo que deberían probar en dónde son competentes o prepararse para ello. No obstante que, dentro de esta lógica, el fin justifica los medios. Así, dentro del capitalismo prevalece el más fuerte, sin embargo, la fortaleza en estos se encuentra en la astucia y el capital que han acumulado dentro de un escenario en el que los medios para lograrlo no importan. Y así, resalta John Rawls, la diferencia aún mayor entre ricos y pobres empeora aún más la situación de estos últimos, y esto viola el principio de beneficio mutuo. No se trata de acumular y acumular riqueza, sino que, con esta, construir un mundo más humano y justo.

El más fuerte o el que mejor se adapta al nuevo escenario que se plantea es lo que Charles Darwin promulgó dentro de la selección natural, no obstante, los seres humanos, al tener la posibilidad de un desarrollo cognitivo diferente, han dejado atrás las leyes biológicas que rigen a los demás animales, en cambio pueden transformar a la naturaleza y transformarse a sí mismos, ya no será una mera adaptación al medio, sino la toma del control efectivo de sus vidas dentro de una nueva circunstancia determinada.

La libertad, que es un valor esencial humano, no es ejercida por muchos, dadas las condiciones en las que se encuentra el mundo, en donde las injusticias, la miseria, prevalecen a causa de la irracionalidad con la que actúan algunos de sus habitantes, cuando sus intereses personales y sectarios se anteponen en detrimento del bienestar de los demás. Esa ha sido la política de los países poderosos, enriquecidos a expensas de expoliar y esclavizar a otros, con motivaciones e inquietudes colonialistas e imperialistas.

Hay sistemas políticos que coartan la libertad de sus habitantes e impiden el ejercicio de su libertad. En los regímenes totalitarios, por ejemplo, el poder de acción y de decisión es ostensiblemente limitado, imponiendo una sola visión de la realidad. No obstante, ocurre lo mismo en aquellos en que la libertad constituye un valor en sí mismo y, consecuentemente, no se garantizan las condiciones para hacerla efectiva. Solo aquellos que no son prisioneros de su circunstancia, de sus temores y pasiones, pueden ejercer la libertad con responsabilidad, efectivamente.

En el tema de la libertad, existen aquellos que la limitan y los que luchan por ejercerla. La libertad se logra a través del establecimiento de una sociedad justa, por lo que no hay libertad sin justicia ni justicia sin libertad. De ahí que la libertad que postula el liberalismo sea abstracta, pues únicamente tienen posibilidad de ejercerla aquellos que cuentan con el poder para hacerlo, poder que en el sistema capitalista lo otorga el dinero.
Pueden los niños de Palestina, Siria e Irak, para citar unos ejemplos, pretender ser libres cuando su futuro ha sido quebrantado por fuerzas invasoras, potencias militares que les han impuesto un destino, condenándolos a una existencia miserable o los que viven dentro de regímenes dictatoriales. Y qué decir de los países que padecen hambruna, tiene los niños de esos países la posibilidad de tener la libertad de forjar un destino distinto o, por el contrario, están condenados a morir de hambre. ¿Qué pasa en este caso con el libre albedrío? ¿Tienen realmente esas personas el poder de elegir y tomar sus propias decisiones?

La libertad no tiene sentido cuando las condiciones en las que se encuentra un individuo no son propicias para poder ejercerla, de ahí que solo aquellos que tienen satisfechas sus necesidades vitales y comprenden la dimensión de su valor dentro de la convivencia en sociedad pueden asumir su condición de libertad. Y las personas se dan cuenta, como lo indica Orwell, de que el estómago está antes que el alma, no en la escala de valores sino en el tiempo.
Con un sentido social, Rawls señala que, un individuo que descubre que disfruta viendo a otros en posiciones de menor libertad entiende que no tiene ningún derecho a este disfrute. Pero, entender lleva también un componente ético y los que coartan la libertad no lo tienen.

La libertad puede ser vista desde la perspectiva individual como desde la social, no obstante, cabe aclarar que únicamente se puede ser libre en sociedad. Una persona es consciente que es libre cuando puede decidir lo que hará con su vida sin que haya intervención de otros, un país es liebre cuando logra su autodeterminación y no existe la injerencia de otros que se lo impidan. De ahí que Herbert Marcuse dijera, la posibilidad de elegir al individuo no es el factor decisivo para determinar su grado de libertad, sino lo que puede ser elegido y lo que es elegido por el individuo. Así, estos aspectos influyen el uno con el otro, como el todo a la parte y la parte al todo.

Pero, puede ocurrir que los Estados se autodeterminen y, sin embargo, sus habitantes no sean libres, permanezcan esclavizados, discriminados, marginados e invisibilizados. Grupos étnicos, sociedades, países han sido esclavizados por otros y ese es el caso de los territorios de América con dantescos y repudiables resultados.

Qué decir entonces de la libertad que representa la fecha, en la que los criollos de Guatemala se emanciparon de la Corona española, con fines estrictamente económicos. De qué libertad se habla y para quién si un grupo de privilegiados, residentes en el país, continuaron ejerciendo el control, imponiendo su criterio, sus leyes, el poder.
La firma del acta de la independencia de Guatemala en nada cambió las condiciones para muchos de sus habitantes, continuó la explotación, la discriminación, la usurpación de la tierra, los privilegios, las arbitrariedades, la impunidad. De modo que la libertad de no tributar por parte de los criollos representó la esclavitud para los naturales habitantes de estas tierras, qué significa entonces el 15 de septiembre, constituye una fecha irónica de libertad.

Ya han pasado más de 500 años de la llegada de los españoles a estos territorios y para un país como Guatemala, la situación sigue siendo la misma, lo que ha cambiado es la forma en la que se han reinventado los que se han autodeterminado “amos y señores” de este país, los que se niegan a perder sus privilegios y mantienen el control a través de una camarilla de siniestros personajes a los que recientemente se les ha denominado El Pacto de Corruptos.
¿Quiénes pueden ser libres? ¿Podrán serlo aquellos a quienes ese concepto no les representa ningún significado, pues lo que buscan es simplemente subsistir? La libertad consiste en decidir y, para lograrlo, se deben tener cubiertas las necesidades básicas elementales y eso se les dificulta entender y admitir a aquellos que, en dentro del liberalismo, solo defienden sus mezquinos intereses.


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