Usac, al oído de los electores

César Antonio Estrada M.

A estas alturas, las personas que elegirán rector de la Universidad de San Carlos de Guatemala ya han sido electas por sus respectivos sectores (cincuenta estudiantes, cincuenta profesores titulares y setenta profesionales colegiados que no son docentes). La responsabilidad que les ha sido asignada es grande pues de su criterio para elegir depende que la universidad tenga posibilidades de verse con ojos críticos a sí misma, de buscar su camino y empezar a salir de la postración que le impide asumir su papel en la superación y en el bien de Guatemala.

El espíritu de la Ley Orgánica de la Universidad (Decreto 325 del gobierno de Arévalo, del 28 de enero de 1947) en la conformación del Cuerpo Electoral Universitario era que los estudiantes, los profesores y los colegios eligieran a cinco de sus miembros que los representaran para elegir al rector, es decir, se depositaba en ellos la confianza para que, usando su formación y conocimiento, rectitud y buen criterio, y teniendo presentes los altos fines de la Universidad Nacional y los intereses de la Nación buscaran candidatos idóneos y eligieran entre ellos al más indicado.

Con el paso de los años y las vicisitudes históricas del país, lo anterior fue siendo dejado de lado hasta llegar al sistema electoral actual en que alguien, conocedor de las interioridades políticas de la universidad, quiere ser electo rector, se organiza con un grupo de amigos o seguidores, lanza su “candidatura” e inscribe sus planillas de electores para que, una vez electas, voten por él en la designación de rector del Cuerpo Electoral Universitario.

En realidad, como universitarios y ciudadanos guatemaltecos, esperamos que los 170 electores del Cuerpo Electoral Universitario (más el Rector, que, por cierto, cuenta con doble voto), más allá del precandidato al que se adscribieron en las pasadas elecciones de planillas de electores, elijan entre las distintas opciones al universitario más competente, mejor preparado, conocedor de nuestra realidad nacional, con rectitud de intenciones y limpia trayectoria.

Además de sus méritos intelectuales, la idoneidad de un candidato se ve en el plan que tiene para la conducción de la universidad de acuerdo con una visión clara de los cambios fundamentales que esta necesita. Para ello es menester que se conozca cuál es su equipo de trabajo, quiénes lo van a acompañar y con qué criterios en los órganos principales de la Carolina como lo son las Direcciones generales de Docencia, de Investigación, de Extensión y de Administración, entre otros.

Asimismo, en las discusiones que se realicen para decidir a quién se designará como rector debe establecerse su compromiso claro y responsable con las transformaciones básicas que urgen a la universidad, tales como el uso racional y honrado de los fondos que le provee el Estado, la agilización de su aparato administrativo, el cambio de sus órganos y procedimientos electorales, la promoción y realización pronta de una realista, legítima y desembarazada reforma universitaria, todo ello de cara a la superación de la praxis universitaria en sus vitales facetas de la cultura, la ciencia, la educación, la buena política y la proyección social al pueblo de Guatemala.

La oportunidad se ha presentado y ha sido promovida: es cuestión de no dejarla pasar.


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