Sumergidos en basura y porquería

Miguel Ángel Sandoval

Hace unos días vi que una empresa disponía de una especie de valla o malla para detener la basura o, mejor dicho, para impedir que la basura navegara por el río Motagua y llegara a las costas hondureñas del mar Caribe. Se puede pensar que es una buena noticia y nada más, pero de pronto me asaltó una duda: como se trata de miles de toneladas la duda en cuestión es: si se detienen esos miles de toneladas, ¿qué se va a hacer con ellas? ¿Hay plantas de tratamiento de desechos?

Digo esto pues la experiencia de la agüita mágica está presente en el espíritu nacional, cuando se anuncia medidas milagrosas y entonces se encienden los focos amarillos o rojos de uno. Ni modo, al perro apaleado lo hicieron desconfiado. Sobre todo, cuando el anuncio de marras no está acompañado de compromisos institucionales, que, aunque no se cumplan, sí dan en ocasiones algo de certeza. No es el caso.

La inquietud es mayor. Sabemos que el lago de Amatitlán hace rato está agonizando. Son miles de toneladas de basura y porquería urbana que desembocan a diario en el lago de tantas evocaciones y nostalgia. Nada para limitar la basura y porquería que se dirige hacia ese manto de agua. En verdad casi pantano. Que hay responsables, sin duda. Pero Tu Muni se dedica a todo menos a establecer controles en los vertederos de bosta, sean de viviendas o fabriles.

Las dos fuentes de agua, que son el lago y el Motagua, apestan a excrementos y basura. Es una responsabilidad compartida que crece a ciencia y paciencia de las autoridades. Lo mismo ocurre en Atitlán. En verdad en todos los ríos del país. Ha habido pequeñas medidas como la prohibición de usar plástico en alguna comunidad, o las presiones para construir plantas para el tratamiento del agua en municipios. Pero eso no alcanza.

Por el formato de esta columna no se incluyen las fotos que dan cuenta de las toneladas de basura, no se ven las toneladas de excrementos en las aguas residuales, tampoco los desechos industriales. Pero todo va para Amatitlán y para el Motagua. En Atitlán los chaleteros de las orillas y la hotelería no mueven un dedo para impedir la contaminación. Es el reino del abandono por todos lados.

Hace una semana fue el Día de la Tierra, antes creo que fue del agua, y anteriormente, de la biodiversidad, que siguió a las declaraciones solemnes sobre cuidado de la vida y su reproducción. ¿En verdad nos creemos esos cuentos de fechas para el olvido? ¿Qué políticas públicas concretas hay para frenar la conversión de los lagos en pantanos y los ríos en estercoleros?

Como sociedad es urgente cambiar de actitudes, pensar un poco en lo colectivo, no solo en los intereses personales. Lo contrario es la muerte del país, poco a poco, de manera lenta y el proceso ya dio inicio. Es la muerte a plazo fijo del Motagua y de Amatitlán. Atitlán aún tiene un pequeño chance de sobrevivir.

Fuente ElPeriódico


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