Elecciones en la Usac: ¿algo de aritmética??

Elecciones en la Usac: ¿algo de aritmética?

César Antonio Estrada Mendizábal
Las ciencias particulares tienen sus propios objetos de estudio y su característico ámbito de validez. Por eso, cuando salimos de su campo y queremos extender sus resultados, es necesario ser precavidos. No obstante, viendo cómo es la política electoral en nuestro medio, en particular en la Universidad de San Carlos, podríamos proponer una especie de “aritmética electoral” entre los gastos de campaña y las bondades e idoneidad de los candidatos.

La cuestión vendría a ser así: el afán de un candidato por ganar las elecciones y asumir el puesto en disputa (en este caso, la rectoría de la Usac), indicado por el dinero gastado en la campaña electoral, es inversamente proporcional (en el sentido aritmético) a su idoneidad y a la conveniencia institucional o nacional de que llegue al poder. Es decir, si un candidato X gasta el doble que Y, este segundo será dos veces más apto o conveniente que el primero. Es una aproximación, claro, y puede tener sus excepciones pues así como podría haber algún aspirante idóneo, nada egoísta, con buenas intenciones y mucho dinero que estuviera dispuesto a desvelarse por la colectividad y, de esta manera, no le importara emplear su peculio en montar una ostentosa campaña que le asegurara ser electo, también, al contrario, puede ocurrir que alguien decida lanzarse al ruedo político -quién sabe por qué- sin gastar casi nada pero también sin las cualidades necesarias para el cargo al que se aspira.

Lo anterior nos puede dar pistas que nos orienten a la hora de votar pues podemos, con razón, sospechar de quienes se afanan mucho por ser elegidos invirtiendo tanto dinero y esfuerzo: ¿tan grande es su desprendimiento y su deseo por servir a los demás o tendrán otros intereses que no se puedan hacer públicos? Si lo pensamos un poco, nos daremos cuenta de que hay grupos o entidades para los que cuesta encontrar quién se quiera encargar de su dirección y de las responsabilidades consiguientes pues sólo se adquieren compromisos y nada de beneficio personal. Un ejemplo sería el comité de vecinos de un condominio o la asociación de padres de familia de un plantel educativo. Entonces, ¿cómo explicar una propaganda tan extensa y costosa?, ¿no será que los candidatos que así proceden buscan principalmente satisfacer su vanidad y sus intereses personales o sectarios y que una vez electos sean indiferentes a la comunidad que los eligió? Como contraste que demuestra la posibilidad de buenos líderes que anteponen el interés colectivo, recuerdo haber leído la narración de un veterano de la revolución mexicana según la cual el joven Emiliano Zapata en sus inicios aceptó con renuencia la dirección de su grupo insurgente cuando sus compañeros se lo propusieron ante la pérdida del jefe anterior.

En fin, habría mucho que decir. Tanto en las elecciones nacionales como en las de la Usac acaso convenga tener en cuenta, entonces, este curioso enunciado aritmético: los gastos de campaña y el afán por ganar el favor de los votantes son inversamente proporcionales a la idoneidad y a las bondades de los candidatos.


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