La estupidez mata de hambre

Por Umberto Mazzei
Fuentes: Rebelión

El tema de soberanía alimentaria o la seguridad alimentaria es ahora el más urgente en la agenda internacional.

Después de que los miembros de la OTAN lanzaran una guerra económica a gran escala contra Rusia bajo el pueril eslogan de “castigar a Putin”, una crisis alimentaria se hizo inevitable. El cierre del espacio aéreo europeo y los puertos europeos para los aviones y barcos rusos ha supuesto interrupciones en las cadenas de suministro de productos agrícolas básicos, principalmente aceite de girasol y cereales.

El primer ministro italiano Mario Draghi, el anterior idiota de dudosa reputación que estuvo al frente del Banco Central Europeo, dijo: “Las sanciones contra Rusia estarán vigentes durante mucho tiempo, los canales comerciales estarán cerrados durante muchos años, si no para siempre”. Draghi se refiere nada menos que a los canales de suministro de alimentos.

Por su parte el director general de la FAO, Qu Dongyu, anuncia que se avecina una grave crisis, por lo que algunos países ya se encuentran en una “fase catastrófica de inseguridad alimentaria”. Los gobernantes europeos están tratando de culpar a Rusia, insisten en que es responsable de la ruptura de las cadenas de suministro. ¿Es que no fue Bruselas la que excluyó a los barcos rusos del acceso a puertos europeos?

Rusia es una parte integral del sistema de comercio mundial y el mayor exportador de productos agrícolas. Muchos países africanos dependen casi por completo de sus exportaciones de cereales. Las sanciones contra Rusia son para castigar su intervención en Ucrania para impedir el genocidio de la mayoría ucraniana de lengua y cultura rusa, un crimen que Bruselas fingía ignorar y del que no decía nada porque era cometido por el gobierno títere puesto desde Maidan por Victoria Nuland, la Subsecretaria de Estado norteamericana. Para castigar la inevitable operación militar de Rusia para salvar del exterminio a la población de cultura rusa residente en el Donbass ucraniano.

Para perjudicar a la economía rusa Bruselas bloqueó la posibilidad de exportar cereales desde el territorio de Ucrania bajo control de Rusia o de la propia Rusia, como si no supiese que de esa región proviene un tercio de las exportaciones mundiales de trigo.

Rusia está haciendo todo lo posible para superar la crisis alimentaria y está lista para garantizar el paso sin trabas de los barcos con cereales ucranianos al mar Mediterráneo si Ucrania retira las minas que ha colocado en las aguas costeras.

Sin embargo, EE. UU. no tiene intención de aliviar las sanciones contra Rusia, lo cual dificulta las exportaciones de cereales de Ucrania o de Rusia al mercado mundial de cereales donde compiten con el que exportan los Estados Unidos y Canadá, que también son proveedores importantes y competidores mundiales de Rusia y Ucrania.

Es un cuento parecido al de las sanciones contra el gas importado de Rusia, que tiene un precio 40% más barato que el que Estados Unidos ofrece a Europa.

En Washington los gobiernos cambian pero las políticas siguen siempre igual.

Las restricciones logísticas existentes pueden conducir a un agravamiento de las contradicciones socioeconómicas en los países de África y Oriente Medio, lo que creará nuevos focos de inestabilidad en esas regiones. Tanto los países en desarrollo como los desarrollados están sintiendo las consecuencias: las tiendas sudafricanas han tenido que limitar la venta de aceite de girasol, cuyo precio ha subido un 55 % desde febrero, mientras las autoridades danesas y británicas también han limitado la venta de dicho aceite de girasol. La crisis ha golpeado la Eurozona, donde la inflación ha alcanzado un récord del 7,5%. En este contexto, surgen dudas sobre el futuro del suministro de alimentos y el nivel de impacto de las sanciones contra Rusia sobre la creciente crisis en la economía mundial.

Las penurias que sufrirá Europa el próximo invierno por culpa de las sanciones de los países OTAN contra Rusia. El hambre y el frio estarán en esa próxima estación, el momento propicio para derrocar la dictadura de la Comisión Europea, que es solo una pandilla nombrada a dedo por la sólita oligarquía partidocrática europea. Lo peor es que esa pandilla no responde ante los pueblos europeos de sus disparates catastróficos, ni tampoco ante el Parlamento Europeo.

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