Bases teóricas para la interculturalidad

Autor: Jairo Alarcón Rodas.
Primera parte

La educación participativa, la educación integradora, surge de la necesidad de edificar actitudes que procedan a la construcción de puentes o canales de comunicación que integren o permitan el establecimiento de diálogos que acerque a las distintas comunidades, a cosmovisiones diferentes. Los seres humanos actúan y lo hacen en la realidad, pero para actuar adecuadamente, requieren el conocerla, aprender sus secretos y compartirlos.

Aspectos de un todo que se pueden conocer superficial o profundamente pero también que se pueden distorsionar. La mayoría de las personas no requieren más que de un conocimiento simple para actuar. Accionan y en mínima parte piensan sobre el escenario donde están actuando pues no lo requieren, ya que se desenvuelven dentro de un horizonte donde su accionar es programado. Es decir, un alto porcentaje de sus acciones son rutinarias, mecánicas e irreflexivas. Es más, un actuar utilitario, funcional y acrítico que, debido a su carácter espontáneo, muchas veces conduce al error.

La realidad es compleja y, en ese intrincado escenario en donde actúan, los seres humanos requieren de diversos comportamientos y herramientas para poder dilucidar con acierto ese enjambre de peculiaridades que es el universo. El reto es desentrañar lo que es la realidad para actuar con más certeza. Para ello, la especie humana cuenta con determinados órganos perceptores, intelecto y todo un caudal de emociones que los identifican y que lo hacen ir en pos de determinadas esferas de la realidad. Además de ello, requieren de un método adecuado que les permita no sólo profundizar en el núcleo esencial de las cosas sino, a su vez, de una comunicación efectiva dentro de la especie.

Ello es posible, a partir del establecimiento de criterios gnoseológicos e indudablemente ontológicos, que den vida a la comprensión gradual de la realidad y, a la posibilidad, del entendimiento entre los pueblos. Se parte del supuesto que la realidad es material, es objetiva y se transforma continuamente, estos criterios permiten apropiarse de ella, transformarla humanamente, teniendo por base el intelecto y el conocimiento científico, con relación a eso Karl Popper dice, el estudio del desarrollo del conocimiento científico es la manera más fructífera de estudiar el desarrollo del conocimiento en general. Y no solo eso, de ponerse en contacto efectivo con el mundo.
Es por lo que, cuando los flujos migratorios son cada vez más grandes y las barreras culturales se desmontan con el objetivo de lograr mejores expectativas de vida, los procesos de cambio en la educación tienen que hacerse notar. Con ello, el aprendizaje debe tender a la inclusión, a la participación de los distintos grupos sociales dentro de múltiples escenarios.

En tal sentido, la educación no tiene que partir de circunstancias específicas, ejemplos que recalquen un contexto particular, nativo. A no ser que esas realidades sociales, dentro del proceso de enseñanza, se vinculen con aspectos comunes que permitan la creación de puentes comunicativos entre circunstancias y culturas distintas. De ahí que se logre la comprensión de esas realidades construidas a partir de escenarios diferentes. Culturas que, siendo distintas, comparten aspectos comunes que permiten su comprensión, su apertura, su entendimiento y, con ello, su no rechazo.

La inclusión significa un estado de pertenencia al grupo, sentirse aceptado a partir de la serie de características que se posean. Sin embargo, cuando se es distinto, cuando se patentizan las diferencias, cuando se tienen otras preferencias, surge el rechazo. Sin embargo, cabe destacar que más allá de las diferencias físicas y culturales, existen aspectos comunes que tendrían que priorizarse, en función de la convivencia armoniosa y el desarrollo entre los pueblos. No obstante, los rasgos particulares que distinguen, a los grupos étnicos, prevalece la cultura del homo sapiens.

Al ser el primer contacto con la realidad, sensible, los juicios y valoraciones se derivan de ahí. Como consecuencia, se valora por lo que se ve, lo que se posee, lo manifiesto. En tal sentido, se busca siempre modelos, estereotipos, hechuras que correspondan a criterios particulares, que a su vez son influenciados por la cultura.

En tal sentido, se buscan modelos, estereotipos, hechuras que correspondan a lo propio o a los que establece la cultura dominante. Exaltadas esas formas de pensar, conducen al etnocentrismo, pero si se toma conciencia que, no obstante, la diversidad manifiesta, llámese a esta envoltura accidental, no constituye el referente ideal para valorar al otro, sino que es lo esencial, lo que hace realmente a las personas, se estará alejando de etnocentrismos y con ello, abrazando criterios más certeros sobre los otros.

En un mundo cada vez más cosmopolita, en donde el encuentro entre las culturas se hace necesario, cambiar las actitudes hostiles de hombres y mujeres que pertenecen a determinados grupos sociales resulta ser imperioso. Así, la educación participativa, la educación integradora, surge en respuesta a la necesidad de forjar actitudes reflexivas y críticas, a partir de la apertura a lo nuevo. Como consecuencia, en el sistema capitalista, se valora por lo que se ve, por lo que se posee, por lo manifiesto, por lo sensiblemente perceptible.

Sin embargo, cuando se es distinto físicamente, cuando se patentizan las diferencias, cuando se tienen otras preferencias, surge la discriminación, el rechazo

Pero ¿cómo comprender la diferencia entre lo que es lo esencial y lo accidental en la especie humana? Indudablemente es a partir del conocimiento que puede lograrse tal distinción. Al ser la percepción sensible, el primer contacto que se tiene con la realidad, los juicios y valoraciones que derivan de ahí pueden ser precisos o equivocados.

Con ello se pretende la construcción de puentes o canales de comunicación, que integren o permitan el establecimiento de diálogos permanentes que acerquen a comunidades distintas, de cosmovisiones diferentes, con el fin de tener una aproximación más segura con la realidad común. El tener el control de la naturaleza, que se traduce en su conocimiento, posibilitará un mejor accionar e indudablemente mayor armonía entre las personas y los pueblos.

Los seres humanos actúan y lo hacen dentro de su horizonte existencial, es decir, en la realidad tanto física como social. Pero, para actuar adecuadamente dentro de su contexto requieren conocerlo, aprender sus secretos, descifrar lo que es. Aspectos de un todo que se pueden conocer superficial o profundamente, sensible o inteligiblemente, pero en igual forma se pueden distorsionar.

La realidad es compleja y en ese complicado escenario, en donde actúan los seres humanos, requirieren de complejos comportamientos y herramientas para poder dilucidar con acierto ese enjambre de peculiaridades que es el universo. El reto es esclarecer lo que es la realidad para actuar con más criterio y certeza.

Para ello, los seres humanos cuentan con determinados órganos perceptores, intelecto y todo un caudal de emociones que los hacen ir en pos de determinadas esferas de la realidad. Pero además se requiere de un método adecuado que les permita, no sólo profundizar en el núcleo esencial de las cosas, sino a su vez, comunicar lo que aprenden. A través de conjeturas y refutaciones, se construye la ciencia, argumentar y contra argumentar para aproximarse, con mayor criterio a la realidad.

Lo que a su vez presupone un método por medio del cual se socialicen tales saberes. Dicho de otra forma, se hace imperioso el uso de precisos factores de aprendizaje, modelos educativos que posibiliten una actitud crítica y, con ésta, la apertura a toda forma de entender la realidad a través del ejercicio del diálogo, teniendo por base la argumentación racional. Desde luego que todo aprendizaje, en sentido amplio, toda teoría del aprendizaje implica y conlleva una serie de definiciones de carácter epistemológico, que se sustentan a través de criterios de verdad y, desde luego, con el contraste y correspondencia de los datos de conciencia con la realidad, a través de su verificación.

A partir de las rutas que ha seguido la ciencia, se puede determinar cuáles son los avances en el campo gnoseológico que ha alcanzado la humanidad. Puede corroborarse que el constructo que le ha servido a la especie humana para sus adelantos es el conocimiento científico. Con éste, los pasos que la humanidad ha logrado han sido más seguros, al margen de todo cuestionamiento ético que se le pueda endilgar a partir de su uso inapropiado.

Quizás pensadores como Peter Winch, Edgar Morin, entre otros, cuestionen el pretendido absolutismo del cientificismo, como el único mecanismo de comprensión adecuada de la realidad y es razonable su postura. Desde la perspectiva del relativismo cultural, Winch ostenta la posición de que la razón, con sus estructuras lógicas que la constituyen, no puede ni tienen derecho a refutar posturas mágico-religiosas de culturas específicas. Culturas que construyen toda una serie de cosmovisiones que escapan a toda lógica convencional, lo cual no es más que aceptar dogmas o verdades reveladas.

Desde el mismo instante que la epistemología apunta a revelar el comportamiento de la realidad y la interacción que se da entre ésta y los seres humanos, se pueden cuestionar las construcciones que, siendo funcionales, hasta cierta forma para determinadas culturas, distorsionan o alejan la visión certera de la realidad y no sólo eso, ponen en peligro a la sociedad.

Por su parte, Edgar Morin dice: La racionalización consiste en querer encerrar la realidad dentro de un sistema coherente. Y todo aquello que contradice, en la realidad, a ese sistema coherente, es descartado, olvidado, puesto al margen, visto como ilusión o apariencia. Sin embargo, las apariencias, las ilusiones, las fantasías, no se pueden tomar como parte de la realidad concreta, a menos que ostenten el criterio de posibles, siendo en ese caso hipótesis por demostrar, o bien como ideas, reflexiones, contenidos de conciencia de un sujeto.

En ambos casos, y al margen de cometer una falacia de petición de principio, es la racionalidad la que hace tales afirmaciones. Lo racional, dado que se construye a partir de la realidad dialéctica, continuamente se tiene que transformar, ampliando sus criterios sobre las cosas, nutriéndose del cambio. Y como señala Horkheimer: Cuanto más se debilita el concepto de razón, tanto más fácilmente queda a merced de la manipulación ideológica y de la difusión de las mentiras más descaradas. La razón es la que establece la diferencia entre la verdad y el engaño.

Por consiguiente, la racionalidad debe hablar sobre todo aquello que corresponda a los objetos concretos con criterios interpretativos objetivos, sin descartar la posibilidad de esferas ocultas, que actualmente, escapan a su radio de acción pero que, en el futuro, develarán sus secretos a partir del conocimiento. No es que la realidad busque ocultarse, sino es el sujeto que la percibe el que no alcanza a comprender su complejidad en la diversidad de esferas en la que se manifiesta.

Es decir que, a partir de una convención universal que tome por base el pensamiento científico y la razón como instrumento esencial de ésta, el accionar humano se hará más seguro. Con ello, no se pretende disminuir o eliminar el aspecto emotivo, las costumbres y las tradiciones que perviven en el imaginario de la conducta de todo ser humano. Por el contrario, lo racional y emotivo, juntamente con una conducta socialmente adquirida, es lo que hace a los seres humanos ser lo que son.

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