Una oportunidad para cambiar el rumbo de nuestra universidad

Autor: Jairo Alarcón Rodas
“De la mano del dinero, los hombres de negocios se hicieron del control potencial de la Academia”
Edward Chase Kirkland

Es difícil escribir sobre la cooptación de la universidad sin utilizar adjetivos que califiquen de forma negativa el indeseable papel de sus autoridades, así como evidenciar públicamente los errores que se han cometido, que podrían solventarse en forma privada, sin embargo, no ha sido posible, han prevalecido los intereses espurios, las transacciones indeseables y las actitudes antidemocráticas.

La universidad de San Carlos tristemente ha pasado de ser el baluarte de los sectores populares, con plena identificación de las causas justas y rectora de la educación superior en el país, a convertirse en cómplice y comparsa de gobiernos corruptos de turno. Constituyendo un lugar de operaciones de sectores oportunistas y politiqueros oscuros, cuyo interés se centra en la ambición y el poder. La misión de promover la investigación en todas las esferas del saber humano y cooperar al estudio y solución de los problemas nacionales ha quedado casi en olvido, con dignas y contadas excepciones.

Y qué decir de su visión como la única universidad pública del país en la que, a pesar de su autonomía, sus máximas autoridades la han comprometido y puesto en entredicho, plegándose servilmente a los designios del sistema corrupto guatemalteco. Las páginas doradas escritas en el pasado, por sus más fieles y dignos representantes, están quedando en el olvido, así como la excelencia académica, proyección social e incidencia en el país.

Resulta paradójico también su visión democrática, cuando realmente no lo es, ni se estima que lo sea. Entre las características de una democracia, está que todos sus miembros tengan el derecho de elegir, en plena libertad, a sus autoridades y cuando las Escuelas no Facultativas y los Centros Regionales no tienen ese derecho, es que la democracia está ausente y, desde luego, algo está muy mal y debe corregirse.

Y así, formar profesionales con principios éticos y excelencia académica debería ser su carta de presentación, reflejándose en el comportamiento de sus egresados dentro de los distintos lugares en donde tienen incidencia, pero desgraciadamente en muchos casos, no ha sido así. ¿Sabrán ese tipo de deshonestos egresados lo que es la ética y lo que representan las acciones humanas dentro del contexto social? El peligro inminente es que tristemente la normalización de la corrupción se está entronizando en la tricentenaria universidad de San Carlos.

Y es que la ética es una disciplina que permanece ausente del pénsum de estudios de la mayoría de las unidades académicas de la universidad, por lo que el compromiso social, en muchos casos, ha quedado en el olvido. Cada vez más, la excelencia académica es sustituida por el oportunismo, lo cual denigra a los más de trescientos años que la respaldan.

A pesar de ello, existen muchos egresados de la universidad de San Carlos que, con hidalguía, realizan sus funciones en los distintos campos del saber, con calidad y honestidad, comprometidos con la sociedad guatemalteca. Sin embargo, el deterioro, en cuanto a la integridad y calidad en la formación de sus egresados, está en peligro y es necesario reparar en ello.

Al igual que en el país, la compra de voluntades se constituye en una práctica cotidiana en la universidad y actualmente, ser parte del sector docente, con las honorables excepciones, por ejemplo, tiene como requisito la complicidad, la docilidad y el servilismo. Hacer lo que se les pida, con fines espurios, es la forma más rápida de lograr una plaza. Con ello, la función esencial de la universidad, la práctica de la excelencia académica se descarta y los que resultan ganadores son el pervertidor y el pervertido.

La cadena de favores perversos constituye la fórmula que une a los dirigentes corruptos con electores igualmente deshonestos. Estudiantes acarreados, profesionales comprados, intereses personales, transacciones oscuras se anteponen al pleno ejercicio de la academia y es el denominador común de un sistema que premia al indeseable y castiga la integridad.
Ser el reflejo de una sociedad en crisis constituye, en estos momentos, la situación en la que se encuentra nuestra universidad, por lo que se debe ir a su rescate. Conscientes que todo cambio es difícil, máxime en la universidad y recordando lo dicho por Ortega y Gasset, que hacer cambios en una universidad es como remover cementerios, obliga a comenzar el cambio.

Grupos de la universidad comprometidos con el recientemente denominado Pacto de Corruptos, enquistados desde hace un buen tiempo en esferas de poder, responsables del deterioro y oscuro panorama de la máxima casa de estudios universitarios del país, no pueden ser la solución a los problemas que la aquejan ya que ellos son el problema. De ahí que sea necesario su pronto relevo del ejercicio de poder a través de la vía electoral.

Por el contrario, personas que han demostrado su independencia, que no se han plegado al Pacto de Corruptos y que se han identificado con las causas justas, a pesar de la persecución que han sufrido, son las que requiere la dirigencia universitaria. Es por lo que el Procurador de los Derechos Humanos resulta ser la persona idónea para comenzar el rescate de la universidad, que siendo esta del pueblo, ha sido vendida, progresivamente por sus autoridades, desde hace 28 años.

El llamado es claro, al voto consciente, honesto y reflexivo, el país lo demanda. Por lo que, a la nueva convocatoria para elegir al nuevo rector, en los distintos cuerpos electorales que se encuentran en disputa, es imperioso hacer un atento llamado al voto consciente, pues comprometer nuevamente a la universidad de San Carlos es condenarla a 4 años más de corrupción, inoperancia y complicidad; representa continuar con el rumbo siniestro que hasta el momento sigue la USAC, en detrimento de la academia, de la investigación y la extensión, así como del ineludible compromiso con la sociedad guatemalteca.

Librar a la universidad de la corrupción, de la indiferencia, ineficiencia y la inmoralidad es un deber no solo legal, sino también ético, de todo miembro consciente y consecuente de la comunidad Sancarlista. En donde estudiantes, docente, personal administrativo y de servicio, comprometidos con la academia y el bienestar de la sociedad, están obligados a participar en su rescate.

La tricentenaria universidad de San Carlos pide a gritos un “SOS” y tenemos la obligación de responder a su llamado, emitiendo o reiterando nuestro voto el día asignado para las votaciones. Votar por la planilla que en cabeza Jordán Rodas Andrade, representa la ocasión que nuestra universidad estaba esperando, no desaprovechemos esa oportunidad.


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