¿Reformas electorales, pero cuáles?

Por: Miguel Ángel Sandoval

Las frecuencias de radio y TV son del Estado y deben apoyar la democracia.

El dulcito de la propuesta infausta de algunos congresistas es la elección directa, o como le quieran llamar, pero se trata que el ciudadano vote por el diputado, o sea, por la persona, y quizás por el partido o el símbolo, hasta ahí. El resto es la aventura. Y sobre esto quiero explicar algunas cosas para que se entienda mejor.

Si se aprueba el tema del voto directo y se hace la lista con fotos del tamaño del DPI como me comentan diputados, tendríamos un libro con la dimensión del Código Penal para las elecciones a listado nacional o para las de distrito. En especial si partimos de unos 30 partidos políticos, que pueden ser más. O sea, cada ciudadano recibiría un librito de ese tamaño para votar por su candidato de confianza.

Hay 30 partidos, 30 ideologías, 30 programas, 30 y siga usted la cuenta. Pero no 30 propuestas fiscales o agrarias, educativas o ambientales. Estoy de acuerdo en la libertad de opinión, en el derecho a la libre organización, en todo eso y más, pero 30 partidos indefinidos es un desastre, es inmanejable, pero, sobre todo, de los 30 es difícil encontrar un partido político real, pues no hay programa, ideología, principios, es el desorden total. Y siempre la excepción.

Son carros electorales, negocios con financistas, lavanderías y un largo etcétera. Ocurre un poco en todos lados. En la derecha, sería interesante una mesa redonda para saber cuáles son las diferencias ideológicas entre Unionistas, Panistas, Valor, Bien, Cabal, Todos, Elefante. En serio propongo al moderador.

Y con estas credenciales, el listado de candidatos no puede ser algo de interés nacional, en todo caso, sería de cada grupito y de cada financista. Y aquí aparece el otro gran tema: el pisto. Quien tiene más pisto quiere tener el derecho de pautar publicidad y ello lo ven derecho irrenunciable. En pocas palabras, se mide la división de partidos no por ideología, sino por capacidad económica. Tienes más pisto, pues pautas más. Si no tienes pisto, pues te jorobas.

Y hay el tema de las frecuencias de radio y TV. Como se sabe pertenecen al Estado y están dadas en concesiones. Lo mínimo que se les pide es que durante la campaña electoral den un poco de su tiempo para hacer publicidad equitativa de los partidos. Es una manera de democratizar los procesos electorales. En otros países esto se hace por ley y sin tanto brinco. México es un caso. España otro.

Y están los programas como Razón de Estado, que en todos lados tiene sus campos pagados. Eso no es libertad de opinión o de prensa, es acaso libertad de empresa, es capacidad de comprar tiempo para hablar lo mismo siempre. Para que se vea más claro, yo quiero un programa de TV y otro de radio, pero no los puedo pagar. ¿Así va la cosa? Eso no es libre opinión, ni nada que se parezca.

Fuente El Periódico


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