Ventanillas indígenas y corrupción de líderes mayas. (parte III)

“Los intentos de cooptación se han multiplicado, pero sin éxito”

Uno de los temas que más dificultad presentan en el análisis sociológico, antropológico o político, es el de la representatividad de un pueblo, una etnia o una cultura, y para el caso que me ocupa, de los pueblos indígenas. Es por ello que los pequeños grupos que se adjudican ésta, no pasan de ser vistos como oportunistas o arribistas, pero representantes de los pueblos indígenas no. En el caso guatemalteco quienes gozan de representatividad, demostrada en múltiples ocasiones, son las alcaldías indígenas de vatios departamentos. Acaso una de las más emblemáticas sea la de los 48 cantones de Totonicapán. Y ello debido a que, durante muchos años, decenas de caños hay que decir, han ejercido el liderazgo en sus comunidades y ahora se proyectan a nivel nacional.

Lo mismo ocurre hoy con la alcaldía indígena de Sololá que es una clara expresión de las formas de ejercer el servicio comunitario en ese municipio. Es evidente que hay dificultades y problemas en uno y otro caso. Pero es innegable que, en los casos señalados, las formas de resistencia que se expresan son muy importantes. Los intentos de cooptación por el poder central se han multiplicado, pero no hay tenido éxito. Y quizás valga la pena señalar que supuestos líderes indígenas se han ofrecido de mediadores, facilitadores, operadores, para ese fin, pero todos han obtenido fracasos claros.
De forma similar las autoridades ixiles, que, con mucho esfuerzo, han recuperado el saber y ejercicio de sus funciones anclados en lo ancestral. Lo mismo que la alcaldía de Santa Cruz del Quiché. Pero más allá de ello lo que existe son proyectos, propuestas, algunas experiencias dignas de ser analizadas. En este sentido, el Parlamento Xinca es una de esas experiencias, así como el parlamento de los pueblos de Huehuetenango.

Huelga decir que las ventanillas que menciono en las anteriores entregas, no han tenido mayor incidencia en las alcaldías indígenas. No es que haya habido fricciones, sino que una especie de pacto tácito de no interferir en las actividades de las partes. Lo que en verdad existe son dos formas de ejercicio del poder o si se prefiere, de ejercer el liderazgo y de cumplir con las actividades comunitarias por servicio, no por salario. En eso estriba la diferencia más visible entre dos prácticas y dos legitimidades.

Las ventanillas pueden tener legalidad, pero no mayor legitimidad. Mientras que las alcaldías indígenas tienen legitimidad y se les regatea su legalidad por parte del poder central. Es la gran contradicción en que vive la sociedad guatemalteca. Mientras que los líderes autonombrados, son los indígenas permitidos al servicio del poder central de fuerte acento colonial.


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