Una reflexión sobre los acuerdos de paz.

Autor: Jairo Alarcón Rodas

Plantear la problemática social que se ha vivido en Guatemala requiere de un análisis crítico que emplee, para el efecto, de un método que responda a las interrogantes que de este surjan. De ahí que sea la historia la que dé respuesta, de alguna forma, a las causas que originaron los conflictos sociales que marcan una nueva era a partir de la firma de los acuerdos de paz.

En consecuencia, la firma de los acuerdos de paz, por parte de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) y el gobierno, que se espera dé inicio a la tan deseada paz, constituye tema de reflexión y de discusión; más aún, las repercusiones que de estos acuerdos surjan traerán al país la oportunidad que el ejercicio del pensamiento racional contribuya al fortalecimiento de la sociedad y, como lo planteó Karl Marx, “hasta la fecha los filósofos se han dedicado a interpretar el mundo, toca ahora transformarlo”.

La guerra que se libró en Guatemala, que se ha estado librando y que se libra actualmente, no se limita al enfrentamiento bélico entre la guerrilla y el ejército. La guerra en este país es el resultado de la descomposición que ha sufrido la sociedad a causa de largos años de discriminación, explotación, miseria y muerte, por lo que no termina con el cese del enfrentamiento armado.
Incubada desde hace más de 500 años, el escenario de guerra en Guatemala ha engendrado una cultura de terror, miedo y odio consolidando con ello el actual estado de cosas. Como resultado, esta es una sociedad enferma, que ha dejado profundas huellas, secuelas en la conducta de sus habitantes por lo que se hace muy difícil construir una nueva sociedad sana al margen de lo sucedido en el pasado.

Es sabido que Guatemala es una nación que desde la época de la Conquista ha sido sometida, mediante salvajes represiones, a vivir dentro de una cultura de terror y de miedo. Estos hechos denigrantes tienen su origen en la explotación del hombre por el hombre, patentizados a través del hambre, la expoliación, la falta de fuentes de trabajo, la injusta tenencia de tierra, la corrupción en la esfera gubernamental, el irrespeto a la dignidad humana, la mala repartición y concentración de la riqueza; en fin, a la injusticia social en toda su magnitud.

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