Defender a la universidad de San Carlos

Autor: Jairo Alarcón Rodas
La dignidad no marcha por una carretera recta. El camino por recorrer son múltiples caminos que se hacen al andar: caminos, entonces, que resisten definición. Más que una marcha, es un caminar, un andar. Un caminar, pero no simplemente un pasear. La dignidad es siempre un caminar en contra de: en contra de todo lo que niega la dignidad.
John Holloway

La universidad de San Carlos es actualmente reflejo de lo que sucede en nuestra sociedad, con toda su podredumbre, miserias y corrupción. El deterioro ha sido acelerado y ahora, al igual que en el país, se pretende eternizar, dirigida por un pacto de corruptos, los cuales persisten en hacer de la Tricentenaria la guarida de sus perversos intereses y transacciones espurias.

La incidencia de la Universidad de San Carlos en las distintas instancias del Estado, poco ha servido para cambiar el rumbo del país y, por el contrario, solo ha servido para que sea neutralizada por la red de corrupción que, desde hace mucho tiempo, mantiene el control del país. De ahí que la corrupción se haya trasladado a su recinto llevando a personajes oscuros e inescrupulosos como sus máximas autoridades.

De ser forjadora de calidad académica, se ha convertido en laboratorio en donde se incuban toda clase de perversiones y oscuras intenciones. Los ideales se han perdido y, aunque haya remanentes de dignidad, la corrupción se encuentra en todas partes, es agobiante, por lo que es necesario hacer algo. La Tricentenaria ha sido cooptada por las mismas mafias que tienen el control del país y por negligencia, falta de interés, se lo hemos permitido. Les era necesario para su perverso plan, pervertir a la academia y así lo han hecho, por lo que ya es hora de decir ¡basta ya! Con acciones concretas que lo impidan.

El rescate de nuestra universidad es algo que llevará un buen tiempo y que requiere de la participación de todos aquellos que nos identificamos y amamos los ideales de la universidad que nos formó, pero también es parte de la retribución que estamos obligados a legarle a las nuevas generaciones y al país en general, que requiere de un bastión que dé luz y claridad en momentos de oscuridad y también guía para la cultura guatemalteca.

Sin embargo, cuando los intereses personales prevalecen, en este caso, sobre los preclaros ideales universitarios, cualquier acto criminal será utilizado para sus perversos objetivos y su consolidación. De ahí que, orquestadamente, se pretenda imponer a un candidato pasando por encima de una elección honesta que dio por ganador a la planilla S.O.S. USAC que encabeza Jordán Rodas Andrade. Y así como se pretende llevar a cabo un fraude en la elección del rector de la universidad de San Carlos de Guatemala con la imposición de Walter Mazariegos Biolis, de igual forma se avizora que será el fraude en la elección del presidente, alcaldes y diputados en el país.

Defender la universidad del nivel al que la han rebajado inescrupulosos mercaderes de la educación es tarea de todos aquellos que se identifican con los ideales de la universidad de San Carlos, con su glorioso historial y con los mártires que ofrendaron sus vidas en pro, no solo de una universidad digna, comprometida con el pueblo, sino también con la sed de justicia y equidad que ansía este país y que criminalmente se le ha negado. Defender a nuestra alma mater de oscuros personajes, que quieren seguir pisoteando su larga trayectoria histórica, en pro de la academia y de las causas justas que en los actuales momentos parecen vagos recuerdos.

La universidad de San Carlos ha sido socavada desde adentro, pues resulta mejor a sus detractores corromperla desde su interior que ejercer una lucha frontal desde afuera. Y así, como una extensión del Pacto de Corruptos, muchas facultades, unidades académicas, centros regionales han sido cooptados por estos, bajo el criterio pragmático de utilidad, de mezquindad y servilismo. Han sido instrumentalizadas con el fin de neutralizar la incidencia real que pudiera ejercer en favor de la academia y de los sectores más vulnerables de la sociedad guatemalteca que, en el pasado, ostentara la universidad de San Carlos honrosamente.

Ya no es necesario que los detractores oficiosos del sistema orquesten su desestabilización a partir de epítetos descalificadores, diatribas desde el exterior, pues su neutralización ha sido llevada a cabo exitosamente, insertando a personajes inescrupulosos, oportunistas, serviles vasallos del sistema, en los espacios de poder y de decisión, para el desprestigio y vergüenza de la universidad.

La compra de voluntades en la elección de sus autoridades ha sido una práctica común desde hace mucho tiempo y, al igual que en el país, el nepotismo, la corrupción, la ineficiencia se han entronizado, desvirtuando los ideales y el alicaído prestigio de la universidad estatal. Para ser parte de la universidad, ahora lo importante no es la calidad académica, la calidad humana, la eficiencia, la integridad y honorabilidad sino el servilismo, la instrumentalización política, el compadrazgo.

De ahí que se entiendan los resultados en la elección de los cuerpos para elegir al futuro rector de la máxima casa de estudios superiores del país, que sean las facultades de Humanidades por ser los dominios de Walter Mazariegos y las de Derecho e Ingeniería, facultades que fueron socavadas durante la gestión de Murphy Paiz como rector de la universidad, actualmente detenido en Mariscal Zavala, los bastiones del desprestigio y la corrupción en la San Carlos.

Es el momento de decir ya no más y defender a la universidad de tan sombríos y perversos personajes ante el fraude que quieren consolidar y llevar a la universidad por causes inimaginables de corrupción, en complicidad con los gobiernos abyectos de turno. El escenario de fraude, perversión y escarnio es un ensayo de lo que serán las próximas elecciones presidenciales y debería ser una alerta a lo que se avecina para este país.

Ya basta de tanta mezquindad, la lucha por la decencia, por dignificar a nuestra casa de estudios merece nuestra participación en defensa de la querida Tricentenaria universidad de San Carlos.


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