¿Es realmente el fin de la globalización?

Francisco Louça

Larry Fink, director ejecutivo de BlackRock, la agencia de gestión de inversiones más grande del mundo, escribió hace unos días que “la invasión rusa de Ucrania puso fin a la globalización que hemos conocido durante las últimas tres décadas”. Es probable que los tiempos venideros confirmen su conclusión, sobre todo porque se precipitan fracturas irrecuperables, aunque la decisión europea de esta semana, de bloquear el carbón ruso, es una puesta en escena que poco afecta al invasor. En cualquier caso, el nuevo telón político reducirá las relaciones comerciales y diplomáticas, acentuará la brecha entre las economías rusa y occidental y aumentará la estrategia de la tensión. Todavía estamos en el preludio. Incluso si el desastre militar termina con la retirada de las tropas rusas, estos efectos se agravarán. Ninguno de los bandos de la guerra tiene posible una retirada, por lo que la paz se ha convertido en una quimera.

Los efectos de la guerra de Ucrania serán una división planetaria, necesariamente larga, dado que Alemania ahora no puede cortar el suministro de gas ruso y EEUU solo puede reemplazar un tercio de ese flujo para 2030. E incluso si se interrumpiese el gasoducto, como más de la mitad de las exportaciones rusas no tienen como destino Europa y aún sin ellas el país sigue teniendo un superávit comercial, aún en ese escenario de un corte total de las compras europeas de energía Putin tendrá recursos suficientes para sostener su régimen. La guerra continuará de todos modos. La globalización que conocemos se desvanece.

Su fracaso ya había sido revelado por la victoria de Trump y el referéndum del ‘Brexit’ en 2016, procesos que pusieron de manifiesto la ruptura de los dos pilares occidentales de la globalización. Las elecciones estadounidenses fueron cuestionadas, lo que es uno de los signos esenciales de una crisis de liderazgo, mientras que la Unión Europea es incapaz de definir sus reglas presupuestarias o incluso proteger normas de funcionamiento que fueron sus referencias paraconstitucionales. Sumándose a esta tendencia, la guerra secular acelera el fracaso de la globalización, lo que crea un mundo más impredecible.

Sea o no esta la visión de Putin, las sanciones determinan cambios estructurales en el mapa de las potencias mundiales, incluso más que las soluciones de emergencia. Lo que logran es la financiarización, el corazón de la globalización. Es el caso de dos de las principales medidas que se han adoptado desde los primeros días del conflicto: la aceptación por parte de la UE de compartir con las autoridades estadounidenses la tutela legal del sistema Swift (Swift es el «arma nuclear en las finanzas», dijo Le Maire, el ministro de finanzas francés) y la retención de las reservas de Rusia depositadas en Occidente (según el historiador Adam Tooze, «si las reservas de un banco central de un país del G20 confiadas a otro banco central del G20 ya no son sacrosantas, nada lo es ya en el mundo financiero”). En ambos casos, las medidas crean desconfianza sobre el movimiento de capitales y el papel del dólar y el euro. De ahora en adelante, ninguna de estas monedas será un medio de circulación universal, ya que la estrategia de las sanciones es crear dos planetas financieros separados.

La red financiera global se está fragmentando, con el riesgo adicional de bloquear el suministro de energía y alimentos. Habrá dos internet, dos sistemas de pago y comercio, dos economías que chocarán entre sí: como 10 países tienen el 75% de la producción de todos los minerales, las fronteras de estos mundos los cruzarán. Después de la globalización, hemos entrado en el tiempo de la guerra infinita.
Francisco Louça
economista y profesor universitario, es activista del Bloco de Esquerda de Portugal.
Fuente:
https://www.esquerda.net/opiniao/e-mesmo-o-fim-da-globalizacao/80391


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