Otros dirigen nuestras vidas

Autor: Jairo Alarcón Rodas
Con una hábil manipulación de la prensa, pueden hacer que la víctima parezca un criminal y el criminal, la víctima.
Malcom X
Qué tan cierto es que cada individuo es dueño de su destino o será que son otros, los que dirigen sus vidas. Los seres humanos siguen pautas de comportamiento, inicialmente gregarias, propias de los homínidos en las que se puede encontrar su origen, formas primigenias de asociación que, con el correr del tiempo, se fueron consolidando y afinando a partir de la comunicación.

De ahí que, de la asociación humana, constituida en clanes, fratrías, tribus, se dio paso a formas más complejas en las que actualmente vive la humanidad y de las que, a pesar de las diferencias culturales entre un grupo y otro, mantienen similitudes esenciales que las hacen ser lo que son, sociedades humanas con intereses comunes. De la primitiva sociedad, denominada por Konrad Lorenz multitud anónima, que se establece para la conservación de la especie, se llegó a las sociedades establecidas bajo principios de solidaridad, amor y fraternidad.

Charles Darwin planteaba que la vida y sus distintas formas son producto de la evolución y, en consecuencia, los seres humanos como seres vivos, desde sus ancestros más primitivos y al ser parte del reino animal, han sufrido un largo proceso de cambios tanto morfológicos como actitudinales que los llevó a consolidarse en lo que son. Como consecuencia, a su naturaleza animal, propiamente instintiva, se le agregó un significativo desarrollo intelectivo. Fue así como los humanos, en palabras de Henri Bergson, escogieron la vía de la inteligencia, mientras que las demás especies se desarrollaron dentro del instinto.

Sin embargo, el instinto es parte de la naturaleza humana, que surge y se retrae según sean las necesidades, inquietudes y deseos de cada individuo. Konrad Lorenz, uno de los más importantes etólogos, en sus bastas investigaciones, ha mostrado los rasgos comunes que comparten los seres humanos con las demás especies de animales, es decir, el comportamiento animal en los seres humanos que tiene un sustancial componente biológico.

El instinto, que en la especie humana se une a las emociones, sentimientos, pasiones, voliciones y a la racionalidad, lo convierte en un ser sumamente complejo, que no solo interpreta y acciona a partir de juicios racionales, sino también lo hace a través de sus instintos, sentimientos e impulsos programados. A pesar de que conocer la realidad es un acto de racionalidad, que conlleva el criterio de verdad, cada persona, grupo, sector piensa muchas veces que está conociendo, pero en realidad simplemente emite una opinión sobre lo que ve.

La función cerebral en los seres humanos es diferente a la de cualquier otro animal, sea de grado o sustancialmente y, al serlo, determina la adquisición de conciencia que permite la elaboración de pensamientos, capacidad de convertir lo concreto en abstracto a través de las ideas. No obstante, las ideas, juicios y pensamientos que construye el intelecto, pueden estar equivocados con respecto a la realidad y es ahí donde hay que reparar por qué sucede eso.

En la década de los 60, el neurocientífico Paul Mc Lean propuso el cerebro triúnico, que consiste en que el cerebro humano está constituido, en realidad, por tres cerebros, el complejo reptiliano, el sistema límbico y el neocórtex. En el cual el reptiliano constituye el más básico y antiguo, se encarga de cuestiones automáticas y de alerta. El Límbico que es donde reside la capacidad de sentir emociones y el neocórtex que se encarga del lenguaje, pensamiento, pensamiento abstracto, cognición. Como resultado de ello, el pensamiento y el comportamiento humano constituyen un reto, no solo como sujeto del conocimiento sino como objeto de este, para su comprensión.

A pesar de que es a través del cerebro llamado neocórtex en donde surge el pensamiento abstracto, que es el que posibilita el conocimiento de la realidad, tanto el cerebro límbico como el reptiliano interfieren en ese proceso, determinando los equívocos que se comenten al juzgar los hechos. La objetividad, que debería tener todo juicio sobre las cosas, se pierde cuando en vez de conocer se emite una opinión subjetiva y se ve lo que quiere verse en las cosas atendiendo a aspectos emotivos.

Apropiarse de la voluntad de las personas ha sido, desde hace mucho tiempo, el interés de aquellos que ostentan el poder y que lo hacen a partir de construir una imagen del mundo de acuerdo con sus intereses. De ahí que, por medio del control de los aparatos ideológicos, tamizan y direccionan la información que consideran conveniente. Con ello, determinan qué es lo que se debe tomar por correcto y qué es lo negativo, lo normal y lo anormal, lo falso y verdadero.

Al estudiar y descubrir las flaquezas humanas, por ejemplo, la mercadotecnia y la publicidad pretenden tomar el control de la voluntad de sus grupos objetivos y apelando no a la razón sino a las emociones, exaltan lo conveniente y, a la vez, distorsionan u ocultan todo lo que esté en contra de sus intereses. En forma similar, los estrategas del control del sistema, los sofistas del presente, toman posesión silenciosamente de las mentes frágiles para mantenerlas dentro de su radio de dominación a partir de la propaganda.

Tanto el ministro de propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels como Noam Chomsky, desde perspectivas e interese distintos, han planteado determinado número de estrategias para la manipulación y toma de control de nuestras vidas, que sin duda se han puesto en marcha en la actualidad con quizás mecanismos más sofisticados. Coincidiendo ambos en la imprescindible necesidad de mantener en la ignorancia a la población que requiera ser manipulada y el uso indiscriminado de la mentira, la lectura del mundo se convierte en un claroscuro de verdad y engaño como lo señalaba Karel Kosik.
Escenarios ficticios son implantados en la mente de las personas, a manera que se acepte como válido lo que al sistema le interesa. Información falsa, mentiras que se convierten en verdades para que las personas, desarmadas de criterio o ideologizadas por su condición de clase, las acepten como certezas incuestionables.

Refiriéndose al control que imponen y ejercen las grandes corporaciones industriales y capitales financieros, Noam Chomsky dice, Durante el siglo XX, la literatura sobre la industria de la comunicación pública nos proporciona una rica e instructiva serie de instrucciones sobre cómo implementar el «nuevo espíritu de la época» mediante la creación de necesidades, o bien a través de «regir la opinión pública del mismo modo que un ejército rige los cuerpos de sus soldados», e induciendo a una «filosofía de la futilidad» y a una carencia de objetivos en la vida, concentrando la atención humana en «las cosas más superficiales, las referidas en gran parte al consumo de moda»

La alienación campante en el mundo no solo afecta a países en vías de desarrollo, sino también a sociedades del llamado primer mundo. Y es que los intereses sectarios están esparcidos por el orbe y, aunque parezca extraño, muchos no se han dado cuenta de ello. Y cuando hay interés de por medio y se tiene poder, prevalece la enajenación sobre el entendimiento. Anteponer intereses a la verdad alejan de no solo tomar el control de la naturaleza, y con ello la posibilidad de asumir la condición de humanos, sino también el control de sí mismos.

Con ese grado de adoctrinamiento y adormecimiento de las mentes se han construido sociedades y aquellos que se han formado y han crecido con determinado tipo de pensamiento desdeñan la posibilidad de adquirir uno nuevo que los acerque a la objetividad de los hechos. Así, las personas creen lo que quieren creer y nada más, lo que da lugar a lo que se denomina el “sesgo de confirmación”.

El sesgo de confirmación consiste en la tendencia a buscar, considerar, consumir y recordar sólo la información que concuerda con la que hemos recibido anteriormente. En este caso, con las creencias que nos han inculcado y que se asumen por verdaderas sin su verificación. El ser humano es moldeado de acuerdo con patrones de conducta impuestos desde la cultura, se aprende desde ahí a lo que se va a ser, pudiendo existir una reconversión a partir de la enseñanza liberadora la cual somete a juicios críticos cualquier patrón o compendio de preceptos culturales preestablecidos.

El escenario de lo que está ocurriendo entre Rusia y Ucrania ejemplifica el hecho de que la gente cree lo que quiere creer o le hacen creer sin constatar ni verificar la información que circula por los medios. Imágenes de bombardeos se asumen que son parte del ataque ruso a la población ucraniana y cuando se analiza con mayor detenimiento, se descubre que corresponden a otro tiempo y a otra circunstancia, lo mismo podría decirse de los ataques reales a población civil que podrían ser ocultados por la contraparte.

Así, se habla y se discute, se toma partido sin tener el conocimiento ni la información suficiente sobre el conflicto entre Rusia y Ucrania, pues ya se tiene un juicio preconcebido de quién es el agresor y la víctima de ese suceso. En este caso, el sesgo de confirmación solo refuerza los prejuicios que se tienen sobre aquel que no es de nuestra simpatía.
Sin embargo, las personas con pensamiento unidireccional se niegan a aceptar los argumentos que exijan verificación de los hechos, pues aceptan por válido solo la información que confirme las creencias o hipótesis que forman parte segura de su particular sistema de ideas, desechando a su vez toda aquella que vaya en contra del criterio establecido.

Siendo así, hasta cuando se es dueño de lo que se piensa, si adormecidos, dentro de una caverna o conectados a una Matrix o bajo efectos de sofisticados mecanismos de alienación, otros determinan lo que se debe pensar, triste y peligrosa condición humana.


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