La investigación única vía en contra del engaño

Autor: Jairo Alarcón Rodas
En una era cada vez más saturada de información, pero también de noticias falsas, es el criterio humano el que debe prevalecer para distinguir lo real de lo ficticio. Aceleradamente, la información fluye y está al alcance de muchos, pero cada vez son más las personas que no leen, que no verifican, no investigan y no se cercioran si lo que circula es verdad o engaño. Y por aparte, caen presa de distractores, buscan evasores para continuar su existencia, muchos de los cuales les han sido inculcados y fomentados intencionalmente con el fin de mantenerlos al margen de una realidad, de una realidad social, cada vez más injusta y desigual.

El desarrollo acelerado de la tecnología, la proliferación de necesidades artificiales en un sistema que vive del consumo y de la explotación humana, juntamente con individuos cada vez más pragmáticos, acríticos y ajenos a lo que representa existir en sociedad, está creando una nueva caverna, como la que planteó Platón hace más de 2,000 años, solo que ahora es la caverna de la enajenación cibernética, en la cual serán prisioneros.

Las mentiras circulan por las redes desorientando a aquellos que, desarmados de criterio, aceptan como válido lo que se les presenta por las redes sociales, por el Internet. Información tendenciosa está más al alcance de muchos creando una red de mentiras y de engaños que beneficia a los que mantienen el control del sistema. Mentiras que tienen la intencionalidad de desorientar, alienar y manipular.

Ahora se habla del metaverso que constituye un entorno en donde las personas interactúan social y económicamente como avatares, a través de un soporte lógico en un ciberespacio. Es decir, un universo virtual de tres dimensiones en el cual los seres humanos pueden perder el contacto con lo real a partir de la realidad aumentada y espacios virtuales que tienen como objetivo presentar contenido de la forma más natural posible, integrando a la perfección imágenes, sonidos e incluso sentimientos simulados.

Louis Rosenberg, precursor de la realidad aumentada, alerta sobre el lado oscuro del metaverso indicando que nuestro entorno se llenará de personas, lugares, objetos y actividades que en realidad no existen y, sin embargo, nos parecerán profundamente auténticos, cree que desconectarse de la nueva multiplicidad virtual no será una opción, de tal forma que la realidad podría desaparecer por completo, pues los límites con lo ficticio serían imperceptibles.

Dentro de una realidad simulada, las personas no distinguirán lo real de lo artificial ya que será manipulado el sentido de la realidad, reforzando las diferencias que ya dividen y confrontan a los individuos, imbuyéndolos cada vez más en su espacio particular que los aleje de la realidad colectiva. Será como estar conectados a una nueva Matrix en la cual muchos la considerarán su realidad sin serlo.

Ante eso, únicamente el buen juicio y criterio podrá establecer la diferencia entre la realidad y la simulada. El criterio se construye a través de una adecuada estructuración del pensamiento que incluye juicios lógicos, experiencias, razonamientos y conocimiento. Sin embargo, acostumbrados a sacar conjeturas a partir de apreciaciones sensibles o simplemente a través de suposiciones, en donde las relaciones entre antecedente y consecuente son psicológicas en vez de lógicas, la mente emite juicios falaces y acepta opiniones sin verificar su validación y veracidad, lo que conduce al error.

El criterio permite establecer las pautas o principios a partir de los cuales se distingue una cosa de la otra como, por ejemplo, lo verdadero de lo falso, lo correcto de lo incorrecto, lo que tiene sentido de lo quimérico. Así, el criterio se asocia a la facultad racional del ser humano para tomar decisiones y realizar juicios correctos.

La construcción adecuada del pensamiento es posible y con ello los criterios de validez y verdad, dado que la realidad tiene un orden, es decir que bajo determinadas condiciones de un hecho o enunciado le sigue otro, lo cual no sería posible si la realidad fuera caótica. De ese substrato surge las interpretaciones, los axiomas, las leyes, teorías, conjeturas e hipótesis sobre la naturaleza, que le permite a los seres humanos comprender y actuar en el mundo y hasta cierto punto prever los acontecimientos. Siendo la realidad todo aquello que es posible y es factible de ser conocido, lo irreal constituye lo que queda al margen de esa posibilidad.

El conocimiento no es un acto arbitrario que presente una lectura de la realidad de acuerdo con particulares criterios subjetivos. Éste surge a través del encuentro sensible con las cosas y se da en el momento en el que se abstrae fielmente la información que éstas reflejan.

Con la serie de constantes que se manifiestan en la realidad, el ser humano ha construido todo un cuerpo de leyes que le posibilitan adelantarse a los hechos y penetrar en la estructura misma de las cosas. Con la capacidad de abstraer la realidad concreta y convertirla en simbólica se puede accionar con aciertos, pero también con equívocos según sea la calidad del proceso cognitivo que se efectúe. De ahí se sigue que si el proceso tiene errores los resultados serán desastrosos dado que se conoce para accionar.

Conocer la realidad, distinguiendo lo certero de lo incierto, requiere de un substrato teórico que ordene el caudal de la información recibida por los sentidos producto de los hechos. Y como diría el filósofo Francis Bacon, “Ipsa scientia potestas est”, el conocimiento es poder. Conocimiento que se inicia con la duda y prosigue con la investigación.

El ser humano no solo tiene la capacidad de razonar sino de igual forma siente, tiene emociones, pasiones que le permiten disfrutar una existencia social. No obstante, cuando una persona actúa atendiendo exclusivamente a las emociones y no a la razón, regularmente se equivoca, pierde la dimensión de la realidad, la objetividad de las cosas. Es por lo que las herramientas persuasivas, como las que utiliza la publicidad, se enfocan en la parte emotiva de sus grupos objetivos para instalar marcas de los productos que promocionan.

Sin dejar por un lado la parte emocional que caracteriza a los seres humanos, es necesario entender que, para la comprensión de la realidad, su descripción, a partir de la comunicación, es la razón la que adquiere relevancia, pero no aquella que simplemente tiene que ver con medios y fines sino la que se eleva sobre la instrumental y guía la conducta humana para un accionar adecuado en sociedad.

El ser que examina lo que ha visto se convierte en investigador de los distintos criterios que se esgrimen sobre los hechos y no admite como valedero cualquier información sino la contrasta, la verifica antes de aceptar o rechazar tales juicios. De ahí que asumir el papel que largos años de evolución ha investido a los humanos como seres racionales, despertando con ello el juicio crítico, se convierte en una obligación de la especie. Lo cual constituye una lucha franca en contra de un sistema que aliena, desinforma e idiotiza para mantenerse vigente y con ello la serie de desigualdades en el mundo.


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