Petro es la única alternativa democrática

Mikael Wolfe y Christian Robles-Baez
Traducción: Valentín Huarte

Gustavo Petro, el candidato de la izquierda, disputará este domingo la segunda vuelta de las elecciones presidenciales contra Rodolfo Hernández, populista de derecha. Como era de esperarse, las élites tradicionales están organizándose para respaldar a este supuesto político «antisistema».
La izquierda recibió muchas buenas noticias después de la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Colombia, celebradas el 29 de mayo. Un análisis comparativo de los datos de las últimas dos elecciones (2018 y 2022) pone en evidencia la fortaleza política del candidato de izquierda, Gustavo Petro, y de su compañera de fórmula, Francia Márquez.

En nuestra perspectiva, los resultados de la primera vuelta confirman que Petro todavía tiene grandes chances de conquistar la presidencia, siempre que sea capaz de capitalizar sus puntos fuertes y de ajustar rápidamente su estrategia para confrontar a un oponente inesperado y poco convencional: Rodolfo Hernández, populista que representa a la derecha insurgente.
Giro a la izquierda
El crecimiento de Petro comenzó en marzo, cuando su partido político, Pacto Histórico, conquistó la mayoría de los votos en las elecciones legislativas en una proeza sin parangón en la historia de la izquierda nacional. Poco tiempo después, Petro ganó la primera vuelta de las presidenciales con cerca de 8,5 millones de votos, es decir, con el 45% del total. El avance es significativo respecto a 2018, cuando Petro quedó segundo en la primera vuelta, con 4,8 millones de votos (25%).

Este año, Petro ganó 412 municipios de un total de 1124, mientras que en 2018 había ganado solo 255. También incrementó su caudal de votos en 1058 municipios. En otros términos, Petro aumentó su proporción de votos en el 94% de los municipios de Colombia. Perdió algo de apoyo en apenas 64 municipios (5% del total) y solo nueve se pasaron del lado de Rodolfo Hernández.

Más impresionante es notar que Petro conquistó 127 municipios (más del 10%) que, en la primera vuelta de 2018, habían votado por Iván Duque, candidato de la derecha. Estos distritos están concentrados en la zona occidental del país, en el sur y en el caribe. Sumando un total de 166 municipios, Petro también ganó en otros 39 distritos donde en 2018 habían triunfado candidatos rivales.

Las bases de Petro
La fórmula Petro-Márquez quedó en primer lugar en ciudades como Bogotá, Cali, Barranquilla, Cartagena, Santa Marta, Valledupar, Ibagué, Neiva y Pereira, y recibió un respaldo abrumador en las zonas más marginales de Colombia y en las áreas rurales. Nuestros análisis estadísticos, realizados con la colaboración de Laura Ortíz, de la Universidad de los Andes, Colombia, muestran un fuerte vínculo entre los votos de Petro y el porcentaje de personas que vive en la pobreza a nivel municipal. Este vínculo también era visible en 2018, pero este año es más pronunciado (ver cuadros 1 y 2).

En las regiones más pobres de Colombia, como La Guajira, Cauca (de donde viene Francia Márquez) y Nariño, Petro ganó en todos los municipios. En Chocó, otra región tradicionalmente postergada, salió primero en todos los municipios menos en uno. Con una mayoría de población afrocolombiana o indígena, estas regiones votaron por el cambio progresista con más entusiasmo. Esperan que la victoria de Petro-Márquez haga que el gobierno nacional preste más atención a sus necesidades y reivindicaciones sociales y les garantice por primera vez una mejor representación en el gobierno.
El voto Hernández
Es probable que la victoria de Petro en la primera vuelta no sorprenda: las encuestas durante la campaña habían predicho que sacaría el 40% de los votos. Sin embargo, no deja de ser un logro histórico en un país donde la derecha no duda en recurrir a la violencia extrema con el fin de eliminar a la izquierda o de evitar que conquiste poder a nivel nacional por medios democráticos. De hecho, tanto Petro como Márquez enfrentaron amenazas de muerte.

Pero la verdadera sorpresa de estas elecciones fue la irrupción de Rodolfo Hernández, que quedó en segundo lugar con 5,9 millones de votos (28,1%), superando por poco al candidato de derecha del establishment, Federico Gutiérrez (5 millones de votos, o 23,9%). En consecuencia, Petro enfrentará a Hernández en la segunda vuelta que debe definir la presidencia el 19 de junio.

La derrota de Gutiérrez evidenció la magnitud del sentimiento antisistema del electorado colombiano. También presenta un desafío adicional a la campaña de Petro-Márquez. Gutiérrez recibió muchas críticas porque además de contar con el respaldo de los partidos políticos tradicionales, tenía el apoyo implícito de Iván Duque, personaje sumamente impopular y actual presidente de la nación. Por el contrario, Hernández surgió como un outsider y captó una parte del electorado insatisfecho que Petro esperaba ganar en la segunda vuelta.

Con 77 años, Hernández es un magnate de los negocios y es exalcalde de Bucaramanga, una ciudad con medio millón de habitantes emplazada en la zona este de Colombia. Está sacando ventaja del colapso de la derecha tradicional y disputó las elecciones con un mensaje «anticorrupción» y «antisistema» simplista, impulsado a través de TikTok. Es el mismo tipo de estrategia que usaron con éxito otros populistas antisistema de derecha, como Donald Trump en Estados Unidos y Jair Bolsonaro en Brasil.

Como también sucedió con Trump y sucede con Bolsonaro, la retórica de Hernández contradice su archivo. De hecho, el candidato está implicado en un caso de corrupción por haber concedido contratos irregularmente durante su mandato y deberá presentarse a los tribunales el 21 de julio. En caso de que la justicia lo declare culpable, ni siquiera será capaz de asumir el gobierno.

Otro rasgo que lo acerca a Trump es que alardea con su riqueza y asegura que no está disputando la presidencia por intereses personales. También actúa un personaje de macho diciendo malas palabras y promoviendo la falsa impresión de que habla de frente, cuando en realidad no es más que un charlatán. No hay que olvidar que Hernández llegó a golpear a un miembro del Concejo de Bucaramanga que lo había cuestionado por otro caso de corrupción en el que estaba implicado su hijo.
Estilo contra sustancia
Estas excentricidades interpelan a muchos colombianos desencantados que están enojados con el establishment. Sin embargo, la base de Hernández no parece ser tan fiel como la de Trump. Esto significa que muchos de sus votantes podrían cambiar de opinión en la segunda vuelta.

Y esta divergencia podría terminar beneficiando a Petro. Su base es más sólida y tiene propuestas reales sobre toda una serie de temas importantes. Los vagos ataques de Hernández contra la corrupción apenas sirven para distraer al público de su autoritarismo y de su falta de políticas concretas.

En términos de política económica, por ejemplo, Petro propone nuevos mecanismos de redistribución de la tierra que incrementarían la productividad agrícola. También destaca la necesidad de acelerar la transición a energías renovables y reducir la dependencia de Colombia de la exportación de petróleo, y propone aumentar los impuestos que afectan las 4000 familias más ricas del país con el fin de hacer que la recaudación nacional sea más justa para la mayoría. Mientras que la derecha colombiana sostiene que Petro llevaría a Colombia a la quiebra y la convertiría en otra Venezuela, su agenda en este sentido es de hecho bastante conservadora: prioriza la estabilidad y la responsabilidad macroeconómicas con el objetivo de recaudar ingresos para que el gobierno los gaste en programas sociales.

Hernández, por otro lado, no tiene ningún programa específico ni elaborado. Su falta de apoyo en el congreso y su naturaleza autoritaria dificultarían enormemente su posible gobierno. Los detractores de Petro, tanto en Colombia como en Estados Unidos, lo acusan de ser un «terrorista marxista», pero es el autoritarismo de Hernández lo que hasta ahora quedó en evidencia. El magnate propuso disolver el congreso durante los primeros tres meses de su presidencia y empezó a publicar borradores de decretos que eliminarían muchas dependencias estatales.

Pero el carácter temerario de las acciones y de las palabras de Hernández no se agota en este punto. Sus arranques oscilan entre declararse seguidor del «pensador alemán Adolf Hitler» —después aclaró que quiso decir «Albert Einstein»— y prometer reducir a la mitad los precios del combustible y de los peajes para que todos puedan visitar la costa. Hernández también tuvo arrebatos misóginos durante los que cuestionó que las mujeres participaran del gobierno en vez de quedarse en sus casas y describió a las mujeres venezolanas como «fábricas de niños pobres».
Una alternativa prudente para la democracia colombiana
Con Hernández en la mira de los medios que empiezan escrutan su archivo y sus propuestas, ahora es paradójicamente Petro —acusado tantas veces de radicalismo y autoritarismo por sus oponentes de derecha— quien representa una alternativa de cambio más segura, más institucional y más democrática que Hernández. Aunque Hernández reunió el apoyo del establishment tradicional de Colombia, no brinda ninguna garantía de respeto a las reglas democráticas, ni tampoco está comprometido con el fortalecimiento de las instituciones públicas de Colombia.

Una vez que Gutiérrez quedó fuera de juego, los políticos de la derecha tradicional no tardaron en respaldar la candidatura de Hernández. Gutiérrez mismo anunció que votaría por Hernández apenas supo los resultados. El expresidente Álvaro Uribe y los miembros de su partido, Centro Democrático, también declararon que respaldarán a Hernández.

Entre los centristas la opinión está más dividida. Sergio Fajardo, candidato del centro que terminó en cuarto lugar, manifestó que tiene más simpatía por Hernández que por Petro. Sin embargo, su compañero de fórmula, Luis Gilberto Murillo, se unió a la campaña de Petro. Es un cambio significativo respecto de 2018, cuando esta tendencia quedó representada por el llamamiento de Fajardo a votar en blanco para beneficiara Iván Duque y perjudicar a Petro. Con este realineamiento de las fuerzas políticas, Hernández enfrenta la contradicción de presentarse como un «candidato de cambio» antiestablishment mientras goza del respaldo de los mismos políticos y partidos que encarnan ese establishment.

Paradójicamente, Petro ahora aparece como una figura del establishment que participó durante décadas en el congreso. Pero la izquierda colombiana siempre estuvo excluida de la presidencia por la fuerza o por otras medidas extralegales, motivo por el que no es del todo improbable que Petro logre presentarse más convincentemente como un el verdadero candidato antisistema frente a Hernández. Es todavía más cierto en el caso de su aliada Márquez, que nunca fue miembro del congreso.

En este sentido, la campaña de Petro tiene ciertas semejanzas con la que hizo Bernie Sanders en las primarias del Partido Demócrata de 2016 y de 2020. Durante una buena parte de su carrera, Sanders se presentó como un candidato socialista independiente y autónomo de todas las fuerzas, y terminó sumándose al Partido Demócrata porque era su única posibilidad de disputar la presidencia. Y, sin embargo, en el proceso, tuvo que aceptar ser parte del duopolio corporativo tradicional contra el que había hecho campaña.

En un primer momento, los resultados de la primera vuelta despertaron cierto pesimismo en los círculos de izquierda de Colombia y del extranjero. Pero las primeras encuestas realizadas desde entonces indican que Petro y Hernández están empatados. La victoria de Petro y de Márquez dependerá en gran medida de la dinámica electoral a nivel regional. La campaña del Pacto Histórico debe adoptar rápidamente una nueva estrategia.

Esta puede pasar por incrementar todavía más los márgenes del triunfo de la primera vuelta en las áreas donde conquistaron la mayoría, como Bogotá, el Caribe y el Pacífico, o por competir contra Hernández por los votos de regiones que podrían darse vuelta, como Boyacá, Huila Tolima y Cundinamarca. Aunque Hernández ganó en todas esas regiones, no lo hizo con márgenes significativos.

En términos ideales, el Pacto Histórico debería apuntar a concretar ambos objetivos, pero el tiempo es escaso y el rango de estrategias posibles se reduce cada día. En la primera vuelta, la motivación principal para votar por la fórmula Petro-Márquez era la esperanza de una sociedad más igualitaria. Ahora, en cambio, es probable que los votantes de Petro sientan la necesidad de conservar los estándares mínimos de un sistema democrático bastante corroído.

En otros términos, el balotaje parece anticipar ciertos rasgos que definirán las próximas elecciones brasileñas entre Lula y Bolsonaro. Aunque, a diferencia de Lula, que se movió hacia el centro desde su último mandato, o de Joe Biden, cuando enfrentó a Trump en 2020, Petro no solo representa la defensa de la democracia electoral colombiana contra las amenazas de la extrema derecha. También es probable que presione con mucha más fuerza que Lula o Biden en el sentido de un cambio social progresivo.

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