El zar Vlady Putin coquetea con el premier Narendra Modi, de India, y enfurece a Biden

Alfredo Jalife-Rahme
Llamó la atención que la visita del zar Vlady Putin a India a reunirse con el premier Narendra Modi se haya escenificado un día previo a su cumbre virtual con Biden –sobre el candente contencioso de Ucrania– a la que concurrirá muy fortalecido.

Parece que fracasó el BRICS: aquel bloque geoeconómico de Brasil/Rusia/India/China/Sudáfrica cuando hoy Putin intenta resucitar el concepto geoestratégico RIC –Rusia/India/China– elaborado por el ex premier ruso Yevgeny Primakov (https://bit.ly/3rQSw6S), en plena caída libre de la ex URSS, al que es adicta la diplomacia rusa hoy a cargo de Sergei Lavrov, mientras el eje anglosajón de EU/Gran Bretaña, más Australia, pretende contener el ascenso irresistible de China mediante su AUKUS que hasta busca(ba) acoplarse al sinófobo T-MEC (https://bit.ly/3p0BDUp).

El ideal del AUKUS, para que sea fácticamente persuasivo, es acoplarse al concepto aún muy etéreo del QUAD: «cuadrilátero» de EU/Japón/Australia/India, curiosamente diseñado por Trump para detener, más que contener, a China.

Hindustan Times (7/12/21), cercano a Modi, expone que la «cooperación militar, durante mucho tiempo pilar primordial de la asociación estratégica de India y Rusia, fue parte prominente de la cumbre», donde brilló intensamente la «conectividad» del Corredor Comercial Internacional Norte Sur y el otro Corredor Marítimo Chennai/Vladivostok” en pleno océano Índico. A propósito, no pasó desapercibido en Hong Kong y China que Putin haya calificado a India de “superpotencia (https://bit.ly/3yfX3kR)”.

El titular del Wall Street Journal (WSJ) lo dice todo: “Rusia e India consolidan lazos militares pese a presión de EU: procede la entrega de un sistema misilístico ruso a pesar de las amenazas de sanciones de EU (https://on.wsj.com/31FhQBL)”. Sucede que la cooperación bilateral en materia de defensa salió muy fortalecida entre Rusia e India, al tiempo que Nueva Delhi asentaba su vocación independentista y soberanista. WSJ cita la «preocupación» del canciller Lavrov sobre el pacto de seguridad AUKUS de EU y GB, y su explosivo aserto de que India «se ha distanciado claramente (sic)» de este último, mientras participa en el QUAD.

Según sus funcionarios, India mantiene una «relación privilegiada tanto con Moscú como con Washington». Lo real es que prevalecen la cosmogonía y la religión hindú de Modi de corte politeísta que difícilmente sucumbe al inviable maniqueísmo teológico de Biden.

El portal Sputnik dio mucho vuelo, en el marco de la cumbre 21 de Rusia e India, a la transcendental visita de Putin a Nueva Delhi, con peculiar énfasis en la cooperación aeroespacial (https://bit.ly/31GFbTF). Moscú y Nueva Delhi firmaron un acuerdo intergubernamental sobre un «programa de cooperación técnico-militar de 2021 a 2030», además de la multifactorial colaboración –política, estratégica, económica, energética, agrícola, humanitaria, cultural, securitaria, científica y tecnológica– en concordancia con la cosmogonía multipolar de ambos países.

India y Rusia desean incrementar su comercio bilateral a 30 mil millones de dólares en 2025, también vislumbran una profunda colaboración nuclear, en ciberseguridad y aeroespacial, a grado tal que cuatro cosmonautas de India cumplen satisfactoriamente su entrenamiento en el célebre Centro Yuri Gagarin. En medio del reacomodamiento geoestratégico en el subcontinente indio, estalló la furia relativamente contenida de Biden contra China a unos días de su cumbre maniquea sobre la ilusa «democracia global».

Biden decidió un boicot «diplomático» a los juegos olímpicos de invierno de Pekín 2022 –bajo el hiperbólico cuento chino agringado de violación a los «derechos humanos» en Hong Kong y Xinjiang–, sin prohibir la participación de los atletas estadunidenses (https://wapo.st/3EMFfQN). Hasta donde se sabe, Putin asistirá muy complacido a los Juegos Olímpicos de Inverno de Pekín, donde será agasajado mejor que nunca. A fortiori, tras su visita triunfal a India.

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