Samir Amin y el golpe de Maidan: Rusia y la crisis de Ucrania,

Artículo de Samir Amin, escrito en Marzo de 2014, en momento que se desarrollaba el golpe de Maidan en Ucrania. Su texto explica con claridad los desafíos interiores que enfrenta hoy Rusia.

SAMIR AMIN *, TEÓRICO MARXISTA

1.El escenario global actual está dominado por el intento de los centros históricos del imperialismo (EEUU, Europa Occidental y Japón: la Tríada)por mantener su control exclusivo sobre el planeta. La Tríada implementa su dominio a a través de una combinación de:

Las políticas de globalización neoliberal que permiten que el capital financiero transnacional decida solo sobre todos los temas en su exclusivo interés;

Con el control militar del planeta por parte de EE.UU. y de sus aliados subordinados (OTAN y Japón) para aniquilar cualquier intento de cualquier país que no sea de la Tríada de salir de su yugo.

En ese sentido, todos los países del mundo que no pertenecen a la Tríada son enemigos o enemigos potenciales, excepto aquellos que aceptan la sumisión completa a la estrategia económica y política de la Tríada, como las dos nuevas “repúblicas democráticas” de Arabia Saudita y Qatar.

La llamada “comunidad internacional” a la que se refieren continuamente los medios occidentales se reduce efectivamente al G7 más Arabia Saudí y Qatar. Cualquier otro país, incluso cuando su gobierno esté actualmente alineado con la Tríada, es un enemigo potencial ya que los pueblos de esos países pueden rechazar esa sumisión.

En ese marco, Rusia es “un enemigo”.

Cualquiera que sea nuestra evaluación de lo que era la Unión Soviética (socialista o algo cercano), la Tríada luchó contra ella simplemente porque era un intento de desarrollarse independientemente del capitalismo/imperialismo dominante.

Después del colapso del sistema soviético, algunas personas (en Rusia en particular) pensaron que “Occidente” no se enemistaría con una “Rusia capitalista” ( y que al igual que Alemania y Japón habían “perdido la guerra pero ganado la paz”).

Olvidaron, estos políticos, que las potencias occidentales apoyaron la reconstrucción de los antiguos países fascistas precisamente para enfrentar el desafío de las políticas independientes de la Unión Soviética. Ahora, habiendo desaparecido este desafío, el objetivo de la Tríada es la sumisión total de Rusia y para lograrlo necesitan destruir su capacidad de resistencia.

El desarrollo actual de la tragedia de Ucrania ilustra el objetivo estratégico de la Tríada.

La Tríada organizó en Kiev lo que debería llamarse un “golpe euro/nazi”. Para lograr su objetivo (separar naciones históricamente hermanas: la rusa y la ucraniana), necesitaban el apoyo de los nazis locales.

La retórica de los medios occidentales, que afirman que las políticas de la Tríada apuntan a promover la democracia, es simplemente una mentira. En ninguna parte la Tríada ha promovido la democracia. Por el contrario, estas políticas han estado apoyando sistemáticamente a las fuerzas locales más antidemocráticas o casi fascistas (en algunos casos, abiertamente fascistas) como en Croacia y Kosovo, así como en los estados bálticos y en Europa del Este, y Hungría.

Europa del Este se ha “integrado” en la Unión Europea no como socios iguales, sino como “semicolonias” de las principales potencias capitalistas/imperialistas de Europa occidental y central. La relación entre Occidente y Oriente en el sistema europeo es hasta cierto punto similar a la que rige las relaciones entre Estados Unidos y América Latina.

En los países del Sur Global, la Tríada ha apoyado a las fuerzas antidemocráticas extremas como, por ejemplo, el Islam político ultrarreaccionario y, con su complicidad, se han destruido las sociedades denIrak, Libia,Siria, Afganistán.

Por lo tanto, debe apoyarse la política internacional de Rusia (tal como la desarrolla el gobierno de Putin) que está resistiendo el proyecto de colonización de Ucrania (y de otros países de la antigua Unión Soviética, en Transcaucasia y Asia Central).

La experiencia de los estados bálticos no debe repetirse. También debemos apoyar la construcción una comunidad «euroasiática», independiente de la Tríada y sus socios europeos subordinados.

Pero esta política internacional rusa positiva está condenada al fracaso si no cuenta con el apoyo del pueblo ruso. Y este apoyo no puede ganarse sobre la base del “nacionalismo”, ni siquiera de un tipo de “nacionalismo” progresista positivo, no chovinista.

El fascismo en Ucrania no puede ser derrotado por una suerte de nacionlismo ruso. El triunfo sólo puede lograrse si la política económica y social interna promueve los intereses de la mayoría de los trabajadores.

¿Qué quiero decir con una política que favorezca a las clases trabajadoras?

¿Quiero decir “socialismo”, o alguna especie de nostalgia por el sistema soviético? Pienso que este no es el lugar ni el momento para evaluar la compleja experiencia soviética en unas pocas líneas. Por tanto, resumiré mis puntos de vista en unas pocas frases.

La auténtica revolución socialista rusa produjo un socialismo de estado que fue un primer paso posible hacia el socialismo; después de Stalin, el socialismo de estado se movió hacia el capitalismo de estado (explicar la diferencia entre los dos conceptos es importante pero no es el tema de este breve artículo).

A partir de 1991 el capitalismo de Estado fue desmantelado y reemplazado por un capitalismo basado en la propiedad privada, que, como en todos los países del capitalismo contemporáneo, es básicamente el dominio de los monopolios financieros, con una oligarquía (similara la oligarquías de la Tríada) que proviene en ocasiones de la antigua nomenclatura o de algunos recién llegados.

La explosión de auténticas prácticas democráticas creativas iniciada por la revolución rusa (octubre) fue posteriormente domesticada y reemplazada por un patrón autocrático de gestión de la sociedad, aunque siempre otorgando derechos sociales a las clases trabajadoras.

Este sistema llevó a una despolitización masiva y no fue capaz de controlar desviaciones despóticas y alguna veces criminales. Ahora, el nuevo patrón de capitalismo ruso se basa en la continuación de la despolitización y el no respeto de los derechos democráticos.

Tal sistema gobierna no solo a Rusia, sino a todas las demás ex repúblicas soviéticas. No obstante, este patrón de gobierno no es “democracia” en comparación con la democracia burguesa tal como funcionó en algunas etapas anteriores del desarrollo capitalista. Sin embargo, hoy no hay que perder de vista que en las llamadas “democracias de Occidente”, el poder real está restringido al gobierno de los monopolios y opera en su exclusivo beneficio .

Una política orientada a las personas implica, por tanto, alejarse, de la receta “liberal” y de la mascarada electoral asociada a ella, que pretende dar legitimidad a políticas sociales regresivas.

Sugeriría establecer en su lugar un nuevo capitalismo de estado con una dimensión social (digo social, no socialista). Ese sistema abriría el camino a eventuales avances hacia una socialización de la gestión de la economía y por ende a auténticos nuevos avances hacia una re-invención de la democracia que responda a los desafíos de una economía moderna.

Sólo si Rusia se mueve en esa línea, el conflicto entre, por un lado, la política internacional independiente de Moscú y, por otro lado, la actual política interna liberal puede tener un resultado positivo.

Este movimiento es necesario y posible : fragmentos de la clase política dominante podrían alinearse con un programa de este tipo si la movilización y la acción popular lo promueven. En la medida en que avances similares se lleven a cabo también en Ucrania, Transcaucasia y Asia Central, se podrá establecer una auténtica comunidad de naciones euroasiáticas que puedan llegar a convertirse en un actor poderoso para la reconstrucción de un nuevo sistema mundial.

Si el poder estatal ruso permanece dentro de los límites estrictos de la receta neoliberal aniquilará las posibilidades de éxito de una política exterior independiente y las posibilidades que Rusia se convierta realmente en un país que actúe como un actor internacional importante.

El neoliberalismo puede producir para Rusia solo una trágica regresión económica y social, un patrón de “desarrollo lumpen” y un estatus de subordinación creciente al orden imperialista global.

Si Rusia proporciona a la Tríada petróleo, gas y algunos otros recursos naturales; sus industrias quedarían reducidas al estado de subcontratación en beneficio de los monopolios financieros occidentales.

En tal posición, los intentos de actuar de manera independiente en el ámbito internacional seguirán siendo extremadamente frágiles, amenazados por “sanciones” que fortalecerán el desastroso alineamiento de la oligarquía económica rusa con los monopolios de la Tríada. La actual huida del “capital ruso” asociada con la crisis de Ucrania ilustra este peligro.

Restablecer el control estatal sobre los movimientos de capital es la única respuesta efectiva a ese peligro.

Marzo de 2014

*Samir Amin, falleció el 12 de Agosto de 2018 en Paris.

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