Cómo saber si se está en lo correcto

Autor: Jairo Alarcón Rodas

A una democracia que soñaba en principio con la participación directa y más tarde con la representación equitativa de los intereses sociales, se agrega una democracia de garantías, protectora de las libertades, la diversidad y la dignidad de seres humanos que son, más profundamente que ciudadanos y trabajadores, individuos que defienden su derecho universal a ser Sujetos.
Alain Touraine

La lógica es la disciplina que se encarga de ordenar el pensamiento y el correcto razonamiento a partir de las formas válidas de entendimiento que les sirven a los humanos para orientarse en el mundo. No obstante, las personas no solo se comportan lógicamente, es más, en la mayoría de las veces solo actúan sin pensar, con acciones caracterológicas que los hacen más espontáneos, pero menos reflexivos, consecuentemente más propicios a cometer errores.

Otros, en cambio, hacen de la razón un instrumento para alcanzar un objetivo, para obtener beneficios personales, al margen del cumplimiento de las normas, siendo los que, regularmente, expresan elucubraciones retóricas para lograr ilegítimos objetivos, ya que dentro de su escala de valores su bienestar personal está por encima del de los demás.

Supuestamente, al accionar le debería preceder un mapa mental, un esquema ordenado de pensamientos que determinará los pasos a seguir, lo que hay que hacer; sin embargo, muchas acciones que se realizan son espontáneas, situando a las personas en el mundo, orientándolas de una manera casi gregaria. Muchos impulsos accionales se realizan por imitación, responden a una conducta preestablecida en comunidad que las personas simplemente reproducen sin reflexionar.

Así, el ensayo y el error ha sido la forma de determinar la certeza de acuerdo con un plan o proceso establecido, pero acertar no necesariamente significa que sea lo correcto. Un delincuente sale a robar y si es certero significa que otra persona o personas saldrán perjudicadas con las acciones perpetradas por el criminal lo que, sin lugar a duda, no es lo correcto. De ahí que lograr un objetivo no es condición necesaria para que eso sea lo correcto, aunque el pragmatismo lo pondría en duda.

No obstante, las personas se mueven por intereses particulares, es importante que estos coincidan con el de los demás si se convive en sociedad, a modo que no propicie discordia, por lo que se abren dos escenarios: uno, el de la esfera privada y, el otro, de la esfera pública. Entre los seres humanos existe algo común que es lo que los caracteriza, eso que se comparte y le es necesario a todos, es lo que constituye la esfera pública y lo que permite el flujo de interacciones para la búsqueda de satisfactores comunes. El otro, lo privado, constituye lo propio de cada individuo, lo que lo diferencia.

Pero ¿qué tanto de lo que corresponde a la esfera privada influye en el comportamiento humano, a modo de que pueda causar contrariedad en la pública? Si se arrastran atavismos particulares a la esfera de otros, ocasionará choque y distanciamiento, dado que el otro verá irrumpido con algo que no comprende ni acepta. La apertura a múltiples escenarios podría ser la solución, aunque se corre el riesgo que el atomismo que pueda surgir distancie y cree conflicto.

Es convincente que lo que une no es lo que diferencia, a no ser que se tenga en claro lo que es lo esencial y lo accidental. Siendo lo accidental lo particular que distingue a todo individuo y lo esencial lo común en lo humano. Dentro de toda construcción que puede hacerse en la corporeidad humana, subsiste lo humano y eso es lo que marca la pauta para establecer lo esencial y así, ser racional, indica Max Horkheimer, es observar las reglas sin las que el individuo y el todo puedan vivir.

Popularmente se dice que los opuestos se atraen, pero si eso sucede es porque ha habido un punto de convergencia, de encuentro, una atracción sensible, de lo contrario, no habría posibilidad de converger. La atracción física es lo primario que se establece en un encuentro, pero a esta le sigue la convergencia en ideales, principios y aspiraciones.

Sin duda, dentro de la diversidad hay unidad que deriva el surgimiento de los gremios, las comunidades, las fraternidades y las sociedades. Una sociedad se establece para la satisfacción y el bien común de los que la forman y, para ello, debe garantizar lo que provea satisfacción a sus miembros, ello constituye la esfera pública. De tal modo que hay un marco de acción que impone el criterio a seguir, en este caso, lo que determina un actuar correcto y responsable a la convivencia en sociedad.

Sin embargo, el límite que separa la esfera privada de la pública debe ser tomada en cuenta a modo que las inquietudes individuales no entorpezcan a las de los demás ni que estas limiten las individuales. ¿Cómo se logra eso? La ética, está destinada a ser la que regule ese comportamiento a través de la construcción de valores que resguarden lo común y lo propio. De ahí que, aquel que vele solamente por sus intereses en perjuicio del de los demás estaría al margen de lo ético y en la senda de lo perverso. De ahí que, el reflexionar sobre lo humano, sobre lo que es y forma parte, permite distinguir lo correcto de lo que no lo es.

En el liberalismo económico, en donde se presume que están garantizadas las libertades individuales, el ser humano pierde su calidad como tal al ser estandarizado, uniformado dentro del mercado de transacciones, convirtiéndolo en un engranaje más de la maquinaria del sistema. Son las condiciones concretas de trabajo en la sociedad las que imponen el conformismo y no las influencias conscientes que, adicionalmente, harían estúpidos a los hombres dominados y los desviarían de la verdad, señala Theodor Adorno.

Satisfacer las necesidades esenciales es propio de todo ser vivo y en los humanos comienza con la racionalidad instrumental, que consiste en el mecanismo por el cual el ser humano busca adaptarse al medio para satisfacer sus necesidades, en la cual se privilegia la utilidad y se considera a los objetos medios para alcanzar fines determinados.

Qué es lo que quiero, en dónde me encuentro, qué es lo que puedo y cómo debo hacerlo, debería ser el razonamiento por seguir, al perseguir un objetivo. Tomando en cuenta que lo que se quiere sea posible, contemplando el contexto en el que se esté y, así, el límite de los deseos personales lo establecerá la insatisfacción que puedan causar su consumación en las aspiraciones de los demás, por lo que cobra importancia la forma de hacerlos realidad.

Lo correcto, por lo tanto, tiene un componente gnoseológico, antropológico y ético que merece ser reflexionado y, desde luego, difundido.


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