Los estudiantes de Odontología han dado ejemplo

César Antonio Estrada M.

Los estudiantes de la Facultad de Odontología dieron ayer un gran ejemplo a la población sancarlista de cómo ejercer la democracia participativa en la universidad al cuestionar directamente y sin ambages, en una entrevista pública, a sus cuatro representantes ante el Consejo Superior Universitario (CSU) acerca de su proceder en el escandaloso fraude perpetrado en la elección de rector. El decano, el colegiado, el profesor y el estudiante que representan a dicha Facultad tuvieron que escuchar los argumentos, los reclamos y la indignación de los asistentes y rendir cuenta de sus actos en el órgano de gobierno de la universidad.

El decano (Kenneth Pineda) y el representante del colegio de odontólogos (Augusto R. Wehncke) hicieron gala de los trillados pretextos legalistas propios de leguleyos para justificar sus acciones u omisiones en el Consejo Superior Universitario pero no pudieron responder a los atinados cuestionamientos estudiantiles y de algunos profesores y profesionales presentes. Al final de la reunión, según información de Prensa Comunitaria, la Asamblea de estudiantes de
Odontología logró que el representante docente (Luis Alberto Barillas) y el estudiantil (Willy Barrientos) firmaran un compromiso para repudiar ante el CSU la viciada elección de rector, en tanto que el decano y el colegiado se negaron a firmar. (Dicho sea de paso, una prueba del ambiente represivo al que están expuestos los universitarios es que el compromiso incluyó no tomar represalias contra los asistentes que ejercieron su legítimo derecho de expresión y
petición.)

La presente crisis de la Universidad de San Carlos, más allá de las vicisitudes electorales y de su manipulación por el oficialismo en contubernio con el pacto de corruptos, hace patentes graves problemas y vicios cuya superación es indispensable para reencauzar la vida universitaria. Una institución de educación superior ha de ser gobernada con principios y criterios científicos, humanistas y democráticos, donde los directivos sean y se sientan realmente parte del
profesorado y del estudiantado, y no funcionarios electos o designados que se divorcian de su realidad social y académica.
Los integrantes de los órganos de gobierno de la Usac (el CSU, las juntas directivas de las facultades, los consejos directivos de las escuelas y de los centros regionales) son representantes de sus respectivos sectores para llevar su voz y sus propuestas y hacerlas efectivas en la conducción de las distintas esferas de la universidad. No están allí a título
personal o para procurar sus intereses particulares sino para cuidar la buena marcha del Alma máter y su relación con los intereses de Guatemala, en particular con la población más necesitada.

De aquí, entonces, la urgente necesidad de que, por fin, los miembros del Consejo Superior Universitario (incluidos los decanos) y de los distintos cuerpos directivos se hagan cargo de su responsabilidad como representantes y se comuniquen abierta, amplia y constantemente con los profesores y los estudiantes en un plano de equidad y consideración. En este sentido, no hay razones que valgan para que las sesiones del CSU sean cerradas y secretas, en lugar de ser públicas y transmitidas en vivo por los medios de comunicación de la universidad para que todos sepamos cómo actúan nuestros representantes, qué ideas proponen y qué intereses defienden. El secreto sólo impide que los sancarlistas conozcan cómo se tratan los más importantes asuntos universitarios y les impide influir en el torcido camino que lleva la
universidad.

En estos momentos en que se ha perpetrado el descarado fraude electoral que busca imponer a un rector de facto pasando por encima de la autonomía universitaria, se habla ya de depurar el Consejo Superior Universitario y urge interpelar a sus miembros para que den cuenta pública de sus actos. Como se ve, los estudiantes de Odontología han dado un gran ejemplo y una valiosa lección a la población universitaria.


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