Estados Unidos aumenta la importación de petróleo de Rusia

EVISTA DE LA FUNDACIÓN “STRATEGIC CULTURE”

Según el informe oficial de la Administración de Energía, el mes recién pasado Estados Unidos aumentó la importación de petróleo ruso. El volumen importado adicional es cercano a un 43 por ciento.

Esto es a pesar de una orden ejecutiva del presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, que prohibió la importación de los productos básicos de energía e hidrocarburos desde Rusia. Esta medida draconiana fue la respuesta a la intervención militar de Rusia en Ucrania.

Es cierto que Estados Unidos no depende del petróleo de Rusia. El país eslavo no se encuentra entre sus cinco principales proveedores, sin embargo, el aumento de las compras de petróleo ruso por parte de los estadounidenses toca las fibras más sensibles de Europa.

Se produce exactamente en el mismo momento que Washington exige a sus aliados europeos que reduzcan el comercio de energía con Rusia. Y no son sólo se les manda hacer esto a los europeos, también se la ha exigido a la India y a otros países asiáticos.

Washington quiere que sus “aliados” cometan un suicidio colectivo al cortar con el comercio con Rusia de una energía vital para cualquier economía. Es un intento por aislar a Moscú y alinear al mundo bajo la hegemonía estadounidense. Esta misma agenda geopolítica la han tratado de imponer a China, con un evidente y público fracaso.

Estados Unidos no dependen del gas y el petróleo ruso, pero muchos otros países sí.

Rusia es uno de los mayores proveedores mundiales de gas, petróleo y productos derivados del petróleo. Sin embargo, mientras Washington exige al resto del mundo que se pegue un tiro en el pie, sus grandes empresas de energía compran gas ruso para protegerse del daño.

Esta semana se demostró el fracaso de esta política injerencista. Biden se vio obligado a decretar la liberación de las reservas estratégicas de petróleo para así reducir el precio de los combustibles.

Es asombroso el nivel de arrogancia de los políticos estadounidenses. Si sus “aliados” se rinden a los dictados de Washington, se produciría rápidamente un cataclismo en todas las economías. Y, en un corto plazo, la economía estadounidense también se vería afectada por el efecto negativo en las cadenas de suministro globales.

La crisis energética mundial y la inflación (o la pobreza en un lenguaje más sencillo) se ha convertido en el problema político central en todo el mundo. La pandemia del Covid-19 es sólo una de las causas que está acelerando la desaparición del capitalismo global liderado por Estados Unidos. Las tensiones entre Occidente y Rusia por el conflicto en Ucrania están amplificando una crisis subyacente que viene a lo menos desde 2008.

La guerra en Ucrania podría haberse evitado si Estados Unidos y sus aliados de la OTAN se hubieran comprometido en solucionar las legitimas preocupaciones de seguridad de Moscú. Pero, las potencias occidentales despreciaron reiteradamente los llamamientos de Rusia un acuerdo diplomático.

En estos días hay señales que las conversaciones entre Ucrania y Rusia podrían estar progresando. Según los medios, la parte ucraniana ha aceptado las demandas de neutralidad, la soberanía histórica de Rusia en Crimea, así como la independencia de las Repúblicas de habla rusa del Donbass.

Este resultado es similar a lo que Rusia había estado exigiendo en los meses previos a que las tensiones se convirtieran en una guerra. El sufrimiento innecesario es una tragedia que podría haberse evitado sí Estados Unidos y la OTAN hubieran tenido una actitud razonable.

Queda por ver, sin embargo, si Washington vetará el progreso de las conversaciones, ya que ha anunciado que seguirá apoyando a Kiev con armas y préstamos financieros. Deberíamos con razón sospechar que la paz no está en la agenda del presidente Biden. De hecho, Estados Unidos necesita conflictos y tensiones permanentes porque, en esencia, esta es la forma que le permite mantener su hegemonía global.

Sin embargo, para el resto del mundo, está quedando claro que se requiere con urgencia un acuerdo en Ucrania y un Tratado de Paz y Seguridad entre Occidente y Rusia.

Es contraproducente que Washington y sus aliados europeos insistan en sanciones contra Rusia, en lugar de terminar con el expansionismo de la OTAN. Esta política belicista está conduciendo a una escalada en los precios que llevará a la economía mundial a una catástrofe que afectará a todas las naciones, en particular a las más pobres y vulnerables.

La arrogancia estadounidense y el servilismo europeo parecen no tener límites.

Las naciones occidentales congelaron los activos extranjeros de Rusia por valor de 300.000 millones de dólares. Ahora, el presidente ruso, Vladimir Putin, ha decretado que todas las futuras compras de gas deben hacerse en rublos en lugar de dólares o euros. Si no se cumplen las demandas de Rusia, se interrumpirán las exportaciones de gas.

Este movimiento de Moscú está justificado. Si las potencias occidentales se sienten con derecho a cambiar unilateralmente los términos de intercambio, ¿por qué Rusia no debería hacerlo?

Es sorprendente que algunos gobiernos europeos parezcan dispuestos a seguir la política estadounidense incluso cuando esa política los está llevando al abismo. Sus repercusiones ya han desatado conflictos sociales. Los ciudadanos de Europa y Estados Unidos son los que soportan la peor parte del aumento del costo de la vida.

La administración Biden se enfrenta a una reacción electoral negativa en las elecciones de este otoño. Pero, la sensación es que las repercusiones políticas son mucho mayores que una reacción puntual en estos comicios de “medio tiempo”.

La política estadounidense de confrontación con Rusia, China y otros países, está recreando una nueva Guerra Fría que en estos tiempos es completamente insostenible. Y aunque el resultado sea la ruina de sus economías y sociedades los gobiernos europeos están de acuerdo con esta ideología autodestructiva por cobardía o falta de comprensión.

Estados Unidos, para mantener su hegemonía, está destruyendo los cimientos de su propio poder. Sus aliados europeos que le siguen en esta locura están precipitando su propia crisis. El desastre económico provocado por las élites políticas occidentales terminará estimulando los estallidos sociales.

La decisión de Rusia de fijar el precio de su gas (y otros productos básicos) en rublos es un paso tangible para alejarse de la era de las monedas de reserva del dólar y el euro. Mientras tanto China, India y otras naciones están comenzando a abrazar un mundo sin el dictado financiero occidental. Está surgiendo un nuevo orden multipolar en el que las potencias occidentales ya no serán la parte privilegiada. Las contradicciones que se derivan de la arrogancia estadounidense y europea finalmente han llegado a un punto de ruptura. Su actitud de, «Haz lo que decimos, no lo que hacemos», es la broma más tonta del último tiempo

Observatorio de la Crisis


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