La era digital y la vivienda

Omar Marroquín Pacheco

La era digital ha supuesto una revolución en la vida de millones de personas, la tecnología utilizada transversalmente ha generado inclusión social, diversidad y sentimiento de comunidad.

Se abordará el tema de la vivienda colaborativa, entendiéndose como un proceso participativo, mucho más extendido de las fases de proyecto y construcción, yendo más hacia la gestión y uso de los espacios públicos, que gracias a las tecnologías digitales, favorece su sostenibilidad social.

Recién iniciada la era digital, el calentamiento global o pasada la crisis económica, se despierta la conciencia en relación a ofrecer soluciones sostenibles en todas las escalas.

La llegada del Internet, como una gran red de conexión, permitió la economía colaborativa, impulsando las plataformas digitales como un medio de contacto con personas para realizar intercambios de servicios, bienes o conocimientos.

Uno de los problemas evidenciados es que la vivienda colaborativa a medida que avanza esta nueva era,algunos modelos han dejado de serla, causando efectos negativos en las ciudades. El marcado desarrollo de la tecnología en la sociedad con un enfoque top-down (“El análisis top-down, que significa de arriba hacia abajo, es una modalidad muy usada en el análisis fundamental y lo que hace es analizar el contexto económico global para la toma de decisiones de inversión”), lo que aumenta el individualismo, la exclusividad y la movilidad, esto afectando la cohesión social, la identidad, el sentido de pertenencia y en algunos casos la sensación de bienestar y de calidad de vida.

Un ejemplo es Airbnb, que nació bajo la filosofía BnB (Bed and Breakfast), con un fin puramente colaborativo, en donde una familia ofrecía una habitación al viajero, pero al eliminarse la relación directa entre el anfitrión y el huésped, se transformó en un servicio turístico, que opera como un negocio especulativo.

Existe también la plataforma coliving, una red privada de servicios compartidos que, operando por empresas digitales, funciona como un gran Airbnb, densificado dirigido a turistas y nómadas digitales.

Por esta situación muchos centros turísticos están experimentando “ procesos de renovación de viejos centros urbanos mediante transformaciones materiales (edilicias) e inmateriales (económicas, sociales y culturales) conducidas por agentes privados y/o públicos, provocando la subida del valor de las propiedades” lo que se conoce como gentrificación y esto provoca el desplazamiento de personas que viven

en estás áreas hacia las periferias, dado que se encarece mucho el vivir en estos sectores.

Por una parte se reduce la oferta de vivienda y se encarece la misma hablando del alquiler, ya que la renta sube al realizar alquileres altos de corta duración, pero no todo es negativo, ya que existe espacios verdaderamente colaborativos como bottom-up, como una herramienta que promueve una mayor participación de los usuarios en la gestión y uso de los espacios, o en la optimización de los recursos de todo tipo.

Este tipo de plataformas generan sinergias, que mejoran las relaciones entre los habitantes, lo que reduce la soledad y la exclusión social.

En la actualidad la reunificación de las esferas domésticas, laboral y social gracias a la tecnología digital, han convertido a la vivienda colaborativa en un escenario estimulante.

Es decir con un modelo cohousing, propone mantener la colaboración por medio de procesos participativos de manera permanente, que nos conduce a una comunidad más cohesionada.

La reprogramación de las salas comunes en oficinas, salas de juegos, aulas u otras e incluso gimnasio, por procesos participativos abiertos permiten consolidar abiertos que permitan consolidar la comunidad.

Con un sistema abierto, lo que configura el final no es destino, lo que da que la vida evolucione de una manera determinada, sino el proceso mismo.


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