El Consejo superior universitario al borde del abismo

César Antonio Estrada Mendizábal

“No hay mal que dure cien años ni enfermo que lo aguante”, y la situación de la Universidad de San Carlos de Guatemala, luego de varios lustros de estar prácticamente intervenida por una oscura, burocratizada y corrompida estructura que la ha corroído en sus bases científicas y éticas, ha sido llevada a un punto de inflexión donde o se pierde definitivamente o empieza su recuperación. Tan es así que el Consejo superior universitario (CSU) se ha retratado de cuerpo entero públicamente y se ha colocado en un dilema, al borde del abismo: retrocede y enmienda su proceder o se lanza a su perdición y arrastra consigo a la universidad.

Es ampliamente conocido el descarado fraude electoral que las “honorables autoridades” urdieron para violar la autonomía universitaria e imponer un rector electo que es rechazado por amplios sectores y que claramente no es idóneo para el cargo. Desde impedir la participación a diversos grupos en la elección de los cuerpos electorales hasta la grosera eliminación de electores contrarios al oficialismo en la elección final de rector, pasando por la represión policial en la malhadada última votación del sábado 14 de mayo en el Parque de la industria, todo ha conducido a esta barbaridad que sería impensable en cualquier universidad que se precie de serlo.

En la sesión del CSU del 25 de mayo en que se rechazaron arbitrariamente todos los recursos de revisión y se dio por electo a Walter Mazariegos, decano de Humanidades, estuvieron presentes 35 miembros (son 41 los que tienen derecho a voto) de los cuales doce se opusieron a tal rechazo, dos se abstuvieron y 21 estuvieron increíblemente a favor de tal despropósito. (Como se ve, tres de cada cinco favorecieron el fraude.)

Sin embargo, es el caso que ayer, 9 de junio, se hizo pública una bien fundamentada petición de once dignos consejeros -entre ellos un decano- dirigida al Consejo Superior Universitario para que se convoque a una sesión extraordinaria en persona, para enfrentar cara a cara la situación y no por evasivos medios electrónicos, este martes 14 a las nueve de la mañana en el Centro universitario metropolitano (CUM) con el objeto de realizar una revisión de oficio de la ilegítima, ilegal y antidemocrática e inaudita elección de rector para el período 2022-2026. En las conclusiones de la susodicha petición los miembros que la suscriben se dirigen al pleno del CSU y expresan: “Por lo expuesto, les hacemos un llamado a la cordura y a su espíritu universitario y que en nombre de los altos valores de los que somos responsables, asumamos nuestro papel y procedamos como el marco legal de nuestra amada universidad nos lo impone, revisando de oficio la elección y si encontramos razón para determinar su nulidad, procedamos como esa misma normativa nos manda y declaremos que reconocemos la nulidad de la elección a rector por el período 2022-2026 realizada el 14 de mayo de 2022, según lo ordenado en la normativa universitaria y en tal virtud, se convoque inmediatamente a un nuevo proceso de elección a rector por el mismo período, que se ajuste a la ley y respete los derechos de los universitarios”.

Ante tal planteamiento y ante los reclamos generalizados de profesores, estudiantes y trabajadores sancarlistas que se han hastiado de la corrupción en el alma máter no hay evasión posible: se está a favor o en contra de la recuperación de la Universidad de San Carlos. Se ha agregado la gota que derramó el vaso, y los universitarios que despiertan de su letargo tienen la mirada atenta al proceder de los consejeros que no podrán evitar las consecuencias de sus actos. Además -y esto es particularmente serio- diversas unidades académicas han entrado en paro, y la Ciudad universitaria, el CUM, el Museo de la universidad e importantes Centros Universitarios Regionales en los departamentos están tomados desde hace varias semanas por valientes estudiantes que aun a riesgo de su seguridad y con el peligro de ser criminalizados pugnan porque se respete la esencia y la autonomía de la Universidad Nacional. Los universitarios, la trayectoria histórica de los mejores miembros de nuestra casa de estudios y la población guatemalteca no se merecen esta calamidad.

Como vemos, entonces, el Consejo superior universitario mismo con su actuar irracional se ha puesto al borde del abismo: hay que obligarlo a retroceder por el bien de la Universidad. Después, ya será demasiado tarde.


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