Ver el futuro con alianzas

Miguel Ángel Sandoval
“no es la ´primera vez que ocurren procesos semejantes en Centroamérica”
Hace unos cuantos días hice una pequeña provocación en fb, que presenté a modo de propuesta, con el deseo de muchas gentes: que winaq, semilla, urng, mlp, como motor inicial, dedicaran esfuerzos a la construcción de una amplia alianza, sin excluir otras fuerzas políticas y sociales, de cara al próximo evento electoral. Ello con la idea de que las fuerzas sumadas, podrían ganar las elecciones y hacer gobierno. Para el acuerdo básico, se les proponía un ejemplo: el programa de Libre en Honduras que debe impulsar la electa presidenta Xiomara Castro. Es importante señalar que hay en curso diferentes esfuerzos en esa dirección a favorecer alianzas, aunque sin plantear claro el llamado a los grupos políticos como en este caso.

Esto a sabiendas que dicho programa le ocasiona calambres a no pocos analistas y expertos de lo que ocurre y deja de ocurrir en la política regional. No es casual que se hable del gobierno de Xiomara, únicamente como chavista, y participe de eso que se llama el socialismo del siglo XXI (alimentando en fantasma del comunismo o lo que es lo mismo, el enemigo interno) y que antes de discutir sobre el desastre del gobierno actual, se pretenda hacer una especie de política del avestruz y pensar en el fantasma del chavismo como el enemigo a vencer, sin darse cuenta que los enemigos a derrotar como aquí, son la corrupción gubernamental, la impunidad, la miseria en todos sus componentes, el desempleo, la migración, el narcotráfico, etc.

Los principales temas, estructurales o solo coyunturales, que se plantean en Guatemala se encuentran en la propuesta hondureña. Quizás algo más, quizás algo menos, pero de manera general, es un programa que con un par de modificaciones se podría plantear en nuestro país. No sería la primera vez que se hace algo de manera simultánea, ni es la ´primera vez que ocurren procesos semejantes en la región centroamericana. No se trata de copiar o de imitar, se trata de entender que estructuralmente somos tan parecidos que hay temas que en verdad son intercambiables.

Solo veamos la historia reciente. La crisis de los años cuarenta del siglo pasado dio como resultado gobiernos más o menos democráticos, no solo en Guatemala y Honduras, sino en toda Centroamérica. Con alguna excepción que nunca falta. El Mercomun fue un proyecto conjunto. Otros cien pesos es su desarrollo, sus resultados, pero hubo y hay temas comunes; solo un demente puede negarlo. Más cerca, ya en los primeros años del siglo XXI el TLC nos unió en todo lo que no nos gusta, y la unidad centroamericana que no termina de ponerse en pie, pero hay reglas comunes, etc.

Y para ponerle la tapa al pomo, hay la idea que la corrupción, la impunidad o el narcotráfico, son sistémicos en uno y otro país y ahora se plantea en Honduras una Cicig hondureña. Hay muchos más ejemplos. Basta recordar que, en términos de movilizaciones sociales, lo ocurrido en 2015 en Guatemala fue inspirador para Honduras. Por ello el programa de Libre favorecido con un porcentaje de mayoría absoluta con participación record, aparece como mandado a hacer para nosotros.
El llamado a una alianza con los grupos indicados, sin excluir a nadie, generó un interesante debate en redes sociales. Pero, siempre hay uno, resulta que en mucho de lo planteado se hizo referencia a la imposibilidad de una alianza por la presencia de demasiados intereses particulares en cada uno de los grupos. Junto a las deformaciones hegemonistas, oportunistas o de otra clase se señaló incluso, que en una alianza se iba a perder curules por el método o sistema utilizado para la asignación de éstas. En verdad es el más espurio de los argumentos.

Las dificultades para una amplia alianza son evidentes, pero sus resultados indican que con alianzas se puede avanzar mucho y ganar las elecciones. Y hablo de elecciones porque nadie está pensando en insurrecciones. Vemos el claro ejemplo hondureño, pero también está el peruano, y antes fue en Uruguay y en Chile ahora en desarrollo. No creo que estemos condenados a tener gobiernos como los últimos. Ni a tener fuerzas políticas y sociales semejantes que no sean capaces de unir esfuerzos en un propósito compartido. Merecemos como país una oportunidad. Quizás los únicos que no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra eran aquellos condenados a cien años de soledad, como en la famosa novela de García Márquez.

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