«Ucrania muestra que el dominio de Occidente llega a su fin»: Tony Blair

El ex premier británico Tony Blair, adicto al «gobierno global» jefaturado por “Gran Bretaña (GB) global (https://bit.ly/3cr0YUK)”, impartió una conferencia derrotista –»¿Después de Ucrania, qué lecciones tiene ahora el liderazgo occidental?»– en Ditchley Foundation que apoya la indefectible alianza de EU y Europa (https://bit.ly/3aMrMPa).

El muy polémico Blair, triunfalista consuetudiario, emitió su canto de cisne mientras el G-7 se encuentra en plena ingobernabilidad, primordialmente en la anglósfera: defenestración del globalista Boris Johnson; caída libre de Biden y Kamala Harris (https://bit.ly/3PmLvDQ); impasse del presidente galo Macron, atrapado entre las llamadas «extrema izquierda» y «extrema derecha»; renuncia del premier italiano monetarista Mario Draghi (que no fue aceptada por el presidente Sergio Mattarella); asesinato del muy influyente ex premier nipón Shinzo Abe; grave crisis energética de la coalición acrobática de Alemania, al borde de la recesión…

Según Reuters, que suele ser muy propagandística (https://reut.rs/3zjHJp6), Blair asentó que «la guerra de Ucrania muestra que el dominio de Occidente termina conforme China asciende al estatus de superpotencia en asociación de Rusia como uno de los puntos de inflexión más significativos en siglos (sic)». La confesión derrotista de Blair, socio de guerras múltiples de Baby Bush, ha sido escamoteada en forma flagrante por los multimedia del tal «Occidente (whatever that means)», aplicado más a su «guerra de propaganda» y a la censura nihilista.

Blair sentenció que «el mundo se encontraba en un punto de inflexión histórico comparable al fin de la Segunda Guerra Mundial o al colapso de la URSS: pero en este tiempo Occidente no se encuentra claramente (sic) en auge». El muy locuaz globalista neoliberal Blair no se atrevió a emitir el real diagnóstico terminal: “El fin del siglo estadunidense (https://bit.ly/3PHLwCj)” y la derrota pospuesta de GB desde la Primera Guerra Mundial, no se diga la segunda, cuando EU vino a su rescate para implementar la llamada «relación especial». Blair pronosticó que «el mundo será por lo menos bipolar (sic) y posiblemente multipolar (sic)». Es obvio que Blair, hoy alicaído, anhela una tramposa bipolaridad de las dos superpotencias, EU y China, eludiendo, debido a su congénita rusofobia, a Moscú. Blair elucubra de que «el máximo cambio geopolítico de este siglo vendrá de China, no de Rusia».

Blair equivoca, a mi juicio, el esquema genuino del siglo XXI: una bipolaridad geoestratégica regional (sic), el bloque EU/OTAN/Unión Europea, a la baja, frente a la «asociación estratégica» de Rusia y China, al alza, y una multipolaridad de varios países que se ajustarán en consecuencia a la realpolitik del siglo XXI: India, Irán, Turquía, Pakistán, Arabia Saudita, Brasil, Argentina, etcétera. Blair destila toda su amargura globalista: «la guerra en Ucrania clarificó que Occidente no puede contar con China para comportarse en la manera que consideraríamos racional». En lugar de perorar sobre «racionalidad», Blair debió haber formulado mejor: «sus intereses», como sentenció su antecesor el vizconde Henry John Temple Palmerston (1784-1865). En medio de su confusión mental, que refleja la decadencia globalista de la anglósfera, Blair emite algunos fractales de lucidez cuando reconoce que el «lugar de China como superpotencia es natural y justificado», cuando su economía superará a EU, mientras «encabeza algunas tecnologías del siglo XXI como la inteligencia artificial, la medicina regenerativa y los polímeros conductores». Prevé que sus «probables aliados son Rusia e Irán (¡megasic!)». Finalmente asentó que «Occidente no debe dejar la superioridad militar de China», por lo que «deberá incrementar el gasto militar y mantener su superioridad militar».

Aquí Blair se vuelve a equivocar cuando es la superioridad militar de Rusia –con su panoplia de misiles hipersónicos dotada de bombas nucleares (https://bit.ly/2CbHXjy)– la que provee el paraguas indispensable a China para su ascenso geoeconómico global.

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Fuente La Jornada


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