Elecciones en la USAC

Por: Miguel Ángel Sandoval

Llamo a los candidatos a rector de la oposición al diálogo, a los acuerdos. La Usac lo merece.

Por mi experiencia de participar en dos o tres procesos electorales, siempre pensé que quien cuenta los votos tiene las mayores posibilidades de ganar. De la misma manera que quienes son propietarios de las empresas privadas que organizan el sistema de cómputo. Pero siempre hay la posibilidad de auditar en las mesas el conteo de los votos, de cotejar los datos de las computadoras con las actas de mesa, etc. Por supuesto que hay que tener gente en todas las mesas y en todas las oficinas posibles. Y ello es un tema de organización. Pero no ocurre así en la Usac.

De acuerdo con mis fuentes, los comunicados y los artículos de prensa consultados, hubo en el caso de la reciente fase de las elecciones a la rectoría un robo vulgar e inadmisible en la academia. Resultando que 35 electores ya votados, elegidos por sus respectivos sectores, sean profesionales de los colegios, estudiantes de la carrera o docentes, vieron cómo mediante trampitas de a peso los eliminaron por quienes mangonean el Consejo Superior Universitario (CSU).

Nada está terminado, el proceso continúa en condiciones que solo anuncian nuevas tormentas internas en la Usac. Si los datos que circulan por aquí y por allá son certeros, el candidato del oficialismo, y por añadidura del Pacto de Corruptos, no cejará en su empeño por meter a la Usac —más aún— en el estercolero de la corrupción. Y ello como ciudadanos no lo podemos permitir, pues lo que corresponde es el rescate de la universidad nacional. No me interesa si es tricentenaria o si tiene un himno aburrido. Lo que me interesa como ciudadano es el cese de la corrupción y el rescate de la ética universitaria, junto al fortalecimiento académico.

En dos palabras, la Universidad de San Carlos no puede ser el reducto de los chicharroneros, de los que contratan edecanes para las francachelas de campaña. La academia debe escribirse con mayúsculas y no puede estar al servicio solo de los encapuchados. Los estudiantes merecen una mejor educación, niveles de enseñanza superior. La Usac no puede ser emisora de tesis chafas, ni de acoso sexual a cambio de notas, menos de constructoras corruptas o negocios turbios. Ni animadora de una radio que no se escucha o una TV que no se ve. Todo por favores a los amiguetes.

Los delegados ante las diversas instancias del Gobierno y el Estado deben ser profesionales éticos, responsables, y defensores del bien común en primer lugar, de la soberanía nacional, de los recursos naturales del país, especialmente los no renovables; una educación con calidad, de servicios de salud dignos; los delegados-representantes de la Usac deben ser profesionales dignos, no chicharroneros ni electos en borracheras con edecanes (con todo el respeto que merecen las bailarinas). La Usac no puede prostituirse ni de hecho ni de derecho.

Los estudiantes y en general los sancarlistas deberían seguir ejemplos fundantes en la historia nacional. Son los estudiantes que encabezaron las derrotas de las dictaduras de Estrada Cabrera o la de Ubico y sus achichincles, las jornadas de marzo y abril de los años 60, y muchas gestas más, y ello no es verborrea. Se trata de contar con estudiantes dignos en una universidad digna, no chicharroneros. Es el desafío.

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