Cuestión de oportunidades

Autor: Jairo Alarcón Rodas
Cuando los intereses personales pesan más que la transformación y valores humanos, el resultado es una lucha encarnizada por lograr privilegios y oportunidades. No es cuestión de tener pensamiento de izquierda o de derecha, de ser de avanzada o retrógrados, ser académicos o insulso, honestos o corruptos, es más bien, el alcanzar el poder para someter y mantener el control sobre los demás y, desde esa posición, satisfacer sus propios intereses y sentirse dominadores.

Pretender una oportunidad no es algo anómalo, las sociedades estables, lo logran a partir de propiciar las oportunidades de desarrollo para todos sus miembros, pues eso es lo que busca toda persona para realizarse, obtener un objetivo, mostrar sus habilidades, adquirir bienestar. Sin embargo, las oportunidades pueden tener un impacto negativo hacia los demás, dependiendo de las aspiraciones o deseos de quien la busque. Así, por ejemplo, para un truhan o delincuente, tener una oportunidad significa el camino directo para robar, delinquir, transgredir las normas.

Los delincuentes también aspiran a tener una oportunidad y es así como políticos corruptos al lograr accesar al poder para consolidarse, requieren de una mente perversa, de lugartenientes y vasallos que cumplan a cabalidad sus aviesos designios. Eso sucede a menudo en países como este, en donde las condiciones materiales de vida para sus habitantes son precarias, en donde la miseria y la ignorancia están presentes y los valores humanos permanecen ausentes.

De ahí que, en entidades públicas y privadas de Guatemala, muchas veces las oportunidades que logran obtener ese tipo de siniestros personajes, se convierten en pesadillas para los demás y en el caso de la universidad de San Carlos, con sus distintas unidades académicas, Facultades, Escuelas y Centros Regionales es un fenómeno presente que debe ser extirpado totalmente.

Reflejo de las condiciones del país, la universidad también está en franco deterioro y quizás se deba, entre otras cosas, a la serie de oportunistas que han llegado a dirigirla. Pensar en el bien de la universidad, en elevar el nivel académico, en la investigación y extensión resulta risible para estos personajes, pues a lo que aspiran es a tomar el control y a llevar a la mayor cantidad de seguidores para perpetuarse en el poder. Una oportunidad para llegar a otras instancias del país.

Este tipo de individuos no quieren personas con capacidad, sino sujetos fieles a sus designios, esclavos de sus deseos, no importando que, circunstancialmente, hayan estado en la oposición, oposición a sus intereses claro está. Lo esencial para ellos es que les sirvan a sus planes y se conviertan en medios efectivos para sus objetivos. Los instrumentalizados, aquellos que hacen lo que se les pida, sin reparar si lo que se les pide hacer es honesto, tales individuos constituyen pieza esencial para los planes de los que se ven a sí mismos como mesías.

Como buenos demagogos, cuando no están en el ejercicio del poder, vociferan consignas en favor de elevar el nivel de la academia, crear un ambiente digno para alumnos, docentes, personal administrativo y de servicio, de luchar por la dignificar la universidad. Cuando obtienen el poder, la cosa cambia y resulta ser su gestión administrativa igual o peor a la que tanto criticaban, pues solo esperaban una oportunidad para hacer lo mismo de lo mismo, pero eso sí, logrando el mayor provecho personal y, desde luego, consolidarse en el poder.

Toda persona que se constituya en crítica de su gestión, a sus espurios propósitos es considerada su enemigo y los amigos son aquellos que sean serviles a su causa, los que no molestan, los que con su apoyo o silencio se convierten en artífices, cómplices de su oscura gestión y los consideran sus colaboradores pues, para ellos, la amistad es un concepto sumamente abstracto, que está fuera de sus valores pragmáticos, egoístas y perversos.

Exaltan sus magros logros, aquellos que son cuantificables, pero la calidad permanece ausente en ellos. Su gestión la basan en el control, en la disciplina en todo aquello que es medible y esta es una forma de someter. Decía Foucault, la disciplina es una forma de ejercer el control. Así pues, pone límites y reglas y ahoga el libre albedrío y la creatividad de los seres humanos. Por aparte, practican el culto a la personalidad, exigiendo fidelidad a través del miedo y la coacción.
Se podrán tener diferencias en cuanto a convicciones e ideas, pero ello no debe socavar lo humano que se posee, pasar las diferencias al plano personal constituye un error que evidencia la poca calidad humana de los que incurren en tal criterio. Sin embargo, para los que tienen en la mira el poder solo hay dos tipos de personas, las útiles a sus deseos y los enemigos. Para ellos el criterio consiste en premiar a todos aquellos que les son útiles y perjudicar a los que consideran sus opositores.

Los intereses perversos se nutren o más bien, son posibles a casusa de los mercenarios y los apáticos. Los mercenarios constituyen el tipo de personajes que se acomodan a cualquier situación, algunos por necesidad, otros por cuestión de oportunidad, en ambos casos la dignidad no representa valor alguno para ellos. Los apáticos son los que no se involucran y dejan pasar cualquier acción perversa, acomodados, si algo no les afecta directamente permanecerán en silencio, no alzarán la voz de reclamo.

De ahí que sean los intereses personales los que dan origen a la discordia dentro de la convivencia social y, con ello, que la perversión humana prevalezca sobre las personas honestas, dando paso a que estos se disipen dentro de sus frustraciones existenciales. Sin embargo, revelarse ante actos perversos es cuestión de honestidad.

El sistema capitalista permite que sean las personas deshonestas, corruptas, arribistas, lambisconas, para las que la integridad y dignidad no tiene valor alguno, las que sobresalgan, triunfen y sean premiadas. En tal sentido, oportunidad significa, en este sistema, lograr el éxito a través de hacer riqueza, acumular bienes y privilegios sin importar cómo se obtengan. Para ello se requiere de personas egoístas, sin escrúpulos, deshumanizadas.

Lograr espacios que les permitan una oportunidad para hacerse con el poder es lo que buscan esas personas y grupos afines y, para lograrlo, utilizan las mismas estrategias y argucias que criticaron en sus opositores. Se dicen ser los mejores, los más trabajadores, honestos y probos, al mejor estilo del fascismo cuando declaran que son los mejores porque ellos lo dicen. La justicia y la democracia cede su lugar al despotismo, al autoritarismo y al control.

Tener una oportunidad puede significar un escenario factible para realizar objetivos honestos, pero también todo lo contrario, puede ser el escenario y momento propicio para mostrar las más bajas intenciones. Las oportunidades para los delincuentes no deberían existir, no se debe permitir que obtengan el control de las cosas. Ello se logra a través de evitar la vulnerabilidad y el riesgo, fomentando una cultura democrática. En el caso de la elección de las autoridades, no se debe permitir que personajes, políticos y funcionarios perversos accedan al poder, siendo más cautos y reflexivos en la elección, lo cual significa contar con integridad y criterio para hacerlo.

La oportunidad de elegir a un rector capaz en la universidad de San Carlos al igual que un presidente digno para este país pareciera que está fuera del alcance, no obstante, hay que trazar la ruta para lograrlo.


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