La economía social diversa, un nuevo reto para el antirracismo

Robert Bonet /ElSalto
Aunque vienen de lejos, los proyectos económicos dentro de lo que se conoce como economía social y solidaria impulsados por colectivos de personas migrantes y racializadas con una mirada antirracista han aumentado significativamente en número y en visibilidad durante los últimos años en Catalunya, especialmente en Barcelona. Muchos de estos reflejan y son herederos de prácticas populares de autoorganización económica propias de los lugares de orígen de la población migrante. Todo un mundo de prácticas diversas que para satisfacer sus propias necesidades crean, de manera colectiva, su propio trabajo y a veces también sus propios circuítos de comercialización de productos. Los grupos de ahorro colectivo, personas que trabajan en diferentes sectores de la venta ambulante, empresas “recuperadas” por trabajadoras organizadas, las mingas comunitarias o las cooperativas agrícolas por la soberanía alimentaria son algunos ejemplos.

Este proceso de crecimiento de proyectos económicos antirracistas ha venido acompañado de otros procesos organizativos que han contribuido no solamente a su crecimiento sino también a su mayor visibilidad. Por un lado, el movimiento antirracista y la outoorganización migrante en Barcelona se ha fortalecido en los últimos años. La Tancada Migrant en la escuela Massana en 2018; la creación de grupos de denuncia del racismo estructural como el CNAA (Comunitat Negra Africana i Afrodescendent) a raíz de las movilizaciones tras la muerte de George Floyd en 2020; o la campaña actual de recogida de firmas con la que se pretende impulsar una ILP para la regularización extraordinaria de personas migrantes en situación irregular, son algunos ejemplos al respecto.

Además, el movimiento antirracista, en este proceso de empoderamiento, ha cuestionado de manera más vehemente el papel de las personas blancas en la lucha antirracista. Por un lado, en el sentido de abrir el debate sobre si personas que no han sufrido el racismo pueden considerarse antirracistas o si, en todo caso, podrían ser aliadas del antirracsimo. Y por otro, hacer la reflexión sociopolítica de que todas las personas que han sido socializadas en una cultura racista y que se encuentran en una posición de privilegio racial en esa sociedad, es decir, son blancas, van a estar impregnadas de ese racismo y, por tanto, hay un trabajo personal y colectivo de la población local blanca de reconocer ese racismo e intentar deconstruirlo o al menos ser consciente de él.

La autoorganización de personas migrantes y racializadas, además de una herramienta política, también ha servido para fortalecer herramientas de autogestión económica, y de ahí surge la relación con la economía social y solidaria (ESS). Una ESS, la catalana, que a su vez ha crecido y se ha fortalecido mucho en la última década, en particular el cooperativismo. En el año 2020, en Catalunya se crearon 149 nuevas cooperativas, con un total de 4.543.

Este fortalecimiento de la ESS y del cooperativismo, como sector que ha demostrado fortaleza en momentos de crisis y destrucción de empleo, ha generado también un cierto aumento del interés de instituciones como la Generalitat de Catalunya o el l’Ajuntament de Barcelona, que han diseñado y creado algunas —seguramente insuficientes y con cierta torpeza— políticas públicas para fomentarla. Un ejemplo de esta convergencia de factores se dio en Coòpolis, un proyecto que nace en 2015 con el objetivo de fomentar la economia social y solidaria en Barcelona “contribuyendo a construir un ecosistema de actividad socioeconòmica y formativa, de generación de ocupación y de impacto social”, en sus propias palabras. Situado en el complejo vecinal de can Batlló, el proyecto surgió de la iniciativa barrial y cooperativista del barrio de Sants, con el apoyo del Ajuntament de Barcelona y Barcelona Activa (la agencia de desarrollo municipal), y con el respaldo de fuertes organizaciones de la economía solidaria y cooperativistas catalanas, como la Xarxa d’Economia Solidària, les Federacions de Cooperatives o Coop57, y de otros colectivos de Sants.

Poco después, dentro de Coòpolis se creó el Cercle de Migracions i Economia Social Antiracista, un grupo de proyectos formados por personas migrantes y racializadas que comenzó a organizarse para acompañar procesos de creación de cooperativas migrantes. Desde una mirada antirracista, se empezaron a cuestionar hasta qué punto puede la economia social y solidaria ser una economia transformadora, como así se autodenomina, si no ve o no más allá de las murallas de su fortaleza. Es decir, hasta qué punto un projecto económico, político y social como la ESS puede ser transformador si no prioriza el cuestionamiento del racismo estructural en su sociedad, ni tampoco incorpora la agenda antirracista. Por ejemplo, si no se cuestiona por qué dentro de la ESS solo hay un 4% de personas migrantes y racializadas en una sociedad como la catalana en la que hay, oficialmente, un 16% de población migrante. O si no se preocupa de cómo luchar contra vulneración de derechos básicos que representa la Ley de Extranjería, a través, por ejemplo, de la contratación e incorporación a las entidades de la ESS de personas migrantes en situación irregular.

Esas reflexiones internas se llevaron a la asamblea general de Coòpolis, que las aceptó y estuvo de acuerdo. Este órgano acordó que era su responsabilidad el ponerse a trabajar en ese tema, y durante estos últimos años han acompañado la gestación, el diseño y la puesta en marcha de numerosos proyectos de lo que se podrían llamar proyectos de la economía social antirracista.

En 2016, en el contexto de un postgrado universitario organizado por la Xarxa d’Economia Solidària, coordinado por la Ciutat Invisible y reconocido académicamente por la Universitat Pompeu Fabra, empieza a gestarse la creación de un proyecto importante y significativo dentro de lo que será ese crecimiento de la economía social diversa en Barcelona. Se trata de Migració i Economia Social i Solidària (Migress). Este es el primero de los ochos ejemplos de proyectos de economía social diversa recopilados aquí.

Fuente El Salto
Imagen Robert Bonet


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