Geopolítica: la rebelión de los «otros» que no pertenecen a «occidente»?

ALASTAIR CROOKE, DIPLOMÁTICO BRITÁNICO (senior)

Muy de vez en cuando, una anécdota puede resumir casi por completo un momento de la historia: en 2005, Zbig Brzezinski, arquitecto del atolladero que se transformo para la Unión Soviética la guerra de Afganistán, se reunió en Washington con Alexander Dugin, filósofo político ruso y defensor de un renacimiento cultural y geopolítico del ‘corazón de Asia’.

Brzezinski – autor de El gran tablero de ajedrez y devoto del geopolítico Mackinder (“el que controla el corazón de Asia controlará el mundo») había escrito en uno de sus trabajos: “Rusia, sin Ucrania nunca se convertirá en una potencia central, pero Rusia está en condiciones de hacerlo y lo hará”.

Los promotores del encuentro ambientaron la reunión con una foto de un gran tablero de ajedrez para promocionar el libro de Brzezinski. Al ver la foto Dugin le preguntó Brzezinski si él pensaba que el ajedrez era un juego para dos: “No, respondió el Dr. Zbig: es un juego para uno. Una vez que se mueve una pieza de ajedrez; das la vuelta al tablero y mueves las piezas de ajedrez del otro lado”. En resumen, no hay ‘otro’ en este juego”, insistió Brzezinski.

En la respuesta del Dr. Zbig, “un juego de ajedrez con un solo jugador” estaba implícita la doctrina de Mackinder. Era un mensaje de las potencias anglosajonas: Nunca permitiremos que Rusia se transforme en el corazón de Eurasia. (Esto, por supuesto, es lo que está prosperando actualmente).

El lunes pasado, Joe Biden volvió a inspirarse en Brzezinski. En un breve discurso habló sobre la invasión de Rusia a Ucrania y el futuro económico de Estados Unidos:

“Creo que se nos presenta una oportunidad importante para hacer cambios reales. Estamos en un punto de inflexión de la economía y en todo el mundo se esta produciendo un acontecimiento que ocurre cada tres o cuatro generaciones. Como me dijo un alto jefe militar, entre 1900 y 1946 murieron 60 millones de personas en guerras, pero desde entonces logramos instituir el orden mundial liberal. Un terremoto histórico como este no acontecía desde hace mucho tiempo. Mucha gente murió, pero no se llegó ni cerca al caos mundial. Bueno, ahora es precisamente el momento en que las cosas están cambiando de nuevo. Vamos, hacia un nuevo orden mundial; y tenemos que liderarlo nosotros, tenemos que unir al resto del mundo libre para hacerlo”.

Una vez más, no hay ‘otro’ en el tablero. Cuando se realizan los movimientos, el tablero se gira 180º para seguir jugar desde el otro lado.

El punto es que hay “otros”. Otros que ha madurado cuidadosamente un contraataque a la tesis del jugador solitario (unipolar) de Brzezinski. Los principios de este contraataque se explicitaron formalmente en Beijing con la declaración conjunta de Rusia y China: ambas potencias han dicho que NO aceptan que Estados Unidos juegue sin contrincante en el tablero.

La declaración de Beijing representa una cuestión definitoria. En la era que se avecina los rivales realizarán una “apertura” en el tablero de ajedrez, en otras palabras, moverán ficha en la geopolítica mundial. Es un tema tan importante que estos “otros” están dispuestos ir a la guerra si fuera necesario (no ven otra opción).

Un ajedrecista se ha adelantado e insiste en jugar inmediatamente: Rusia. Y el siguiente está listo para participar: China. Otros hacen fila en silencio, están observando cómo se desarrolla el primer enfrentamiento. Por los comentarios de Biden, parece que Estados Unidos seguirá utilizando las sanciones contra los países que discrepan de las ideas de Brzezinski. Rusia es un ejemplo de lo que le espera a cualquier retador que exija un asiento en el juego.

Pero, en este escenario de conflictos geopolíticos, los jugadores occidentales tienen un enfoque equivocado. Su política de sanciones se inspira en una frase de Kissinger: «el que controla el dinero controla el mundo». Esta idea los puede llevar al desastre porque: “siempre quien controla los alimentos, la energía y finalmente el dinero puede controlar el mundo”. Pero Kissinger ignoró las dos primeras condiciones, y solo la última se grabó en la mentalidad de las elites de Washington.

Y aquí está la paradoja: cuando Brzezinski escribió su libro vivíamos una época muy diferente. Hoy, a pesar que Europa y Estados Unidos están alineados políticamente, este “occidente colectivo”, está más solo que nunca del resto del mundo. Al principio la oposición a Rusia parecía de carácter global: Estados Unidos pensaba que la opinión mundial se opondría tan enérgicamente al ataque de Moscú, que China pagaría un alto precio por no subirse al carro anti-Rusia. Pero no es así como están funcionando los porfiados hechos.

Mientras que la retórica estadounidense estigmatiza a Rusia el conocido diplomático indio, Bhadrakumar escribe:

“Muchas capitales ven la guerra como una confrontación entre Estados Unidos y Rusia. Pero, fuera del campo occidental, la comunidad mundial se niega a imponer sanciones contra Rusia o demonizar a ese país. La Declaración de Islamabad emitida el miércoles se negó a respaldar las sanciones contra Rusia (participaron en la reunión los ministros de Relaciones Exteriores de los cincuenta y siete miembros de la Organización de la Conferencia Islámica) Ni un solo país del continente africano o de la región de Asia Occidental, Asia Central, Asia Meridional y Sudoriental han impuesto sanciones contra Rusia”.

Bien, puede haber otro factor en juego en estas decisiones: cuando los estados “del resto del mundo” escuchan frases como “los ucranianos, con su heroísmo, se han ganado el derecho a entrar en nuestro club”. Bueno, estos países que representan a la mayoría de la población mundial piensan que “occidente” sigue teniendo el insoportable tufo del racismo blanco y que Europa esta agarrada a dos manos de una frágil balsa salvavidas”.

La realidad es que las sanciones a las que se refirió Biden en su discurso ya han fracasado. La bolsa de valores de Moscú está abierta; el Rublo está de rebote; su cuenta corriente goza de buena salud y Rusia está vendiendo energía a precios extraordinarios (incluso después del descuento).

En resumen, el comercio con Rusia no se terminará por ningún motivo (son el tipo de libertades que se pueden dar los países exportadores de bienes producidos localmente, es decir, poseer una economía del tipo fortaleza).

La segunda anomalía política de Biden es que, si bien la “doctrina Clausewitz aboga por el desmantelamiento del «entro de gravedad del enemigo, para lograr la victoria», en este caso, paradójicamente, el control de la moneda de reserva global está siendo desmantelada por las propias potencias occidentales

En algún ataque inexplicable de masoquismo, Estados Unidos y Europa al negarse a comerciar en otras monedas sólo producirá más inflación y una grave contracción económica,

Como señala Ambrose Evans-Pritchard en The Telegraph: “Lo que está claro es que la política de sanciones occidentales es lo peor de todos los mundos. Estamos sufriendo un shock energético que está abultando los ingresos de Rusia… Existe un temor generalizado de un levantamiento tipo “chalecos amarillos” en toda Europa, la sospecha justificada es que la gente no tolerará el impacto en el costo de vida una vez que los horrores de Ucrania pierden la “novedad” en las pantallas de televisión”.

Probablemente, debamos atribuir este comportamiento paradójico a la obsesión de Kissinger con el poder del dinero y su olvido de otros factores importantes.

A estas alturas el conflicto en Ucrania ha provocado que en los pasillos del poder de algunas capitales europeas se haya colado un creciente malestar por el rumbo que está tomando el conflicto de Ucrania: la OTAN no intervendrá; no implementará una zona de exclusión aérea; y ha ignorado deliberadamente la petición de Zelensky de equipo militar adicional.

Esta actitud reflejaría un gesto de Occidente para evitar una guerra nuclear. La realidad es otra: el desarrollo de las nuevas armas rusas puede llegar a transformar la los equilibrios geopolíticos en un santiamén (la destrucción de búnkeres con el misil hipersónico Kinzhal ha demostrado que, en general, la OTAN no puede derrotar militarmente a Rusia.

Parece que el Pentágono ha entendido el “mensaje Kinzhal” y ha decidido plantar cara a la guerra que promueve irresponsablemente el Departamento de Estado.

En los últimos días el Ministro de Defensa de EEUU ha comenzado a “corregir la narrativa” oficial de la Casa Blanca.

Comparemos estas dos narrativas “oficiales”:

“El vocero del Departamento de Estado señaló el lunes que Estados Unidos está disuadiendo a Zelensky de hacer concesiones a Rusia a cambio de un alto el fuego. El portavoz “dejó muy claro que está abierto a una solución diplomática que no comprometa los principios fundamentales. Cuando se pidió que explicara su opinión, Price dijo que la guerra es “más grande” que el enfrentamiento entre Rusia y Ucrania. El punto clave es que hay principios que están en juego, estos principios tienen aplicabilidad universal”. Price dijo que Putin violaba estos principios fundamentales.

En una abierta batalla para evitar una confrontación con Rusia, el Pentágono respondió con “dos bombas noticiosas”

Según la revista Newsweek un analista de la Agencia de Inteligencia de Defensa (DIA) del Pentágono le dijo a ese medio: “El corazón de Kiev apenas ha sido tocado. Casi todos los ataques de largo alcance se han dirigido a objetivos militares. Necesitamos entender la conducta real de Rusia. Si nos convencemos que Rusia está bombardeando indiscriminadamente, entonces no estamos viendo la verdad, la realidad de como marcha el conflicto”.

La segunda “bomba noticiosa” del Pentágono está destinada a socavar directamente la advertencia de Biden sobre un ataque químico de bandera falsa. Reuters informa: “Según un alto funcionario del Ministerio de Defensa, los Estados Unidos no tiene ninguna indicación concreta de un inminente ataque ruso con armas químicas o biológicas en Ucrania, pero está monitoreando de cerca esta información de inteligencia”.

Mientras tanto Biden se posiciona diciendo ‘Putin es un criminal de guerra’, a continuación, dice que la OTAN no irá a la guerra contra Rusia. Pero, una vez más, un alto funcionario del Departamento de Estado declara: “Esperamos que este sea final del régimen de Putin. Todo el tiempo que Putin se quede en el poder, Rusia será un estado paria. Nunca será bienvenido de nuevo a la comunidad de naciones. China ha cometido un gran error al pensar que Putin se saldrá con la suya”.

Así están las cosas: Occidente debe prolongar la carnicería en Ucrania mientras su elite política observa impávida cómo los “heroicos ucranianos desangran a Rusia”; hay que hacer lo suficiente para sostener el conflicto, proporcionando algunas armas, pero no las suficientes para escalarlo; y para compensar a la opinión pública hay que mostrar a los ucranianos como héroes que luchan por la democracia.

El punto es que no está funcionando como quiere Estados Unidos. Putin puede sorprender a todos si decide salir de Ucrania cuando se complete la operación militar. (Cuando Putin habla de Ucrania, por cierto, descarta la parte occidental añadida por Stalin).

Tampoco está funcionando con el “otro” en el juego del tablero: China. Blinken dijo en justificación de las nuevas sanciones impuestas a China: “Estamos comprometidos con la defensa de los derechos humanos en todo el mundo y continuaremos utilizando todas las medidas diplomáticas y económicas para exigir rendición de cuentas”.

Impusieron sanciones a China por no querer maltratar a Putin. Sin embargo, el lenguaje de rendición de cuentas utilizado solo puede entenderse como una expresión de una cultura que se supone hegemónica. Basta presentar algún aspecto de la cultura china como “políticamente incorrecto” para que Occidente justifique a su antojo un expediente sancionador.

El problema es siempre el mismo: Occidente se niega a aceptar a ‘otros’ en el tablero de ajedrez. ¿Qué puede hacer el gigante chino ante semejante tontería?

En sus discursos Biden anticipa “un nuevo orden mundial”; esta sugiriendo que se avecina un gran reinicio.

Pero tal vez este ‘reset’ será un orden diferente a lo esperado por esperado por Estados Unidos, el nuevo orden probablemente devolverá muchas cosas a lo que hasta hace poco estaba funcionado en nuestra historia. La política y la geopolítica se siguen metamorfosean en nuestro devenir.

Observatorio de la Crisis


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