De alianzas progresistas y demás hierbas

Miguel Ángel Sandoval

En los meses pasados, de enero a la fecha, hice llegar a la dirigencia de las organizaciones progresistas, varias cartas con preocupaciones acerca del estado de cosas en el país, así como de las perspectivas para el conjunto de organizaciones y de manera general a la sociedad guatemalteca. Todo en el ánimo de dar paso a formas más elaboradas de comunicación, coordinación, eventuales alianzas y acción entre las diversas organizaciones.

A la fecha la norma ha sido el silencio por parte de las organizaciones. Parecería que el síndrome de ser partido se apodero de las dirigencias y con ello los espacios de dialogo y los puentes se han convertido en algo raro. Es la idea que el silencio como tal y en sí mismo, es suficiente ante las demandas de un ciudadano común. Es el mito que solo se habla entre partidos o entre fuerzas organizadas. Las opiniones con origen en personas son automáticamente descalificadas y merecedoras del más profundo silencio. Al menos ese es el destino que han tenido las cartas que con propiedad y respeto dirigí las organizaciones citadas.

En el tiempo pasado entre las cartas, lo único a mencionar es una respuesta oblicua por una de las organizaciones y a partir de ahí, un silencio absoluto. No obstante, uno de los dirigentes de otra organización, reprodujo un ataque sin mucho sentido y en animo descalificador, en el mejor estilo nacional, y luego el silencio ante los argumentos presentados en las cartas elaboradas.

Es parte de la situación general de las organizaciones. El activismo no es fuente de razonamiento y menos de formulaciones teóricas o políticas. Los argumentos, como se señala, son merecedores del silencio, quizás porque no se consideran pertinentes o porque no se entienden o porque no merece la pena dedicarles un momento de reflexión. Se trata de una extendida falta de formación ideológica y política.

Sigo pensando que la política es publica, que los argumentos políticos deben serlo igualmente, y, asimismo, considero que las diferencias políticas o ideológicas o programáticas entre las organizaciones deben ser puestas sobre la mesa y debatirlas. Las suposiciones o los sobrentendidos, no aclaran nada y de forma general, solo ayudan a complicar más las ideas que unos tienen sobre los otros. El debate es el gran ausente.

En un libro que debe aparecer en las próximas semanas, presento un balance de varios procesos de acercamiento entre las organizaciones o grupos de izquierda o progresistas en el país, durante los últimos años y varios procesos electorales. Se dice fácil pero solo por la existencia de las redes y las nubes de almacenamiento de datos, es que pude encontrar algunos escritos hechos en los años que van de 2017 a 2022. Aunque la preocupación principal se ubica alrededor de la demolición de las instituciones de la democracia, que ocurre en nuestro país de manera sostenida, en los últimos dos gobiernos.

En otras palabras, mis apuntes no se limitan a las cartas escritas o a un par de artículos con acento provocador. No contra de nadie sino en el ánimo de generar un debate político, sin descalificaciones y sin alusiones personales. Salvo que llegado el caso se asuma que el debate se personaliza y entonces sí, se podría pensar en debates entre personas. Eso sí, con argumentos, teóricos y políticos. Es una especie de reglas del juego democrático.

Con ánimo de iniciar un debate publique un artículo en donde decía que, entre los grupos de izquierda o progresistas, la diferencia que existía era semejante a las existentes entre la hierba mora, el quilete y el macuy. O sea, ninguna de hecho, pues las tres hierbas se conocen con esos nombres más por asuntos regionales o de costumbre que por la diferencia real que exista entre ellas. Agregaría que muchos de quienes quieren participar de forma libre y meditada en algún partido progresista, no saben por cual decidir. Se parecen tanto y por ello participar es casi el juego del tin marín de los patojos de antes.

Y en otro orden de ideas y preocupaciones, decía que en nuestro país no existía nada parecido a un izquierdometro, con lo cual quería subrayar que no se podía pensar en alguien mas revolucionario que el otro o más izquierdista que el otro. No era posible en casos en donde los programas. Y devuelta, por la existencia de visiones demasiado parecidas, programas en donde sin mucho análisis, se podría concluir que eran iguales unos de otros. Ponía un ejemplo: el asunto fiscal. En este o hay impuestos directos o indirectos. Y las opciones son muy claras. Solo los neoliberales plantean impuestos indirectos. Los progresistas demandan impuestos directos, al capital, etc. Lo que varía es el monto. Dos o tres por ciento. Pero nada más que eso.

Luego de los ejemplos anteriores, hay una constatación: ni una sola de las organizaciones se anima a un debate claro, transparente, con ideas, argumentos, posturas ante los temas nacionales, y solo se limita el asunto a las candidaturas o a las cuotas que cada una puede obtener en un proceso con otras organizaciones. Es algo que da pena decir, pero los asuntos programáticos, o los ideológicos, no forma parte de las discusiones ni de las mesas de trabajo, que en verdad hay unas cuantas, pero que no pasan de generalidades y de cuidarse las espaldas. Así de grave la situación.

Lo más grave, sin embargo, es que se rehúye la alianza pues se argumenta, que, por el sistema electoral de minorías, tienen la posibilidad de ganar una diputación o varias sin pasar de los dos dígitos. En otras palabras, marginales sin correr riesgos. Total, hay uno o dos departamentos en donde hay un pequeño nicho de electores y con eso basta y sobra para un distrital, uno nacional, a veces un diputado en el Parlacen. Eso es todo y a votar en ocasiones por puras pendejadas.

Ahora bien, esa visión pesa para no apostar por alianzas claras, que sumen fuerzas, etc. Y en contra de esto se ponen ejemplos de que en ocasiones anteriores se intentó alianzas que no dieron resultados. Y creo que ello debe ser discutido en serio. En lo personal fui candidato por una coalición Winaq-Urng-. Con tan mala fortuna que la alianza fue solo para el binomio, pero para las diputaciones y alcaldías se corrió divididos, un candidato por cada fuerza y con ello la confusión en todas partes. El colmo fue en un pequeño pueblo del altiplano: hubo al final del mitin, dos almuerzos. Uno para cada integrante del binomio. Hay que decir, que uno por Winaq y otro por Urng. El absurdo total. Finalmente, la gente que no es tonta, opta por el voto útil.

Ahora, hay grupos que optan por ir solos, o por alianzas con otras fuerzas tradicionales y aceptando la idea de que la izquierda o el progresismo, o los revolucionarios restan votos, sin darse cuenta que las debilidades programáticas, el temor a asumir la verdadera naturaleza, es lo que confunde a la gente y resta votos. Además, que coyunturas pasadas no se repiten de forma automática. Que el desempeño en el parlamento es notorio y los votos que se emiten o no, son leídos con lupa en la sociedad.

Así pues, que este proceso electoral con las fuerzas progresistas divididas por razones que nadie entiende, y que nadie valora, nos debe colocar en la zaga de los resultados y la buena influencia que podría aprovecharse de las victorias progresistas de otros países. Es de suma importancia señalar, que, desde el aparecimiento de la primera carta a las organizaciones progresistas, el número de candidatos a crecido a nivel de uno por cada expresión.

No obstante, aún es tiempo de reorientar la acción de los grupos progresistas. Los grupos pueden rectificar esa conducta casi suicida. Pero para ello hace falta una buena dosis de voluntad política.

NOTA. Como se ha publicado en medios de comunicación, los conservadores de toda la vida establecen alianzas de cara a las próximas elecciones. El maridaje entre los herederos del genocidio y de la privatización salvaje es un hecho. Mientras, a los progresistas se les amenaza de forma abierta o velada con restricciones electorales. A Telma Cabrera de le acusa de propaganda anticipada. A Semilla no se le validan sus asambleas y se le abren antejuicios, a Urng se le cobran multas exorbitantes que constituyen casi extorsión, mientras cada quien prefiere ir por su lado. Chiquitos pero sectarios. Un viejo dicho de las fuerzas progresistas y dogmáticas del continente.


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