The Economist y JP Morgan reconocen la resiliencia de la economía rusa

Alfredo Jalife-Rahme

La revista globalista neoliberal The Economist, propiedad de los banqueros esclavistas Rothschild de la monarquía neoliberal británica, confiesa la «resiliencia» de la economía rusa (https://econ.st/3Nbz1O2), pese a las «sanciones catastróficas (Biden dixit)».

Fuera del triunfo de la «guerra de propaganda» del eje EU/30-OTAN/27-Unión Europea (UE) en el “mundo occidental (whatever that means, https://bit.ly/3PjtE19)”, en otros rubros, en lo que denominé la “primera guerra híbrida mundial (https://bit.ly/3KVXzZS)”, no le está yendo nada bien a la dupla anglosajona Biden/Boris Johnson, cuya globalización financierista está haciendo agua e implosiona electoral y económicamente en Washington y Londres.

El rublo, tras haber sido devaluado artificialmente por especulativos factores exógenos, entre el 22 de febrero y el 30 de marzo, llegando al pico de 142.64, se sitúa hoy robustamente en 64.6 (https://bit.ly/3Nk7I41). Según el portal globalista Bloomberg, propiedad del jázaro-estadunidense Mike Bloomberg, el rublo se ha revaluado 11 por ciento ante el dólar.

Según The Economist, «el 29 de abril el Banco Central (ruso) disminuyó su principal tasa de interés de 17 a 14 por ciento, señal de que el pánico financiero iniciado en febrero se ha aliviado ligeramente». Los agoreros del Apocalipsis ruso hacen el ridículo por enésima vez, y The Economist, propagandista de la «energía verde», reconoce que la «razón principal de la resiliencia de la economía se debe a los combustibles fósiles» ya que «Rusia ha exportado por lo menos 65 mil millones de dólares mediante gasoductos y embarcaciones». The Economist concluye que hay que «esperar que la economía rusa continúe rodando».

El portal Business Insider dedicó una serie de artículos alusivos a la «resiliencia rusa», entre los que destaca un reporte del banco de inversiones rusófobo JP Morgan (https://bit.ly/3sHuOtr), que escrudiña amplios riesgos para sus pronósticos internos cuando el «incremento en el consumo de electricidad y los flujos financieros (en)marcan la fortaleza de la economía real de Rusia» que aprovecha el alza abrupta del gas y el petróleo, además de los alimentos y los fertilizantes. No pocos economistas serios prefieren la medición del consumo de electricidad a la del PIB, como reflejo verdadero de la actividad económica.

A propósito, JP Morgan había vaticinado el colapso del PIB en Rusia para el segundo trimestre. No comment!

Se pudiera aducir que la dupla globalista de La City (Londres)/Wall Street no pudo aniquilar a Rusia que, al contrario, va ganando la «guerra de la economía física» basada en las ineludibles materias primas.

Craig Turner, en el rotativo académico de la Universidad de Denver, expone las “externalidades (sic) negativas de las sanciones económicas contra Rusia (https://bit.ly/39URbVN)”. Según Turner, el efecto bumerán es patente: “La rapidez escarpada y el poder de las sanciones recientemente impuestas ponen a prueba la voluntad de la ‘Fortaleza Rusia (Fortress Russia)’. Pero librar una guerra (sic) económica tiene su costo. Especialmente durante un periodo de presiones inflacionarias globales en escalada y de disrupciones de la cadena de suministro. La economía rusa claramente muestra señales de tensión, pero, ¿a qué costo? Los precios del petróleo suben, el sistema financiero se deteriora y la inflación está hirviendo”.

Sin adentrarme en lo militar, donde Rusia supera a EU –no se diga, al resto de 29 países de la OTAN y/o a los 27 de la UE–, en armas nucleares y misiles hipersónicos, ¿cómo pueden dislocar a Rusia de la economía global cuando controla gran parte de los hidrocarburos, los alimentos y los fertilizantes, para citar lo indispensable? El anterior mandamás de la Reserva Federal Ben Shalom Bernanke vaticina la «estanflación» en EU, al estilo de 1970 (https://fxn.ws/3wyOocB).

Sin contar la caída estratégica de Mariupol, ¿cuál será el epílogo de la “primera guerra híbrida mundial (https://bit.ly/3PrmhEV)”?

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Fuente La Jornada

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