¡Paro es paro!

Autor: Jairo Alarcón Rodas
Tras fracasar es posible seguir adelante y fracasar mejor; en cambio, la indiferencia nos hunde cada vez más en el cenagal del ser estúpido.
Slavoj Zizek

La democracia, decía Platón, es la peor forma de gobierno que existe, pues les da potestad a las mayorías de decidir por todos, aunque frecuentemente se equivoquen; más tarde, Alexis de Tocqueville indica que es a partir de las democracias que se establece la tiranía de las mayorías; Winston Churchill señaló que la democracia es el peor sistema de gobierno, a excepción de todos los demás. A pesar de ello, la democracia es el ideal por consolidar.

Actualmente, Habermas habla sobre la democracia deliberativa, que consiste en la participación efectiva de todas las personas potencialmente afectadas con la finalidad de obtener respuestas satisfactorias, basada en el principio de deliberación, entendida como la argumentación y discusión pública de las diversas propuestas. La democracia sería el modelo ideal de gobierno si todos contaran con el criterio debido para vivir en sociedad y fueran responsables de sus actos, lo que equivale potencializar sus capacidades intelectivas y humanas.

No puede existir una sociedad sin un ordenamiento, en el caso de un país, de un Estado, y este, sin un gobierno que se respalde en una Constitución Política. De hecho, no hay sociedad, grupo, fraternidad, asociación que no se base en el cumplimiento de normas, reglas y leyes para su funcionamiento, de lo contrario todo sería un caos y, en materia de la democracia dentro de una sociedad, el respeto a las decisiones de la mayoría es inequívocamente pertinente.

De tal modo que, al convivir en sociedad y en democracia, no se pueden tomar decisiones que contradigan lo establecido por la mayoría, pues crearía anarquía y caos que no permitiría su adecuado funcionamiento. La libertad de decisión individual, cuando se convive en sociedad, queda limitada ya que el comportamiento personal está regulado por lo que determine la sociedad para el bien de esta, de lo contrario, se imponen penas y sanciones para sus infractores.

La crisis universitaria a la que ha llevado el pacto de corruptos que opera dentro de la universidad de San Carlos, tras el fraude perpetrado y las acciones en las que han impuesto en la rectoría a Walter Mazariegos, además de socavar aún más a la única universidad pública del país, se viola grotescamente la autonomía universitaria de la San Carlos. Tales hechos han llevado a que, dignamente, los estudiantes de diversas unidades académicas alcen la voz enérgicamente y digan no al fraude e impulsen el rescate de la universidad a través de la toma de edificios y de un paro estudiantil.

Pero ¿qué es un paro estudiantil? Sin lugar a duda, un paro estudiantil es el mecanismo de resistencia ante irregularidades que socaven los intereses estudiantiles y, en el caso del decretado por los estudiantes de diversas unidades académicas de la universidad de San Carlos, tiene su origen en la corrupción y en la pérdida de la materialización de los ideales estipulados en la visión y misión de esa casa de estudios y que se agudizó con la imposición de rector, de Walter Mazariegos.

No al fraude en las elecciones a rector de la universidad de San Carlos y su rescate, es lo que exigen los estudiantes y es lo que les ha obligado al paro estudiantil, movimiento que requiere del apoyo de todos aquellos que quieren un mejor futuro para la universidad y, desde luego, para el país; ignorarlo convierte en cómplices, pues el silencio otorga. Pretender que apoyar el paro significa vociferarlo públicamente constituye una ridiculez.

Se entiende por paro cuando, en oposición a lo establecido por regímenes espurios, se desatienden sus instrucciones y mandatos, los cuales se les considera anómalos, fraudulentos, ilegales. Así, decretar un paro estudiantil significa que no se aceptarán, que se desarrollen ningún tipo de actividades académicas, clases, conferencias, a no ser que vayan encaminados a desvirtuar lo que ha originado el cese de actividades.

De ahí que, cuando se habla de un paro estudiantil, éste es decretado por la mayoría de los estudiantes en asamblea y atendiendo a los estatutos pertinentes que regulan el accionar estudiantil, dentro de un marco de derechos y obligaciones. La representatividad estudiantil en la toma de esas decisiones se lleva a cabo a partir del deseo de la mayoría, atendiendo causas justas, en el marco de una democracia representativa.

Lo que está en juego es mucho, pues la universidad de San Carlos puede perderse definitivamente. Ser indiferente es permitir que la universidad continúe siendo el botín de personajes inescrupulosos que, pisoteando a la academia, la han convertido en su guarida para oscuras transacciones políticas, negocios al amparo de la red de corrupción que tiene en crisis al país y en eso, decanos, directores de Escuelas, docentes, egresados y algunos estudiantes son responsables.

¿Qué ocurriría si la universidad de San Carlos continúa en manos de corruptos? Si eso sucediera, se perdería por completo lo que hasta hoy en parte se ha perdido y que a todas luces debe ser recobrado: el compromiso con la sociedad guatemalteca, con los sectores marginados, con la niñez y la juventud, el compromiso con una educación superior digna; se perdería la vergüenza y la dignidad como sancarlistas. Y, al parecer, algunos no lo han entendido ni les interesa mientras sigan recibiendo su sueldo y permanezcan en su zona de confort. De ahí que se pierda la identificación con el pueblo y la credibilidad que en años anteriores se contaba.

El paro estudiantil es suspender las actividades académicas, lo cual significa no estar dispuestos a recibir clases mientras permanezcan las autoridades que, fraudulentamente, tienen detentada virtualmente a la universidad y, desde ahí, pretenden dirigirla, lo cual no significa que el compromiso efectivo de todos los sancarlistas con la autonomía universitaria, con la universidad de San Carlos, con el país sea desatendido. El estudiante consciente tiene presente que, por ningún motivo, se debe graduar de explotador, aunque haya docentes que lo han olvidado.

La resistencia ante medidas tiránicas es un derecho ineludible de todo ser humano y con acciones y firmeza debe ser ejercida. Pero hay que tener presente que, como lo dijo Hannah Arendt, en las condiciones de la tiranía, es mucho más fácil actuar que pensar, lo cual puede conducir a garrafales errores.


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