El conflicto en Ucrania marca el final de una era dominada por el poder occidental

DE LA REVISTA «STRATEGIC CULTURE»

«El viejo orden liderado por Estados Unidos tiene que desaparecer, y desaparecerá precisamente porque ya no es sostenible en lo que respecta al resto de la humanidad«.

El conflicto militar en curso en Ucrania es un acontecimiento de inmensa importancia histórica. Marca una ruptura con el pasado y el comienzo de una nueva realidad geopolítica, que abarcará el progreso en las relaciones internacionales hacia un mayor desarrollo económico, justicia y paz.

El conflicto militar en Ucrania no se trata de un conflicto constreñido sólo a Ucrania y Rusia. No es más que el signo externo de una confrontación mayor entre, por un lado, el orden occidental liderado por Estados Unidos y, por el otro, naciones como Rusia, China y otras que se niegan a aceptar un papel subordinado.

Una señal segura de las grandes dimensiones del conflicto es la forma en que los aliados de EEUU, la OTAN y Europa han desplegado rápidamente una guerra híbrida total contra Rusia, en un intento de destruir la economía de este país. Las afirmaciones occidentales sobre “defender la democracia, la soberanía y el derecho internacional” son fraudulentas. ¿Lo están haciendo entregando armas a un régimen represivo y corrupto cuyo ejército está infestado de batallones nazis?

No, EEUU y sus aliados occidentales no están defendiendo la “democracia”, está usando el conflicto como una oportunidad para abatir a Rusia. El país eslavo trató reiteradamente evitar la guerra haciendo llamados razonables a cumplir los tratados de seguridad con la OTAN. Y no se trata simplemente de aplastar a Rusia. Se trata de aplastar cualquier desafío al orden occidental. Eso implica inevitablemente una confrontación con China (y otros países) que han desafiado el “Consenso de Washington” y se niegan a perder su soberanía política y económica.

La censura draconiana de los medios de comunicación de Rusia y el bloqueo a la economía de Rusia revelan una campaña de odio que las potencias occidentales tenían preparadas. La intervención de Rusia en Ucrania el 24 de febrero, basada en los principios de autodefensa, proporcionó la plataforma de lanzamiento de una hostilidad occidental mal reprimida. Pero esta hostilidad no es simplemente hacia Rusia. Su objetivo es oponerse al surgimiento de un orden mundial multipolar que está más allá del dominio liderado por Estados Unidos. Ese dominio, o hegemonía, se basa en el control estadounidense del sistema financiero global, así como en el poderío militar estadounidense, asistido por sus adjuntos de la OTAN.

Las preocupaciones inmediatas de Rusia sobre Ucrania se basaban en la creciente amenaza que este país vecino representaba por su participación en la OTAN y los inaceptables ataques que el régimen de Kiev estaba infligiendo a la población de habla rusa en la región de Donbass durante los últimos ocho años. Pero al defender esta región que hasta ayer era rusa, la intervención militar también ha desafiado todo el orden occidental hegemonizado por Estados Unidos.

El Ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Sergey Lavrov, dijo a los medios rusos esta semana: “Nuestra operación militar especial tiene como objetivo poner fin a las expansiones sin restricciones y al dominio sin total de los EEUU y otros estados occidentales en la arena internacional”.

Vale la pena reflexionar sobre su razonamiento por qué la duplicidad y la hipocresía de las potencias occidentales se habían vuelto intolerables, y por qué tal arrogancia unipolar estaba, y está, destruyendo el orden internacional.

Lavrov explicó con ironía: “Es posible reconocer la independencia de Kosovo sin un referéndum, pero es imposible reconocer la independencia de Crimea, declarada después de un referéndum, observada por cientos de representantes extranjeros objetivos. Estados Unidos imaginó una amenaza a su seguridad nacional a miles de kilómetros de distancia en Irak, pero cuando bombardearon ese país y no encontraron ninguna arma de “destrucción masiva”, ni siquiera se disculparon. Y cuando justo en nuestras fronteras se financiaba organizaciones paramilitares neonazis y se estaba estableciendo decenas de laboratorios biológicos bajo la supervisión del Pentágono, para desarrollar armas biológicas (los documentos descubiertos no dejan lugar a duda) entonces no se permite a Rusia reaccionar ante esta amenaza, justo en nuestras fronteras, no más allá del océano”.

Lo que Rusia ha hecho con su operación militar en Ucrania en sus propios términos es indicar que el dominio de Estados Unidos y sus aliados occidentales ha terminado.

La era postsoviética de los últimos 30 años ha terminado. Rusia ya no está interesada en integrarse en un orden global centrado en Occidente, como escribe Fyodor Lukyanov en Asuntos Globales, Rusia ahora está eligiendo “otro camino”.

Ese camino significa abrazar por completo un mundo multipolar como lo anuncia la integración económica de Eurasia y la asociación estratégica con China, India y otros. Los enormes recursos naturales de Rusia, principalmente en la esfera de la energía, se orientarán hacia el desarrollo de Eurasia y, al hacerlo, encontrarán una justa recompensa. Son las economías occidentales las que necesitan a Rusia más de lo que Rusia necesita de occidente, como señaló esta semana el presidente Putin.

La transición a un nuevo orden global llevará tiempo e implicará dislocaciones temporales. Por ejemplo, se necesitará tiempo para construir la infraestructura de gasoductos y oleoductos. Pero la trayectoria general es viable y sólida, y ya está en marcha.

La importancia histórica de este cambio tectónico global es evidente. El economista ruso Sergey Glazyev, que ha estado trabajando durante años a título oficial en la Unión Económica Euroasiática (EAEU)ha detallado la evolución e implementación de un nuevo orden financiero global que reemplazará el sistema basado en el dólar estadounidense. Este nuevo orden está siendo desarrollado por Rusia, China y otros importantes países, con el propósito explícito de independizarse del dominio del imperialismo monetario y de la deuda estadounidense y occidental.

Lo que está sucediendo en Ucrania es realmente el final de una era y una época. La guerra y el sufrimiento son abominables. Pero el sistema dominado por Occidente no dejó a Rusia más remedio que usar la fuerza física para defender sus intereses vitales.

Ahora que se ha producido la ruptura, existe la sensación que se ha cruzado el Rubicón. No hay vuelta atrás. La respuesta occidental ha sido contraproducente. Su guerra híbrida contra Rusia está acelerando la desaparición del dominio global estadounidense y occidental. Su abuso politizado del sistema del dólar ha dañado fatalmente este sistema y auspicia una alternativa mejor, más democrática a nivel mundial.

Podría decirse que la escala de tiempo de este proceso global se remonta más allá de las tres décadas postsoviéticas o la era posterior al patrón oro (que terminó en 1971 cuando EEUU lo eliminó para asegurar la supremacía del dólar). Se remonta incluso más allá de las ocho décadas pasadas desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Estamos en el inicio del fin de los últimos 500 años de supremacía de Europa occidental (liderada últimamente por la hegemonía de los Estados Unidos) y su criminal ímpetu por la colonización y las aventuras belicistas.

No hay garantía del resultado. Pero baste decir que el viejo orden liderado por Estados Unidos tiene que desaparecer, y desaparecerá precisamente porque ya no es sostenible en lo que respecta al resto de la humanidad.

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