Una oportunidad para este país

Autor: Jairo Alarcón Rodas
Un país en donde sus habitantes se niegan a ponerse una vacuna porque no es aceptada por los Estados Unidos, a pesar de estar comprobada su eficiencia, bajo el pretexto de que les va a impedir viajar a esa nación; un país en donde la voz del pastor tiene más valor que lo evidente, en donde gobiernos corruptos tienen vía libre para hacer lo que se les plazca, en donde la insensibilidad a la miseria humana se oculta tras preceptos ideológicos, un país que elige cada 4 años al peor candidato como presidente, un país en esas condiciones habla muy mal de sus habitantes y sin duda desnuda a través de sus indicadores lo mal que está la sociedad.

Y así, hay analfabetos funcionales, los cuales se caracterizan por ser incapaces de utilizar el aprendizaje de lectura, escritura y razonamiento de forma eficiente en las situaciones cotidianas de la vida en sociedad y se evidencia en el tipo de profesionales, algunos que acumulan conocimiento exclusivamente para el hacer y coleccionan títulos, pero que lamentablemente no saben cómo usar la información que han adquirido ni construir pensamientos ordenados para el beneficio propio y común.

Para estos personajes lo más importante no es el aprendizaje adquirido sino los títulos adquiridos pues eso es lo que les da notoriedad, prestigio, aunque continúen careciendo del criterio básico para responder ante las crisis sociales, ante las injusticias, arbitrariedades, en fin, para vivir dignamente en sociedad; se les olvida que es a través de su ejercicio profesional y humano lo que resalta y da valor al grado académico que han adquirido. Con esa actitud se constituyen en piezas del engranaje del sistema y acomodados en esa trinchera, no alcanzan a ver más allá de sus intereses personales.

De ahí que obtener acreditación académica no da sabiduría ni tampoco inteligencia, para ello se requiere un poco más que constancia, disciplina, dedicación y dinero. La inteligencia como herramienta para resolver problemas requiere no solo la acumulación de información sino el criterio para su uso correcto, en el momento y circunstancia precisa y eso cada vez está más ausente no solo en Guatemala sino en el mundo.

En Guatemala, en donde la educación es deficiente, pues lo importante para los gobiernos de turno al servicio de la oligarquía es continuar manteniendo en la ignorancia a la población fomentando creencias religiosas, mitos, distractores con el fin de perpetuarse en el poder para continuar con sus privilegios.

Con estos criterios pedagógicos, el sistema aliena a la población, contando para ello con la educación institucionalizada, tanto a nivel primario, secundario, como superior. Y es que al sistema no le interesa formar criterio, es decir, que la educación liberadora, problematizadora, reflexiva convierta a los educandos en sujetos activos, capaces de cuestionar cualquier orientación preprogramada, dentro de los procesos de enseñanza. Por el contrario, los cosifican, situando a los estudiantes en un horizonte de medios y fines donde la ética no tiene cabida.

De ahí que es común que sea la educación domesticadora, la que obliga a reproducir contenidos, la que prevalezca. En ésta se enseña a obtener resultados sin contemplar la calidad de los medios, pues ello constituye la llave del éxito. Cumpliendo formalmente con la máxima del pragmatismo utilitario que consiste en sacar el máximo beneficio con el mínimo esfuerzo.
El vivir dentro de determinados esquemas culturales, el aprenderlos y ser parte de estos, acomoda a los individuos y los hace ser poco receptivos a nuevos planteamientos y formas de ver las cosas. Así, las personas se aferran a sus creencias y les atemoriza pensar que pueden estar equivocados, convirtiendo esa actitud en una barrera para el entendimiento y la búsqueda del conocimiento.

Por el contrario, si se pretende arropar a la educación con un atavío transformador y liberador, cualquier concesión de ese tipo constituye un inconveniente para una sociedad que pretenda salir de la ignorancia y democratizarse. La educación debe formar criterios, debe crear fortalezas pertinentes en el campo de la investigación y constituir factor de cambio para el desarrollo de los pueblos.

Es importante señalar que el pensamiento crítico se alimenta de conocimiento y éste no debe construirse al margen de la realidad, se debe construir a partir del referente que provee la naturaleza y los fenómenos que se suscitan en esta. Hilvanar ideas y criterios a partir de verdades establecidas por la ciencia debería ser el camino por seguir dentro de todo proceso educativo, sin dejar al margen a la imaginación.

Pensar que es imposible hallar verdades objetivas desanima la búsqueda de la verdad, lo que a su vez empobrece a la cultura, señalaba Mario Bunge. Sin duda la crítica del filósofo argentino va dirigida al constructivismo radical que se aleja de la objetividad de las cosas y del criterio de verdad utilizado por la ciencia e incentiva los criterios mágico-religiosos.

Guatemala está sumida desde hace mucho tiempo en una profunda crisis que por momentos desamina seguir luchando por construir una sociedad justa, sin embargo, pese a tan oscuro presente, este país merece una oportunidad de cambiar, que propicie una revolución del pensamiento y de valores en sus habitantes que termine con tan larga pesadilla de oscuridad y terror.


telegram

Comparte, si te gusto