Aires de una izquierda renovada para América latina

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Compartimos cuerpos con dos ojos, diez dedos de las manos, diez dedos de los pies; compartimos la vida en esta tierra; compartimos regímenes capitalistas de producción y explotación; compartimos sueños comunes de un futuro mejor.
Antonio Negri

Tras siglos de explotación colonial, de regímenes autoritarios y dictatoriales en América latina, de años de pobreza, miseria y desencanto, de gobiernos corruptos, la necesidad de una renovación de la izquierda se hace necesaria y, con ello, el fortalecimiento de un movimiento político inteligente, crítico y no dogmático que, sobre las bases de la solidaridad y la justicia, proponga una transformación democrática en la región.

La izquierda, que surge como respuesta a la derecha aristócrata, empobrecedora y selectiva tras la Revolución Francesa, no puede ni debe quedarse petrificada en el tiempo, anclada en el pasado, pues al propugnar por el equilibrio social requiere, constantemente, revisar las propuestas teóricas que se plasmen en hechos concretos, de acuerdo con el momento histórico en el que se viva ya que la sociedad no es estática sino dinámica.

El pensamiento dialéctico de Hegel, el socialismo utópico francés, el materialismo de Feuerbach, el evolucionismo de Charles Darwin, la economía clásica inglesa configuró el socialismo científico de Karl Marx y de Federico Engels que, junto con las ideas de Lenin y otros pensadores revolucionarios y políticos rusos dieron vida a la Revolución Bolchevique que configuró a la Unión Soviética, disuelta en 1991, constituyendo un duro golpe para la izquierda. No obstante, pese a lo descrito por Francis Fukuyama en su libro El fin de la Historia y el último hombre, el socialismo sigue vivo como respuesta a la deshumanización del capitalismo en el mundo.

El socialismo sigue vigente, pero es necesario incorporar al presente ideas frescas, pensamientos preclaros que revitalicen y corrijan los errores del pasado en un mundo cada vez más complejo e incierto. Sin embargo, ahora la izquierda y el socialismo tienen muchos matices y, en algunos casos, con ideas contrapuestas. ¿Será, como señaló Adam Schaff, que eso se deba a que no se ha entendido lo que es el socialismo?

Revisando lo ocurrido en la Unión Soviética, Schaff plantea en su texto Las zonas inexploradas del socialismo contemporáneo, la importancia de repensar lo que este es, se trata de asuntos tan novedosos que carecen de respuesta en las «biblias» del socialismo escritas por los clásicos: ellos no sólo no vivieron nuestras situaciones, sino que tampoco pudieron preverlas y eso nos obliga a utilizar nuestros propios cerebros y resolver los problemas por cuenta propia. De modo que los diálogos y discusiones sobre el socialismo y su aplicación deben ser permanentes.

Las desigualdades que ha establecido el capitalismo en el mundo, obligan a la reformulación de un modelo económico distinto, arropado en un sistema que le devuelva la importancia que representa lo humano en el establecimiento de las sociedades y las relaciones que ahí se establezcan, un sistema que se sustente en el ser y no en el tener, en la razón objetiva y no en la subjetiva, que se inspire en la convicción y no en la fe, siendo ese el socialismo y la izquierda progresista, corriente de pensamiento que contemple y encare los problemas que actualmente aquejan a la humanidad de forma reflexiva, crítica y humana. Pero ¿cómo debe entenderse el socialismo?

Gran parte de los problemas que se suscitan dentro de la sociedad se debe a que no se le presta la atención debida a la condición humana, sus potencialidades y aspiraciones. Y es por lo que sistemas imponen criterios que, como camisa de fuerza, reprimen las actitudes y potencialidades humanas y, en otros casos, imposibilitan el desarrollo de las personas a partir de un modelo que destina privilegios para unos y miseria para muchos. Sin duda, mientras menos ignorancia y más criterio haya, las relaciones entre las personas se harán más sólidas, imponiéndose lo ético sobre lo arbitrario. En donde valores solidarios prevalezcan y el criterio dé paso a la lucidez.

La izquierda tiene que preparase, salir del letargo en donde se encuentra, lo cual significa actualizarse teórica y experiencialmente, revisando los errores que se han cometido en el pasado con miras a devolver, como Marx lo creía, la calidad de humanos a aquellos que en el capitalismo la han perdido dada la apropiación real de la naturaleza humana a través del nombre y para el hombre que enajena, ausenta a las personas de la realidad, cosificándolas para su explotación.

El mundo se ha complejizado; aspectos como el paro estructural, las incesantes migraciones, el auge de la diversidad, la multipolaridad del planeta, la inseguridad y las desigualdades alcanzan niveles distintos de los vividos en el pasado ya que el tiempo les imprime a las sociedades nuevos escenarios y, por lo tanto, una actitud distinta para enfrentarlos, pues en más de una forma las cosas han cambiado.

Actualmente, la izquierda se ha posicionado en varios países de Sudamérica, Venezuela, Bolivia, Perú, Chile y recientemente Colombia, con algunos matices, con sus diferencias, pero con un mismo ideal y es el de conformar sociedades más justas, con oportunidades para todos y sin privilegios que perviertan la cohesión social. Sin duda, cada país deberá sortear los embates de la intransigente derecha y el abusivo intervencionismo del gobierno de los Estados Unidos, pero, sin duda, que con inteligencia, solidaridad e integridad se podrá sortear.

Y como lo dijo Simón Bolívar, la unidad lo hace todo y, por lo mismo, se debe conservar este precioso principio. Estrechar lazos férreos entre los países latinoamericanos que han comprendido que continuar con regímenes de derecha significa empobrecerse cada vez más y constituiría una especie de suicidio colectivo, que conculcaría deseos y aspiraciones genuinas de sus habitantes, por lo que crear un frente común latinoamericano constituye una necesidad frente a las amenazas de los insensatos enemigos del progreso.

La izquierda en Guatemala debe prepararse teóricamente, actualizarse y buscar la unidad y no sobre la base de la diversidad, sino en lo común que atañe a todo ser humano que aspire a ser un ser humano. Principios como la justicia y la equidad, la solidaridad y la integridad, valores que son posibles dentro de una sociedad en la que las necesidades vitales sean resueltas ya que, como lo afirma Erich Fromm, el hombre necesitado, cargado de preocupaciones, no aprecia el espectáculo más hermoso y se conforma con lo superficial, que muchas veces no concuerda con la realidad y lo confunde, lo distrae, conduciéndolo al error que favorece a los sectores dominantes y represivos.

El dilema es o seguir permitiendo que la derecha continúe empobreciendo a este país o lograr el cambio a través de la unidad remozada de la izquierda.


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