106 segundos

Eduardo Luque
Ciento seis segundos es el tiempo que tardarían las cabezas hipersónicas Avanguard montadas en el último misil ruso el RS-28 “Sarmat” en alcanzar Berlín. 120 segundos, en atacar Paris y aniquilarla. 122 segundos serían suficientes para hacer desaparecer Londres. Algo menos, unos 119 segundos, para Roma, Madrid o Barcelona. Según las estimaciones militares de Occidente uno solo de los 46 misiles en construcción destruiría unos 400.000 km cuadrados. El misil, en eso coinciden los especialistas militares, es imposible de derribar para la tecnología occidental.

Esa capacidad de destrucción es la que salvaguarda a Rusia. Moscú enseña músculo contra amenazas como la pronunciada por la ministra de Exteriores de Reino Unido que se mostró favorable a que, con armas inglesas, se atacaran ciudades y civiles rusos. En palabras del ministro de Asuntos Exteriores ruso Serguéi Lavrov, la situación en Ucrania es tan peligrosa como la crisis de los misiles cubanos de 1962. La historia nos enseña que todas las armas inventadas ha sido usadas en los conflctos y el arma nuclear desgraciadamente no tiene porque ser una excepción: es sobre esta base que sabemos que Rusia no puede ser derrotada.

Lo que hace un mes parecía imposible, en pocos días se convirtió en probable y ahora, en posible; esperemos que no se transforme en real. El peligro de una escalada militar que tenga como campo de batalla el continente europeo flota en el ambiente. La reunión de los ministros de defensa de la OTAN el martes 26 de abril ha hecho subir aún más la tensión. El ejército ucraniano está siendo derrotado y la alianza atlántica no puede permitirlo. El conflicto se ha transformado en una lucha entre la supervivencia de Rusia (que de perder correría el riesgo de desaparecer) y la oposición de EEUU a perder su primacia unilateral. Solo así se explica que Zelensky, tras alcanzar un principio de acuerdo con Moscú, lo rechazara. EEUU persigue a toda costa la derrota de Moscú; en consecuencia ha puesto todo el bloque otanista a luchar contra Rusia. La tipología de armas y la presencia de militares extranjeros en territorio ucraniano asi lo confirman.

La única opción del senil Biden en estos momentos es la escalada. El presidente norteamericano observa con temor las elecciones de medio mandato y quiere mantener la tensión para incluir al partido republicano en la ecuación. Las encuestas en este momento le hacen perder entre 40 0 50 congresistas y 4 o 5 senadores, esto le convertiría en un “pato cojo” y todo ello si el escándolo de su hijo no aumenta aún más el descrédito de su gobierno. Biden ve con horror como la compra de Twitter por Elson Musk permitiría a Donald Trump acceder nuevamente a su medio de comunicación predilecto.

Fue durante la administración republicana de Trump cuando Rusia reafirmó el acuerdo suscrito entre un presidente republicano (Ronald Reagan) y un líder soviético (Mijaíl Gorbachov) donde manifestaban que en una guerra nuclear no habría ni vencedores ni vencidos y que por tanto un conflicto de ese tipo no podía desatarse. En la cumbre de junio de 2021, Biden y Vladimir Putin lo reafirmaron. El mandatario ruso hizo algo más. En enero del 2022 propuso al Consejo de Seguridad de la ONU, un documento sobre la inaceptabilidad de la guerra nuclear como tal. Hoy, frente a la implicación directa de Occidente en el conflicto con los riesgos que conlleva, Lavrov ha hecho un llamamiento recordando esos acuerdos. Estaríamos, para el ministro de exteriores ruso, en una situación peor que la crisis de los misiles. En aquel momento Washington entendía los comportamientos de Moscú y viceversa; aunque enfrentados, las normas de conducta estaban claras y había comunicación.

La Rusia actual, acorralada por la OTAN, tiene un plan, tangible, meditado y examinado. Hoy intuimos que, fracasadas las negociaciones en Estambul, el ejército ruso no cejará hasta controlar toda Ucrania y evitar como señaló el presidente Putin que sectores rusófobos y nazis se instalen cerca de sus fronteras. En la medida que la guerra en Ucrania tiene un vencedor y que la integridad territorial del país está en entredicho, otras regiones observan sin disimulo la evolución de los aconteciminentos. El marco fronterizo creado tras la II Guerra Mundial corre el riesgo de colapsar. Las ansias expansionistas de Polonia, Rumania o Bulgaria a costa de Ucrania o Moldavia pueden agravar aún más los problemas de la desunida Unión Europea. Un ejemplo es la posición de Estonia. El 3 de mayo, el Parlamento de ese país báltico estudió una propuesta para retirar la firma del acuerdo de fronteras terrestres y marítimas con la Federación Rusa. Los diputados consevadores argumentan la medida por los ataques “ideológicos y políticos” de Moscú a Tallin. También esperan obtener reperaciones económicas por la “ocupación del 5% del territorio” desde el Tratado de Tartu en 1920. La larga mano de Whasington se percibe detrás.
El colapso de la UE

Hoy una enorme confusión en el bando occidental. Podemos o no compartir los objetivos de Moscú pero son previsibles y ha definido sus lineas rojas. En cambio Occidente es una miríada de personajillos rusófobos, prisioneros de su propia arrogancia que están demostrando su incapacidad para gobernar en las actuales circunstancias. La UE actua como un pollo sin cabeza. Ursula von der Leyen, la presidenta de la Comisión Europea, sostiene que existe una gran unidad frente a Moscú; en la práctica vemos como cada país intenta salvarse como puede: ya son 4 paises europeos los que rechazan aplicar las sanciones al gas y otros 10 los que han abierto cuentas en rublos para pagar las importaciones de energía. La ínclita Ursula von der Leyen incluso propuso que la UE, en un paso más hacia su disolución, impusiera sanciones a aquellos paises que no boicoteen el gas ruso. Pero la industria química es el centro de la economía alemana y no puede funcionar sin este recurso energético insustituible. Alemania, y con ella la economia europea, transita entre Escila y Caribidis. Durante muchas décadas el gas ruso ha sido barato y abundante permitiendo a las burguesías europeas grandes tasas de beneficio. Su visión cortoplacista les ha impedido buscar otras fuentes o apostar decididamente por energías alternativas.

La situación en este momento es insostenible. Rusia amplia su mercado energético hacia India y China y firma con Pekín el 4 de febrero la construcción del nuevo gasoeducto Sakhalin-Khabarovsk-Vladivostok y se inaugura el colosal puente sobre el rio Amur. Mientras, la UE, en manos de EEUU, corre el riesgo de paralizar más del 60% de la actividad industrial. Millones de trabajadores quedarían sin medios de subsistencia. Grandes empresas europeas venden a precio de saldo a empresas rusas sus activos en ese país. Las pérdidas para empresas como Renault son enormes. Las clases sociales poderosas comienzan a temer oleadas de ira popular en los paises europeos. Alemania es el prototipo de la crisis. Depende, como hemos señalado, de los recursos energéticos rusos pero no quiere, los verdes en el poder lo impiden , crear una política exterior propia al margen de los dictados de Whasington. Alemania, no lo olvidemos, es un país ocupado por las bases militares estadounidenses en su territorio. La presión de la gran industria alemana para pagar en rublos y mantener la producción en este país es también intensa. La esquizofrenia alemana es la esquizofrenia europea.

Es tal la indigencia intelectual en Occidente que determinados dirigentes sólo perciben la crisis en clave de política interna. Sin ir más lejos, Boris Jhonson pretende salvar su asiento en el 10 de Downing Street permitiendo que su ministro de defensa justifique el ataque a ciudades rusas con armas inglesas. El presidente polaco, anteayer a punto de ser sancionado por la UE, mueve ficha y acumula tropas en Rumania para intervennir en Modavia y no oculta su interés por recuperar zonas del oeste de Ucrania. La excusa será la intervención “humanitaria”; mientras alguno de sus generales no ocultan su interés en “recuperar” Kaliningrado (como sabemos, la antigua Königsberg alemana anexionada por Rusia como reparación de guerra en 1945). La transferencia de tropas polacas a ese escenario ha sido respondida por Bielorrusia reforzando militarmente sus propias fronteras.

La política occidental alcanza tal nivel de confusión, de idas y venidas, de proclamas, matizaciones y rectificaciones que la hace indescifrable. Un elemento se añade a la confusión generallizada: nadie sabe en realidad, porque no se ha hecho jamás una auditoria al Banco de Londres ¿cuánto oro europeo se atesora aún en la capital inglesa? Observamos también como la UE y el euro se construyeron para que Alemania pudiera expandirse por todo el continente. Mientras la mayoría de los dirigentes europeos afirman que no enviarán tropas al escenario ucraniano vemos cada día como la implicación militar de la OTAN se hace más evidente. La distancia entre los políticos europeos y sus poblaciones se amplía. Muchos de los actuales políticos están actuando contra los intereses de sus propios ciudadanos, cuando la propaganda anti-rusa se disipe se hará evidente el empeoramiento de las condiciones de vida. Un político como Pedro Sánchez hace méritos internacionales a costa de los intereses de España, como se ha visto en el tema del Polisario. Una de sus aspiraciones, vistas sus expectativas electorales, es ser elegido cabeza de la Comisión Europea y eso implica la sumisión absoluta a los designios de la Casa Blanca. Las burguesias europeas que no están ligadas al sector armamentístico comienzan a estar muy inquietas. El presidente de la Basf alemana lo ha reconocido publicamente hace pocos días.
Las sanciones

Rusia ostenta el record absoluto de sanciones impuestas en su contra (más de 5 mil desde finales de febrero), Rusia ha superado a Irán, Siria, Venezuela, Cuba y Corea del Norte en cuanto a la cantidad de restricciones introducidas. Incluso los países occidentales han bloqueado y pretenden robar casi la mitad de las reservas de oro y divisas de Rusia, unos 300.000 millones de dólares. Es una jugada muy arriesgada puesto que paises aliados de EEUU, como Arabia Saudita, lo han visto con gran recelo y han decido desprenderse del dólar e ir apostando por el yuan o monedas nacionales. Rusia ha estado sancionada de una u otra forma desde siempre; cuando colapsó la URSS, el país siguió bajo sanciones. Como señaló Vladimir Putin el 11 de marzo en una reunión con Alexander Lukashenko: Rusia siempre ha superado las adversidades. Vamos por el sexto paquete de sanciones y como es fácil deducir los otros 5 no han funcionado. Uno de los objetivos era hundir el rublo ruso que ahora cotiza más fuerte que antes de la guerra a diferencia del dólar y el euro que se han depreciado.

Las sanciones fallan, provocan inconvenientes pero no paralizan la economia rusa; bien al contrario, la falta de criterio de los pollticos occidentales está llevando a sus países a un callejón sin salida. La UE, con la prepotencia que la caracteriza, quiso doblegar a Rusia y es en realidad la que más sufre y sufrirá las sanciones que ha impuesto. El gas, el petroleo y el carbón ruso siguen siendo imprescindibles. Las nuevas medidas restrictivas de la Unión Europea contra Rusia son un «suicidio». No tienen en cuenta la integración de Rusia en las cadenas económicas de todo el mundo. Un intento de desconectar completamente a la Federación Rusa daña a toda la economía que depende de muchas materias primas rusas, desde el niquel, al uranio o el trigo, al gas, el carbón o el petróleo. Las consecuencias se anuncian catastróficas incluso para la Unión Europea. Como hemos enunciado en repetidas ocasiones uno de los objetivos de esta guerra es hundir la economía alemana y europea en beneficio de EEUU.

Las sanciones están colapsando las cadenas de distribución hacia Europa. La consecuencia es el crecimiento de la inflación que supera cualquier previsión. La prohibición para circular de camioneros rusos y bielorrusos en el espacio de la UE añadirá aún más tensión. Como si esto no fuera poco, la pandemia que golpea Shangái es el argumento para paralizar la economía mundial y provoca la parálisis de la industria europea que muestra una vez más sus carencias. El principio productivo que introdujo el Neoliberalismo, del trabajo sin stocks, muestra ahora sus enormes flaquezas, una interrupción por breve y anodina que parezca, como la acción de los “chalecos amarillos” o el accidente del porta-contenederos en el Canal de Suez pueden provocar un auténtico colapso en la industria europea. El colapso de los sistemas de transporte no ha sido tenido en cuenta, no fue valorado ni por empresas ni por gobiernos. Lo vimos con la crisis de camioneros en Reino Unido en Navidad. La gente, tras la sexta ola de la pandemia (nos enfrentamos a la séptima) prefirió comprar objetos reales antes que consumir servicios. Debiera haber sido un toque de atención al sistema que deslocalizó la producción real y la llevó a Asia, pero nadie en Occidente parece tener eso en cuenta.
El negocio de la guerra

El complejo militar estadounidense vive una auténtica “fiebre del oro”: aunque las ventas a Ucrania son relativamente pequeñas, la remilitarización de los paises europeos a cuenta de renovar los arsenales es un buen negocio. Alemania, por ejemplo, ha pedido 35 cazas F-35 a la Lockheed Martin y 60 helicopteros pesados Chinook Ch-47F a la empresa Boeing. Polonia quiere comprar 15 F-36 e invertirá 6000 millones de dólares para comprar 250 tanques Abrams M1A2 SEPv3. España desea adquirir 22 aviones para defender las “Islas Canarias” a un coste de 4000 millones de euros. EEUU ha centralizado los envios para tener el control total de las compras y evitar la competencia en el llamado Comando Europeo en la ciudad de Stuttgart, donde el ejército español envió hace pocas jornadas 600 tm de material militar incluidos camiones. Otros que se enriquecen con esta guerra son la familia del premier turco Erdogan; su yerno Selçuk Bayraktar es el propietario de la empresa que fabrica el dron Bayraktar TB2 que tan mal resultado está dando en el conflcto. Incluso el propio Zelensky ha comentado que esas máquinas no han tenido ningún papel relevante en la guerra.

Se insiste en la culpabilidad de las acciones del ejército ruso en el Donbass, pero son algunos dirigentes políticos europeos y norteamericanos los que se aprestan a cubrirse de oro. Así las acciones bursatiles del fabricante aeroespacial Raytheon Technologies (tanto Blinken como Austin habían trabajado para esa empresa utilizando intermediarios) y otras corporaciones de defensa se dispararon meses antes del inicio de la guerra. Estas empresas tienen representantes que se sientan en reuniones secretas del Pentágono. Su objetivo es incitar a la guerra y, ahora, mantener abierto el conflicto.

A nadie parece preocuparle que gran parte de ese material militar esté siendo revendido. Incluso los “medios” estadounidenses clasifican a Ucrania como un pozo sin fondo a nivel financiero. EEUU, según la CNN, carece de la capacidad para controlar ni seguir los movimientos de las armas que se puedan perder. A nadie le preocupa el hecho de que una vez que Kiev toma posesión del apoyo financiero y de las armas el desvío continúa. Ucrania revende el equipo militar que recibe y que acabará, ineludiblemente, en manos de grupos terroristas en Oriente Medio. A EEUU, que alienta esos grupos, no parece importarle en demasía.

Como decíamos, el futuro de la administración Biden está en juego. Se sabe que el Secretario de Defensa de EEUU, Lloyd Austin, se ha encargado de suminstrar los 5100 misiles anticarro Javelin a Ucrania que fabrica la empresa de la que es accionista. Las revelaciones de The New York Times confirman las filtraciones de hace dos años sobre los negocios ilegales en Ucrania del hijo del presidente. Hunter Biden ha tenido que pedir préstamos cuantiosos para pagar las deudas con el fisco al que había ocultado sus dudosos beneficios. Según las propias fuentes de EEUU, sólo el 10 o 15% del dinero enviado a Afganistán acabó en las manos previstas, lo mismo pasará en Ucrania. La UE por otra parte está enviando dinero sin ninguna base legal (se está saltando el propio tratado de Maastricht de 1992) al brindar apoyo financiero a un estado no-miembro.
España, en el ojo del huracán…

El último informe de Caixabank dibuja un escenario sombrío. Se han disparado del 2 % al 25 % el monto de empresas industriales radicadas en España con problemas para producir por falta de materiales. El sector más afectado es la automoción, donde el 65 % de las compañías han tenido problemas derivados de “los grandes retrasos en el envío de piezas metálicas y la escasez de semiconductores”. La abrupta subida de los precios de la energía profundiza aún más este proceso: la industria auxiliar de la construcción española muestra una caída del 46 % de su resultado económico por el aumento del precio de la electricidad, y la industria del metal, del 45 %.

Es un shock en la oferta. Esta crisis demuestra que el axioma neoliberal de que el gasto público provoca inflación se demuestra falaz. Los problemas que hemos citado (deslocalización, cierre de China y guerra en Ucrania) se ven agravados por la estructura económica del país. La entrada en la UE fue condicionada a que nos convirtiéramos en un país de servicios. El turismo representaba el 12,4% del PIB español antes de la pandemia, pero cayó en enero del 2022 al 5,5% y se espera una contracción aún mayor cuando el incremento del carburante se traslade al precio de los billetes de avión. Además, la obturación creciente de las cadenas de suministro empieza a mostrar lo que puede provocar la crisis ecológica global en ciernes.
Sin visos de acuerdo político

El patriotismo ucraniano tiene sus límites, se queda para los que quieran creérselo. Aunque contraria a la Constitución del país el presidente Zelensky así como su familia (la esposa vive en la Costa Azul francesa) ya han recibido la nacionalidad inglesa (fue una de las exigencias para no abandonar el país). Así mismo se otorgó la nacionalidad al jefe de la oficina del presidente de Ucrania Andriy Yermak y sus familiares, al asesor de Zelensky, Mikhail Podolyak y sus familiares. Empleados del Estado Mayor de Ucrania, policía secreta (SBU)… incluso las élites ucranianas tienen preparados un aeródromo alternativo para ellos y los suyos.

Aunque la propaganda en Occidente quiere autoengañarnos nadie pregunta cómo seguirá luchando Kiev en las próximas semanas.
Fuente: El Viejo Topo


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